Feminismos y apariencias

Por: Patricia Cortez Bendfelt

Hace unos pocos años mi padre me confesó que aunque me “llegaron a pedir” para candidata en algún “concurso de belleza” él nunca aceptó porque “era demasiada presión para vos” y pues se lo agradecí.

En una reunión, mientras hablábamos del sistema de salud que queremos dije “sería como si yo quisiera ser como Kim Kardashian” y un amigo me dijo “pues en realidad te le parecés bastante” con lo que solté la carcajada.

Entre mis “prioridades” no está mi apariencia, aún con la pérdida de espacios que eso pudiera significar.

Una de las “defensas” de la politóloga caída en desgracia es que se le ataca por ser “mujer joven y carismática”. Sin embargo, asumen que “carismática” es un criterio que se mide por la apariencia física (porque “cae bien” no es) y el atractivo visual que implica.

Si bien es cierto que las mujeres la tenemos doblemente difícil para entrar en un proceso político, en un país donde no son las habilidades ni las capacidades lo que sumará para que seamos “reconocidas”, es obvio que la crítica a la apariencia femenina será mucho más dura.

Desde el “uniforme” de Ángela Merkel (un traje sastre en todos los colores existentes) hasta el corte de pelo de Hilary (el peluquero caro y exótico) las mujeres hemos sido convertidas no sólo en las que “hay que dejar entrar porque ni modo” sino en “si va a entrar al menos que decore”.

Mujeres como Nineth Montenegro han cedido a la consulta con peluqueros, “expertos en ropa”, y diseñadores de imagen, otras se niegan pero aceptan maquillaje (que no habían usado tanto antes) al estar en un cargo público. La “inversión” que una mujer en política debe hacer en ropa, maquillaje, peinado y zapatos es muchísima más que la que hace un hombre, aún aquellos hombres que gustan de la “ropa cara” pueden manejarse con un “closet” mucho más pequeño.

La burla (o el elogio) a lo que físicamente representan siempre es mayor que la que se da a lo que piensan y aunque hay hombres de los que se burlan por su físico, siempre es más evidente y virulento el ataque a las mujeres “feas, gordas o desarregladas” que, aunque planteen buenas ideas, son juzgadas por su apariencia de manera excesiva y brutal.

La única “propuesta de política pública” que la rubia hizo circular, era un proyecto para ejecutar en 25 escuelas de 3 departamentos, a modo de “proyecto piloto” y que, según ella, era un trabajo realizado en la EdG para la clase de diseño de política pública. De allí, sus libros no son sino compendios de pensamiento ajeno sin mucha propuesta ni análisis.

Vemos entonces que la popularidad “fisiquina” que se ridiculiza en los hombres se vuelve el eje del trabajo “público” en las mujeres y comentarios de “a ella si le daría” tienen más relevancia que “lo que ella expresa es importante”.

Fuente Prensa Comunitaria

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