El Desvarío Populista

Iván Castillo Méndez

Las guerras, por necesidad, se estructuran jerárquicamente. Durante ese tipo de procesos, arriba se analiza con la mayor disposición de información y se orientan los procesos; a ello le siguen estructuralmente ‘cuadros’ que deben tener un nivel de criterio si bien les corresponde reproducir con toda fidelidad el formato organizativo específico, en diálogo pero transmitiendo informaciones y criterios; ello a la parte más importante y nutrida del cuerpo, quien es la que fundamentalmente entra en contacto y vinculación con la población. La información, la comunicación y las decisiones deben funcionar en ambos sentidos de todo lo anterior.

En una transición estratégica, como la ocurrida aquí, la publicidad de los miembros de la estructura ocurre de manera progresiva en un sentido totalmente inverso a lo que previamente se preservaba mediante la compartimentación de información y la secretividad a fin de proteger los procesos. Empieza por los más altos dirigentes, le siguen algunos miembros de dirección, luego los cuadros, los cuerpos generales, etc.

Cuando las guerras se terminan y se alcanza la Paz, quien puede y debe tomar el protagonismo es el Pueblo. La labor de los otrora niveles, en un imperativo moral y político consecuente, se debe volcar a ello y dicho propósito se realiza con distintos grados de eficiencia, aún en el marco de las diversas concepciones estratégicas para el cambio revolucionario sin armas que conlleva esta etapa.

Dicho debate, por cierto, que pudiera adivinarse al final concurrente en la práctica, sobre todo para algunas de sus expresiones (máxime las derivadas, en parte de nuestro pasado general). Para el caso de los partidos, por ejemplo, ha implicado la fórmula de Congresos, en los que pudimos participar en un par de sus primeras experiencias en la reflexión y sistematización. La última resolución de URNG fue extrema en denegar la pertinencia revolucionaria de otras concepciones no partidarias, pero es de los deslices que si bien parecieran para pegar el grito en el cielo, no se corresponden de manera histórica, ni conceptual ni de práctica real en términos de nada sustancial para lo que nos interesa de los caminos comunes.

Con el tiempo comprendimos que el limitado voto de la izquierda partidaria no radica en el voluntarismo derivado de una lectura formal y subjetiva en cuanto a la calidad de conducción en tales ámbitos, de manera prioritaria, sino en el carácter del sistema político real guatemalteco que es esencialmente clientelar; de lo cual se abstrae, por ética la izquierda partidaria, como debe de ser. A partir de acá, una ruta específica les corresponderá.

Lo último marca, asimismo, el legítimo rechazo donde lo hubiera habido de expresiones partidarias tradicionales grandes, si bien salpicadas de izquierda, pero indubitablemente implicadas en ese tipo de prácticas ‘pragmáticas’. Así como el que resulte preferible un escenario político disímbolo si acaso el actor político dormido osara despertar (y no me refiero al Presidente como en la discusión del Presupuesto 2016).

Al intelectual per se no hay que ubicarlo a priori en ningún estanco previo, porque no hemos sido ejércitos regulares donde exista el concepto de ‘asimilados’. En algunas expresiones no alcanzaba un título específico de carácter militar, pero realizaba servicios desde la dirigencia misma hasta el contacto de población como tal, fuera por su colaboración, respeto o parte misma de la convivencia y el respeto.

Pero también, qué es un intelectual? En sentido amplio, todos aquellos y aquellas quienes pensamos de manera reflexiva en la interpretación y posibilidades de un campo usualmente específico, en diálogo abierto con interlocuciones no necesariamente concordantes, siempre en la lógica de hacer avanzar procesos que nos interesan en términos comunes.

Para este servidor, no constituye un problema el que existan tres visiones de ruta para el cambio: la partidaria, la de masas y la asamblearia de autogobierno (última a la que me adscribo y que hemos venido abordando la última década, sin que implique solamente el escenario de pueblos indígenas).

