Los partidos y las elecciones de 2019

Miguel Ángel Sandoval

No sé muy bien cuales pueden ser las ofertas políticas para el 2019, pero de algo sí estoy seguro: para entonces cualquier fórmula que se presente debería tener, por lo menos, una hoja de servicios clara sobre la lucha contra la impunidad. Por ello las formaciones políticas, con viejo discurso y sobre todo, prácticas viejas, no tienen ninguna opción para el próximo evento electoral. Como es fácil comprender, partidos como el FCN no tienen ninguna opción, de igual manera, grupos como el MR o uno denominado Fuerza, no tienen posibilidades.

Es lo mismo para la colección de tránsfugas y oportunistas que andan del tingo al tango. Sería impensable que puedan tener algún desempeño electoral interesante. Si todavía hoy, los tránsfugas tienen algún espacio en los medios o en el ámbito del Congreso, para 2019 la tendencia es que no tengan ninguna opción y sean derrotados. Un error como el de 2015 no puede volver a producirse.

Me refiero a la idea de que un “no-político” podría traer algún cambio al sistema político que demanda no una cara nueva sino un proyecto diferente. Pero en este caso, hace falta decir lo que muchos callan: la idea de que en esas condiciones no queríamos elecciones no tuvo frutos, y la gente voto más que en 2011. Los datos son irrefutables. Que votó de forma equivocada es algo que igualmente no se puede ocultar. De igual manera, quienes participamos electoralmente en 2015 no tuvimos la capacidad de descifrar el momento político y las condiciones nuevas. Se mantuvo un discurso, programático es cierto, con los temas estructurales que hacen falta reformar, pero alejado de las preocupaciones más inmediatas de la gente.

Ahora, de cara al 2019, con los viejos partidos diezmados o cancelados, la mesa esta puesta para proyectos nuevos o si se prefiere, para proyectos que tengan una clara ejecutoria de lucha contra la corrupción y la impunidad, que no vacilen en dar esa pelea que hoy es estratégica para nuestro país. Y que además, sean capaces de presentar una renovación en el discurso y en el liderazgo, en las formas y los usos políticos y con un claro planteamiento ético.

Los pueblos indígenas tienen que ser actores en ese proyecto y de la misma manera, la paridad como concepto de igualdad debe estar presente. La lucha por la diversidad sexual tiene un lugar destacado en un nuevo proyecto. Temas considerados tabú no pueden faltar en las ofertas políticas. Hablo del derecho al aborto, la educación sexual desde las escuelas, la liberación del consumo de la mariguana, la necesidad de un Estado laico, entre otros. La idea de fondo es que Guatemala no puede vivir de espaldas al mundo y prisionera de la finca ideológica en que vivimos…

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