Destructor de mundos entre ficción y realidad

Por: Jairo Alarcón Rodas

Hace algunos años se presentó en algunas salas del país la película “A la puerta de la eternidad” o “Creadores de sombras”. Tal film, ambientado en el desierto de Los Álamos, Nuevo México, versaba sobre las vicisitudes que pasaron los físicos que trabajaron en la construcción de la primera bomba nuclear.

Eran tiempos de guerra, en los que el temor que la Alemania nazi se apoderara del mundo, determinó que en 1939, físicos de la talla de Albert Einstein, Leo Szilard, entre otros, enviaran una carta al presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, con el fin de que ese país se involucrara en la fabricación de la bomba atómica. La idea era que, si los nazis se adelantaban en tal proyecto, el mundo entero caería bajo su poder despótico. Presentes estaban los campos de concentración, la matanza de judíos y experimentos genéticos llevados a cabo por el régimen de Adolfo Hitler.

La alarma provocó que físicos exiliados de Alemania, de los Estados Unidos, Canadá y Reino Unido unieran esfuerzos para la construcción de una bomba capaz de atemorizar a cualquier enemigo. El proyecto se denominó Manhattan y su finalidad era la construcción de la primera bomba nuclear. Para ello, el gobierno de los Estados Unidos designó al físico Robert Oppenheimer como director de tal operación. Albert Einstein, años atrás, había mostrado con su famosa ecuación E=mc2, el poder de la energía nuclear y los usos que podía tener para beneficio o perjuicio de la humanidad. Enrico Fermi, desarrolló la primera pila atómica y Otto Hahn, descubrió la fisión nuclear y la importancia que tiene esa energía para el desarrollo humano. Curiosamente el físico húngaro, Leonardo Szilard, había patentizado la bomba atómica con la finalidad de limitar su producción.

En 1939, los Estados Unidos y Japón se encontraban en guerra tras el ataque a Pearl Harbor, por parte de la aviación nipona. Tiempo en que Alemania con su Nacional Socialismo, partido de extrema derecha de Adolfo Hitler, tenía sometido al mundo. Y la que se denominó Segunda Guerra Mundial, ya había cobrado decenas de millones de vidas. El fantasma de la muerte recorría Europa y el espíritu de nacionalismo era patente en la resistencia aliada. ¿Cómo parar a un enemigo que irracionalmente se creía la “raza superior”? ¿Se justificaba la construcción de un arma tan letal para disuadirlos?

EL SACRIFICIO DE UNOS, LA MUERTE DE OTROS, PARA EL BENEFICIO DE TODOS

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La película pretendía mostrar, entre otras cosas, la nostalgia e incomprensión que representaba para los familiares, padres y esposas, la ausencia permanente de sus seres queridos. No comprendían su alejamiento, mucho menos que estuvieran trabajando en la construcción de un arma de destrucción masiva. Y es que en una zona secreta de Nuevo México, los físicos más destacados estaban por construir un artefacto que cambiaría el rumbo de la historia de humanidad. El proyecto apelaba a un nacionalismo extremo y, desde la perspectiva pragmática, iba a lograr la paz en el mundo. Remediar un mal mayor con uno menor.

La paz solamente llegará si se pone fin a la guerra y ésta terminará si se yergue un vencedor. Y ese será aquel que pueda construir un arma tan letal, que cause tan monstruosa destrucción que atemorice al enemigo al extremo de rendirse. El país que la construya tiene que ser los Estados Unidos. Con ese tipo de razonamiento, el gobierno estadounidense justificó la construcción de la bomba atómica. Esa fue la justificación que impulsó a Oppenheimer a aceptar la dirección del proyecto Manhattan. Similar motivo tuvieron los físicos más destacados de esa época para participar en tal proyecto. Y es que las locuras expansionistas de Adolfo Hitler tenían que ser impedidas.

¿Por qué tenían que ausentarse de sus hogares?, ¿cuál fue la razón para que abandonaran a sus familias y trabajar en un proyecto siniestro, al servicio del gobierno de los Estados Unidos. El temor a un inminente ataque de la aviación japonesa, el miedo a que los científicos alemanes pudieran construir en menor tiempo un arma de ese tipo, determinó que un físico de la calidad humana de Oppenheimer y a otros jóvenes físicos, a aceptar colaborar en la construcción de la primera bomba atómica.