De alguna manera, sí constituye un problema que la intermedia, de ‘masas’ por llamarle de algún modo, sí haya colisionado con posibilidades extraordinarias como ocurriera en el caso de la masacre del Km 169, cuando el pueblo de Totonicapán estuvo a punto de tomar en su indignación por un conjunto de hechos, la Alcaldía Municipal: una compañera luchadora, que tampoco correspondería calificar como ‘del alboroto’, agitó instando a recuperar el valor de volver a salir esa noche de velación a tomar la carretera, disolviendo el momentum en el rezo de los cuerpos y sus flores.

Perspectiva general ésta, bastante disminuida, a resultas del gremialismo de extremos por momentos intolerables –por decir lo menos- derivado de los pactos colectivos. No obstante, sin alusión a los previos específicos, un derecho popular a defenderse (si bien la cuestión estriba en el de qué o en el qué se hace y logra). Ello implicando el asunto del para qué bloquear carreteras, cruceros, en que de la ruralidad o urbanidades se inventan ‘plazas de ruta’ en vez de plazas propias y espacios públicos en la retoma adecuada del concepto.

En este marco previo de consideraciones, se nos dibujan algunos campos de reflexión, sin pretensión académica, pero sí derecho intelectual amplio para la interlocución de Ruta, como decíamos, que quisiéramos referir y plantear opinión:

a) El tema general de CICIG y la coyuntura actual;
b) El señalamiento hacia Estados Unidos en cuanto a CICIG, soberanista o ‘antimperialista’;
c) La perspectiva de Mario Roberto Morales;
d) El objetivo de Asamblea Constituyente en los casos de CPO y CODECA.

Lo anterior, bajo un título que nos parece pertinente (El Desvarío Populista), sin que aluda a nadie ni ninguna de las expresiones previas, sino una modalidad de pensamiento y actuación política que nos corresponde abordar de manera crítica.

El Desvarío Populista II
Para Comprender a CICIG y la Coyuntura Actual

No viene al caso que tras 36 años de guerra, iniciados apenas seis después del Golpe de Estado de 1954, se nos haya ido la vida –casi la mitad de un periodo similar- en asistir irritados a la palmaria negativa de que en Guatemala pueda haber cambios sustanciales para enderezar el funcionamiento del Estado hacia una auténtica democracia de base y la justicia social; pero sí el que ello fuera en aras de ver realizado lo convenido y suscrito en base a coincidencia de interpretación y ruta como Acuerdos de Paz.

Las dos cosas son importantes, la Paz no constituía en ningún sentido el dejar de luchar por cambios revolucionarios, sólo el no hacerlo por la vía de las armas: la lucha por los derechos es socialmente innegociable, sin llegar a discutir otros planos. Pero sí es importante la cuestión de los Acuerdos de Paz, que se volvieron tediosos, cupulares, técnicos, coptables, sectorizados y, traicioneramente de cara al pueblo, desechados por títeres gobernantes y el poder real.

De ninguna manera porque de ello se derive una legitimación para volver a tomar las armas como vía para realizarlos. De poderse, se podría, pero un planteamiento político muy claro en esa transición establecía algo así como que tan criminal era no hacer la guerra cuando se le habían cerrado todo los espacios a nuestro pueblo para hacer los cambios, como el mantenerla cuando había otras formas de luchar efectivamente para esos propósitos.

A un par de años de la Paz, si mucho, uno de los más altos dirigentes me confiaba su percepción de que pasaríamos unos 20 años para que las cosas fueran pintando diferente, planteamiento no público por desmovilizador, pero cierto: hasta el pensamiento y la praxis han cuajado, en lo que a nosotros corresponde y las contradicciones del sistema y hacia la sociedad están maduras, por no decir pudriéndose.

Hacia los años 1999 y 2000, nos dimos cuenta de que había estructuras represivas funcionando que apenas se medían en su ataque sistemático a quienes se nos denominó en el lenguaje de Naciones Unidas, ‘defensores de derechos humanos’ –en la lógica de que luchar por esto o aquello del campo social, en última instancia, en eso te constituye-. Y claro que hubo muertos, siempre disfrazado de delincuencia común, pero a CEIBAS que dirigía y había sido un esfuerzo en la transición hacia las luchas sociales de esta etapa, nos pusieron 14 hechos de violencia, entre los cuales se apuntaban apenas los allanamientos ilegales que eran su expresión más sonada; cuando los policías, antes de que la PNC fuera tomando forma más democrática, llegaban sin que se les llamara a hurgar lo acontecido in situ. Ello en el marco de un cúmulo de situaciones contra gente respetable que más tarde iría ocupando funciones públicas o no y, sin embargo, persiste en pensar, hablar, manifestar y demás en esos tenores.

Se empieza a pensar y trabajar en torno de los CIACS (Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos), por cuanto su existencia y ejercicio contraviene uno de los aspectos más sustanciales, cruciales y delicados del proceso de paz mismo y sus productos, que es el que no se le pueden denegar los derechos que sustituyen esencialmente el abandono de las armas a los exInsurgentes para su ejercicio social. Algo de ese calibre sí amenaza de la manera más profunda una hoja de ruta para sacar a Guatemala de la irracionalidad represiva que imperó a límites aborrecidos por la Humanidad.

Ese riesgo está siempre latente y hemos sufrido muertes, de gente invaluable, que siempre han operado como accidentes e incluso el abogado Ramón Cadena sufrió hace no mucho uno de estos embates, los cuales están siendo monitoreados cuando menos por instituciones del Estado como el MP.

El asunto es que de ese ambiente y problemática, Naciones Unidas –que es justo señalar que si bien MINUGUA sirvió para lo menos y el PNUD para sus cosillas de informes sociales, la ONU como tal sí se ha implicado de la manera más decisiva en la atención al Caso de Guatemala por sus groseros antecedentes- acude a atender el asunto y deriva una atención política de primer orden y la mayor pertinencia: El Estado guatemalteco no puede servir a los propósitos de la Paz y sus contenidos, si no libera a sus instituciones de la cuasi absoluta coptación por la delincuencia de sí mismo.

Un inicio del llamado de alerta es la represión velada sufrida por defensores de derechos humanos en el sentido más amplio (incluso de quienes no estamos muy alejados de apoyar la pena de muerte, no los cuantos actores que son llamados ‘sociedad civil’ y harán lo suyo, defensores somos los más y de a pie). De esa primera alerta, se atiende asimismo por qué los juicios no prosperan, y las estructuras de impunidad que están ahí metidas, finalmente el que la pantomima de estado y democracia que hemos tenido no es sino una proliferación de roedores en tiempos de peste y funcionando bien estructuradamente y con sociabilidades entre sí, como un gobierno real pero sombra, de la manera más cruenta.

Situación extrema, estructural, pues, en que ni la generación de leyes, ni la justicia, ni las instituciones de gobierno van a servir sin un esfuerzo severo de desmantelamiento, para hacer de Guatemala algo viable para otra cosa que no sea la oligarquía, este ejército aún y los políticos del caso.

Ese poder malsano es astuto para el engaño. Estaría el Zepelín Ligorría en el diseño conjunto y tan elaborado de esa propuesta aparentemente minimalista de un payaso outsider para encausar el rechazo popular de los políticos tradicionales, es hasta ahora especulación; pero, sin duda, sí gente de toda competencia y ese calibre para perpetuar a los más oscuros represores detrás y preservar esa negación de patria como objetivo.