El poderío Nazi y sus aliados pretendían hacer del mundo un laboratorio para prácticas y experimentos humanos para beneficio de la supremacía alemana. La carrera armamentista, que consistió en tener el control de la energía nuclear, se hizo imperiosa. El miedo a que Adolfo Hitler y los Nazis se adelantaran en construir la bomba, aceleró su ejecución. Matar para terminar con las matanzas, era la idea de Harry Truman. La película muestra cómo los jóvenes científicos arriesgaron sus vidas por amor a su patria y en aras de la paz en el mundo. Pero, ¿es esa la función de la ciencia?

Escenas que mostraban los accidentes ocurridos en la fabricación de ese artefacto, la contaminación por radiactividad de algunos de ellos, la ionización de su sangre, su deformación y muerte le dieron al film el dramatismo que probablemente sucedió. ¿Por qué correr esos riesgos, vale la pena empeñar la vida en un proyecto que construirá un artefacto que causará muerte y destrucción? ¿Cómo sucedió que la ciencia se subordinara al poder militar?

Pasajes conmovedores que presenta la película, recreando lo sucedido en el laboratorio de los Álamos en los que por un accidente se sale de su base una esfera de uranio, en presencia de un grupo de físicos. Y antes de caer al piso, matando a todos los científicos del laboratorio, es detenida con las manos por uno de ellos y colocada en su lugar, bajo la mirada atónita del grupo. Quizás ese fue uno de los momentos más dramáticos del film. Sobre todo cuando el científico que detiene la esfera, toma una hoja de papel y hace unos breves cálculos para indicar al grupo de físicos que se encontraban atónitos en la habitación, que estaban todos a salvo. Sólo yo, dijo, ya estoy muerto. Luego su acelerada enfermedad, sus reflexiones, la visita de su novia y su muerte, le dan al film el sentido humano de tal proyecto.

Truman ordena lanzar el 16 de julio de 1945 la primera bomba atómica a la ciudad de Nagasaki, llamada Little Boy, una bomba de uranio. 24 días después, el 9 de agosto, es lanzada otra en la ciudad de Hiroshima, llamada Fat Men, la cual fue de plutonio, de un poder destructivo mayor. Al momento de su impacto, ambas bombas ocasionaron más de 200 mil muertos. Recordemos que las bombas fueron lanzadas sobre población civil y es que este tipo de armamentos no discriminan entre quienes son militares y civiles. La fisión de los átomos liberó energía, que se transformó en calor y con ello el infierno hizo presa a las ciudades. A su impacto, muchos japoneses quedaron literalmente fundidos en las rocas por obra del calor.

Las muertes de todas esas personas y las secuelas que, previsiblemente acabaría con la vida de muchas más, determinó que varios de los físicos, que antes impulsaron la construcción de tal artefacto de muerte, se opusieran radicalmente a la construcción de nuevas bombas y a la utilización de la energía nuclear con fines armamentistas. Ese fue el caso de Julius Robert Oppenheimer.

LA CACERÍA DE BRUJAS DEL MACARTHISMO

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Opennheimer participó en grupos comunistas en los Estados Unidos y, dada la fortuna que había heredado de su padre, financió a grupos de izquierda, especialmente al movimiento republicano, en la guerra civil española. Pero qué significó eso en un país en el que el liberalismo creó su guarida. Libertad individual significa que toda persona puede escoger la filiación política que desee, incluso contraria a los preceptos libertarios. Pese a eso, dentro de los círculos intelectuales y en el marco de libertades individuales que presumía los Estados Unidos, la filiación de Oppenheimer, en ese momento, pasó desapercibida.