Su títere ni gobernó, desencantó, se evidenció en el congreso y poco a poco fue convirtiéndose en una figura como el Anabello del cine. Torvo, leyendo comunicados en la nocturnidad, arrogándose la pretensión de declarar indeseable al apreciable Comisionado, igual que aquellos locutores que narraban los golpes de estado en otros tiempos para sustituirse en el embate del pueblo. Dejando de representar la Unidad Nacional como presidente y encabezando la unidad de todos los mafiosos, indirectamente de los que nos acosan día a día (y ese fue su pretexto), de la manera más directa de quienes se hartan voraces y defienden el Estado, independientemente de las caras de turno.

Tal cual es su afán no sólo de impunidad sino de no soltar lo que no les corresponde y debiera ser la cosa pública, independientemente también de los proyectos del caso.

Uno pudiera interpretar que Naciones Unidas, con esto, no ha hecho sino atender un segmento específico de los Acuerdos, en última instancia. En parte es cierto, pero es más correcto pensar que es la sustentación misma de condiciones para darle cauce al juego de las luchas democráticas y el funcionamiento democrático de nuestras instituciones.

El Desvarío Populista II
El señalamiento hacia Estados Unidos en cuanto a CICIG, soberanista o ‘antimperialista’

Para los latinoamericanistas, Estados Unidos no ha sido –y justificadamente- precisamente ‘un santo de nuestra devoción’, y no es de ocultar tampoco que menos aún con un presidente tan debatido y cuestionado internamente en su país, como lo es Trump. Hemos tenido sendas diferencias históricas, no obstante la disculpa oficial que vino el expresidente Clinton a rendir acá a Guatemala, en la Antigua, por lo acontecido en 1954 y su participación decisiva en aquellos acontecimientos que desencadenaron cruentos costos y caudas que aún padecemos en nuestra triste realidad política e institucional. Ello con todo y que durante el conflicto, a diferencia de El Salvador, no tuvieron una participación abierta y en su momento incluso suspendieron la venta de armas a la dictadura militar-oligárquica por sus brutales excesos terroristas, y no parece olvidársele a unos oscuros entre-excontrinsurgentes-ladrones del erario público de hoy, cuando ensalzan sus pretensiones nativistas en su imagen de Taiwan, Israel y saber qué más otrora asesores de la inhumanidad, en contraste con el desempeño de aquéllos primeros referidos hoy.

En todo caso, así como estudiáramos para otras coyunturas como el establecimiento de la MINUGUA misma, las reformas constitucionales de 1999 derivadas de la paz y que casi ganamos, o incluso el establecimiento de controles para el tema de las adopciones ilegales (que era un comercio de niños y órganos despiadado, involucranda la remedo de Canciller que ahora puso este ‘aún Presidente’), estas figuras oscuras del poder o gobierno sombra y corrupto al amparo del remedo de democracia que hemos tenido las últimas dos décadas, se lanzaron orgánicamente a defender su concepto de ‘soberanía’, que hacen extensiva al resto de la finca y sus mozos en que nos han tenido constituidos, efectivamente, desde hace siglos. Furiosamente, el último medio siglo en que la gente les ha disputa el sentido de Patria en la cara.

Ahora nos aparecen como señoritos, reivindicando su propiedad sobre todo lo material (los ‘dueños del país’, les llamaba Gaspar) y nuestras mentes, y si no lenguas. Asimismo como tanto compañero y compañera apareciera sin ojos, sin lenguas ni orejas. Entonces buscan mecanismos para descuartizar a la sociedad y a las personas en el ejercicio de sus derechos, la oposición real a su voluntad y sus designios.

Es lo que pensábamos, cuando de manera tan sátrapa e insolente, Arzú con el ‘aún presidente’ títere y una caterva de alcaldes voraces sacados de sus festinadas obras grises inútiles, profirió que así como había hecho la paz podía hacer la guerra. Que no se nos olvide que no hay fuerzas insurgentes militares, de donde su concepto sigue siendo el mismo terrorismo de antaño contra población civil no combatiente. Ya abordaremos contra qué a nuestro juicio, iba dirigida tanta alharaca y paranoia (meritoria de no volver a ser abordada como ‘broma’, sino enteramente punible en un funcionario público, si bien lo deseable es que se le agarre por ladrón).

Los Estados Unidos y la comunidad internacional en general (salvo un par de países latinoamericanos donde el robo en lo público es asimismo escandaloso) están volcados a aportar junto con nuestra sociedad y pueblo, a extirpar los cuerpos fundamentales y las lógicas que han prevalecido, si se trata de expresiones que tienen que redirigir su ruta de comportamiento económico político, respecto del Estado y su naturaleza mínima en un orden de funcionamiento y desempeño. La Paz no aspiraba a más en este sentido.

Fuera de esta función, el pretender ver micos aparejados es mezclar las cosas. Las clases sociales subsisten, las diferencias étnicas negadas persisten en sus dimensiones colectivas, nuestra contraposición de intereses con sectores empresariales en determinados momentos y campos permanecen, sigue siendo válido el cuestionamiento de si nos entendemos o no necesitamos de plano ejército en Guatemala, y es más que claro que como parte de América Latina no nos vamos a precisamente terminar anexando a ningún gran país del norte y tendremos diferencias bien de fondo. Pero en lo que respecta a CICIG y el acompañamiento de la Comunidad Internacional, incluidos los Estados Unidos, no vemos ninguna contradicción sino por el contrario, las bases para un entendimiento histórico a lo cual el anterior embajador sentó bases dignas de reconocerse.

Hay que saber entenderse en lo que corresponde hacerlo y cuando es necesario hacerlo. Así se firmó la Paz, cuyo ejercicio político, sí debe dejar enseñanzas. El mismo principio opera a nivel comunitario, en la recomposición de posguerra; antes, durante y después de ello, en la construcción de consensos, en la negociación si es requerido, y en los casos de contradicciones estructurales indeclinables, en las experiencias comunes por la construcción de acciones correctas.

Lo que no corresponde es mezclar las cosas, o como dicen los ingleses, tirar al bebé con todo y el agua sucia de su tina de baño.

El Desvarío Populista III
La Perspectiva de Mario Roberto Morales

A Mario Roberto Morales lo aprecio mucho intelectual, literaria y personalmente. Es un rebelde en la idea y la forma, no tiene empacho en ser estridente, se luce de manera barroca, es exquisito escribiendo nuestro Premio Nacional de Literatura ‘Miguel Ángel Asturias’, un personaje digno que sería no conocerle el decir que es mejor tenerlo de aliado porque de fondo es un valor indiscutible, del cual sobre todo por lo último no corresponde prescindir. En sus últimas interpretaciones políticas, incluso antes de esta sí crisis que se ha instalado desde la irresponsable presidencia de la República que padecemos, me ha recordado la figura del Décimo Hombre que aparece entre los israelíes en la obra Guerra Mundial Z y llama a siempre tener un figurador de escenarios impensables.

Sin embargo, sí cabe reflexionar algunas cuestiones al respecto de sus interpretaciones. Digamos que el esquema Rosa-Lila, que ha planteado no representa de fondo más que el llamado a pensar algo más radical que las construcciones sí oenegeras y de financiamiento de agendas blandas de cooperación que salvo el concepto de ‘sociedad civil’ referido a las de derechos humanos ha determinado un estilo poco fecundo y muy ensimismado de representación, incluso en ocasiones prostitutiva, de la sociedad y pueblo reales. Enmarcado obviamente más en la izquierda, podemos abreviar en lo ‘Rosa’ para el segmento Pueblo. He tratado de aclarar a algunos de fondo bastante críticos actores que se mueven un poco en estos terrenos, que se comprenda ese llamado crítico a ir a cosas de raíz y que no se pongan el saco ni rasguen las vestiduras esquizofrénicamente, porque sólo es un lenguaje. Esa crítica, Mario Roberto Morales la ha formalizado con agudeza de molestón, lo malcriado no se le quitará nunca y es una veta desconocida salvo para quienes leímos los Demonios Salvajes. Quién no ha pensado eso mismo en la izquierda, por dios? Quién no ha entendido sus límites desde hace 20 años? Se nos ha olvidado cómo el PNUD decía en aquel entonces ‘sociedad civil’ es no participar en política y que luego nos dijeran: ‘mejor ahora sí’? El insulto que ha representado que actores venidos a nada pero con poder en agencias de cooperación amigas le dijeran a verdaderos intelectuales qué estudiar y cómo hacerlo, apuntando a qué? Estando las instituciones académicas coptadas o domesticadas, cuando no sumidas en el festín de la corrupción también? Ese remedo del ‘Hola’ que se junta y posa de a pushitos porque para la prensa y la opinión pública al pueblo no mucho se le veía? Pues todo eso y más.

Tampoco es que Mario Roberto tenga la pretensión de representar una intelectualidad de dirección revolucionaria. En el fondo mantiene lucidez y cordura, él espeta y se revuelve en su búsqueda de cosas que por ahí pueden andar. Dice querer restringirse a un legado y nos corresponde hacerle ver que no se está muriendo. Porque aunque no coincidamos en sus elaboraciones progresivas, incluso nos escandalicen sus expresiones de curso, más que una obcecación personal e histórica común, él tiene una claridad que no podemos dejar de compartir –en términos de coincidencia-: para hacer cambios a nivel del Estado hay que generar un cambio de poder, lo demás son cuentos. De ahí aquellas figuraciones que hacía de cuando sectores empresariales micro, medianos, avanzados, ellos pudieran implicarse en esa transición de lucha y triunfo. Ciertamente, una de nuestras críticas acaso más viables está en cuanto a su formulación del Sujeto, ese no es su fuerte, la idea general sí.

Con todo, sí creemos que ha tenido un error de interpretación –en lo que no habría que concentrarse a mi juicio- cuando el ve moros con tranchete en la CICIG misma. Saca a colación lo del Plan para la Prosperidad y ese tenor de grandes iniciativas estadounidenses pero los liga sin mayor fuerza de convencimiento, sin sustento a mi juicio. Me parece que las dudas se despejan más bien en el campo del por qué no ha habido más desde el lado más progresista tierra adentro, barrio adentro, esa Guatemala profunda apelando a Bonfil, en escenarios como los que tenemos que vivir.

Nos hemos vuelto de redes. Y no lo veo elitista. Hay una fuerza crítica fenomenal en las mismas que arremete y discrimina cuando las apacibles y tontas dormidas páginas de chistes vulgares y vernáculos se muestran de súbito fascistamente neopentecostales contra derechos de ‘minorías’ sexuales, amplios cuerpos rebeldes asimismo que evolucionan a cuestionar dogmas en consecuencia. Mundos en general que les cuestionan a los ‘veacanales’ su voltereta, la funcionalidad comandada a sitios, que retoman las usurpaciones de Anonimous y le devuelven dignidad y calidad. Insultados estamos de armazones estructurales de fanáticos para impedir tomar los espacios públicos, los acarreos con fondos públicos de gente a la que dan agua y hojaldra, como comunión del demonio para el hambre.

Ahí estamos y pensamos, leemos y valoramos, pero creemos que CICIG sí está haciendo una buena labor de cara a la coptación del Estado y que lo otro, sin contradicción alguna, nos toca al conjunto de la sociedad y el Pueblo sin que una cosa tenga que ver con lo otro. Sin Sujeto la historia es efectivamente ajena, cual mirones. Sin embargo, a juzgar de Arzú la cosa está para temerle a los ‘moros’, y su temor, hemos dicho antes, es histórico y fundado.

El Desvarío Populista IV
El objetivo de Asamblea Constituyente en los casos de CPO y CODECA

En la edición No. 20 de la revista indexada del Instituto de Estudio y Análisis de los Problemas Nacionales IPNUSAC (asimismo en las ediciones digitales 119 y 120 de la misma) hicimos un análisis crítico del actuar de CPO (el Concejo de Pueblos de Occidente) al respecto de las Reformas Constitucionales, y cómo se habían definido dos posturas entre los Pueblos Indígenas, el Maya para abreviar, habiendo estado presente la cuestión del Pluralismo Jurídico. A otras expresiones de las Consultas de buena fé, autoridades tradicionales (no partidarias) y alcaldías indígenas es que el Comisionado de CICIG, reconoce el gesto de declinar su lucha para no ser obstáculo en la aprobación de las mismas, toda vez el tema fuera utilizado (sin que el poder deje de odiar históricamente de fondo lo comunitario y eso aborda el texto frente a lo liberal individual cacifezco) para parapetar a las mafias en la preservación de esta constitución emanada de los órdenes de Skinner Klee en 1985 en su cometido de partidizar, clientelizar y corromper municipalidades. Muy relevante fue la visita del Comisionado a la Municipalidad Indígena de Sololá, que tendría lugar en julio de este año (memorable documento histórico ese video).

Pero me quedé con la interrogante de CODECA, cuyo planteamiento de hecho es prácticamente el mismo al del CPO, atender esas reformas era como ‘parchar’ la Constitución decían acaso maximalistas (a diferencia de las alcaldías y municipalidades indígenas que sí no sólo valoran lo verdaderamente asambleario sino lo han defendido por siglos en dichas reformas). Que lo que corresponde es llamar a flamante Asamblea Constituyente de los Mil Apellidos, dicen. Como cortaditos por la misma tijera ambos, de hecho.

Con las dos expresiones, CPO y CODECA, tenemos puntos de contacto y comunicación respetuosa, pero sostengo una posición crítica que hasta la saciedad les hemos transmitido si bien siguen como en caballito todosantero a su objetivo.

La diferencia crítica que formulamos radica no en lo pasado de las reformas constitucionales, que sólo ilustra diferencias que guardan con expresiones con quienes coincido bastante más –como las alcaldías indígenas-, por estudios amplios específicos (como el de Descolonización Territorial, del Sujeto y la Gobernabilidad, publicado por la URL hacia el 2009), y no meras nociones taciturnas salidas de saber qué segmento izquierdoso sin noción específica de nuestra historia ni sociología de relaciones étnico nacionales, diferenciación antropológica de instituciones políticas comunitarias y partidos metidos a la fuerza por Ubico para ingeniería de la división interna y la competencia, adscrita al clientelismo y demás ínfulas y oportunidades particulares.

El asunto es que para hacer la dichosa Asamblea Constituyente, hace falta hacer el ‘instrumento’. Porque tampoco son tan vulgares de llamarlo ‘Partido’, aunque eso es en todo sentido, en esencia y forma. Y sin partido político no conciben la Asamblea que es la cuestión en disputa, para lo que cabe a la coyuntura excepcional por la que estamos atravesando en el país de cero instituciones democráticas ni decencia.

Particularmente, llegado el proceso de retiro de la inmunidad presidencial por esa inmundicia mayúscula de Organismo Legislativo, las condiciones de descrédito y deslegitimidad de los autodenominados Padres de la Patria y su democracia representativa, configura una oportunidad que, a mi humilde juicio, no se le ha presentado al Pueblo Maya en casi 200 años: romper con este sistema político (la democracia directa). Y mi llamado no es punible legalmente, ni su acción que es lo más importante, porque está perfectamente asentado en los instrumentos internacionales de derechos específicos como ya en otras ocasiones hemos demostrado. Nomás que parece que no hay quién lo haga.

Los colegas están embebidos en su medio formato de ‘asambleas’ –que no son tales- y se dirigen a informarles de otra etapa, de cara a su iluminadísimo partido (que en tres ciclos electorales muy probablemente les enterrará en la nada) y azuzan con lo clásico: salir a hacer bulla a las inútiles carreteras para así aportar, al menos, a que el títere nos traiga uno supuestamente mejor y así. El Pueblo no se asienta en el territorio y la comunidad. Las organizaciones social sectoriales figuran, las comunitarias territoriales dejan de tener aliados.

En esos debates, que ni llegan a tales, alcaldes, arzúes y cacifes se despeinan los rubios colochos y amenazan de lo que sea por el petate del muerto. Y Guatemala como cien mil demonios, acaso, en cuanto a nuestras limitaciones o vulnerabilidades de premeditaciones para neutralizar los cambios.

Pero eso no será para siempre.

El Desvarío Populista V
Conclusiones

Por qué este título, si como hemos dicho no refiere a nada abordado de manera específica? El populismo como riesgo subyace en todas aquellas expresiones que en un ejercicio intelectual amplio, aún no realizan con propiedad y de manera estricta la transferencia de poder al pueblo mismo. Y que por supuesto no es sinónimo de bochinche ni de meros votos.

Siempre nos denotan una pretensión diferenciada así sea difusa a nivel de la interpretación, fincada en reservas históricas seguramente razonables y a la larga ciertas, pero no bien acabadas ni responsables de cara a lo que debiera ser el primer objetivo político de esta transición que ya culminó en el escenario donde como Pueblo no queremos ser dirigidos, vanguardizados, esclarecidos de fantasmas aquí y allá, sino constituirnos en El Fantasma mismo del poder tradicional. De carne y hueso, con su humanidad plena irrumpiendo sin que se nos crea objeto de salvación eternamente mediada.

Somos legítimamente desconfiados pero no se nos olvide en primera instancia de qué. Odiamos en que nos pinten demonios en lugares donde realmente no están y descubrirlo, que mezclen las cosas, nos bailen y confundan. Los pueblos saben tolerar la ignorancia pero no esas pretensiones de profesorcitos cuando en realidad no hay luces. Que manipulen conceptos de asamblea, soberanía y nos nieguen incluso el derecho a tener Patria y salir de la invisibilidad casi descalzos con el chirizal detrás por el derecho a mostrar que existe con antorcha y su rostro verdadero.

Así como los Acuerdos de Paz fueron desechados por el poder y no por eso se funda la necesidad y el derecho a la protesta y la propuesta política -en el sentido más amplio- propia; asimismo la existencia de CICIG con todos los apoyos internacionales con los que podemos coincidir al respecto de su misión, no excluyen de ninguna manera nuestra otra labor de construir las alternativas que corresponden y Guatemala se merece.

Así como es un absurdo y desproporcionado ver desde lo local más local imaginable que acaso todo esta gran crisis en que nos metió el ‘presidente aún’ para proteger su corrupción y preservar la de todos los mafiosos del país que viven a la sombra de la ficción de democracia e instituciones que ya no soportamos, pudiera haber constituido una mera ‘cortina de humo’ para una Consulta, asimismo resulta lamentable el prestarse a confundir a la gente con micos aparejados respecto de que Naciones Unidas y guatemaltecos de la más variada índole y clases coincidamos en desterrar a esos parásitos enquistados en la sombra del Estado.

Logrémonos y enfoquémonos a gobernarnos en Comunidad, aprendamos a producir y démonos condiciones para ello en las ramas posibles, no sólo pedir ni pretender ser demográficamente más para así cambiar las cosas, dejemos de atribuirnos luces en la figuración de fantasías sustitutivas pintadas de izquierda, entrémosle a la discusión de ruta en lo demás y no después de las elecciones como siempre, salgamos del anonimato y asumamos sin temor de propios y extraños la posibilidad de inventar otras rutas, retomemos esa centenaria visión de lo imposible en sus formas más elevadas, realicémoslo y desde ahí construyamos la convivencia del entendimiento y la Guatemala sostenible y de todos, con el menor Estado posible y la más amplia y profunda democracia imaginable.

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