No fue sino tras el fin de la Segunda Guerra Mundial cuando el mundo se dividió en Este y Oeste. Y el fantasma del comunismo emprende su efecto atemorizador que comienza la persecución de todos aquellos intelectuales, artistas, escritores y hombres de ciencia que no pensaran de conformidad con el ideal estadounidense. Tal movimiento se encarnó en la personalidad del senador Republicano, Josep McCarthy. Contradictoriamente, en el país donde se predicaba la libertad política, se persiguió durante 1950, a una serie de intelectuales, hombres de ciencia y artistas, por el hecho de pensar diferente. La lista de acusados de ser simpatizantes comunistas de McCarthy fue de 205, que culminó con la ejecución de Ethel y Julius Rosenberg por espionaje en 1952. Persiguieron a todos aquellos que no pensaban como lo establecía el sistema. Quizás eso se debió al temor que, esos movimientos, despertaran a los sepultureros del sistema.

Las campañas para satanizar al comunismo se difundieron por el mundo, los aparatos ideológicos del capitalismo propagaron una idea distorsionada de esa teoría política. Así, muchos adversaron esa tendencia sólo con mencionarla. Ser comunista constituía un insulto y en Latinoamérica fue común ver panfletos, pasquines en los que soldados soviéticos martirizaban a las personas junto a Satanás y otras imágenes diabólicas. La propaganda de alienación norteamericana, apelando al espíritu religioso, quiso que el común de las personas repudiara a ese movimiento político, sin saber a cabalidad en qué consistía. En este contexto, estuvo ausente el pensamiento crítico, el cual obliga a argumentar y contrargumentar, antes de cuestionar una idea o movimiento político.

LA CIENCIA AL SERVICIO DE LA GUERRA

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Las guerras surgen para preservar intereses económicos y en consecuencia, con armas y muerte, se quebranta la resistencia del enemigo. Así, los vencedores someten a los vencidos tras el triunfo de muerte. El que tiene mejores armas y ejércitos dispuestos a morir por la causa regularmente gana las guerras, y en ello, la ciencia ha jugado un papel importante. ¿Por qué los científicos han aportado sus cocimientos para la fabricación de armas? ¿Se justifica tal accionar? El pensar, por su naturaleza, debería estar alejado de la guerra, de la muerte. Por lo que resulta paradójico que, a lo largo de la historia, generales hayan sometido a algunas de las mentes más brillantes del planeta para cometer atrocidades.

La construcción de armas de destrucción masiva, la contaminación ambiental y la clonación de seres vivos tiene implicaciones éticas. Estos son claros ejemplos de cómo el pragmatismo utilitario que ha prevalecido en el mundo y cómo ha sustituido al espíritu humanista que debiera predominar en el planeta. Cómo fue que los físicos más notables de occidente unieran esfuerzos para construir un arma tal que abriera las puertas a un debacle mundial. La idea fue cortar un mal mayor con un mal menor, pero, ¿contemplaron acaso lo que eso representaría para la humanidad? El primer ensayo nuclear con éxito se llamó, Trinity.

Aún están latentes los recuerdos de las bombas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, que sembraron de terror a la población civil de ese país. Más de 200 mil muertos, la destrucción total de esas dos ciudades y la secuela de enfermedades y muertes que siguieron por la radiación. A partir de esa fecha, la escalada armamentista nuclear dio inicio y tuvo su momento más crucial en la crisis de los misiles, en plena guerra fría. En la actualidad las ojivas nucleares esparcidas por el mundo son una caja de pandora pendiente de ser abierta para expandir terror y muerte a la humanidad.

Será que, como dijo Flavio Vegecio, si se quiere la paz hay que prepararse para la guerra. O, contrariamente a ello, la paz es una actitud racional en la que prevalece la vida y no la muerte. Si es así, ¿se justifica la escala armamentista en el mundo? Entenderán los gobernantes de los países que la violencia sólo conduce a más violencia y que los intereses económico deberán estar subordinados a los humanos. Muy tarde lo comprendió Robert Oppenheimer, pues al ver lo sucedido con su creación, dijo con pesar: Me he convertido en destructor de mundos. Pero quizás eso era inevitable. A partir de ese momento, junto con otros físicos del mundo, se unió a la campaña pacifista para evitar el uso de la energía nuclear con fines militares y a la proliferación de armas de destrucción masiva.

El 22 de abril se cumplieron 113 años del nacimiento de tan connotado físico que sin pensarlo se convirtió en el instrumento del poder, de aquel que mantiene el control sobre la ciencia.

https://contraadiccionesmetafisicas.wordpress.com

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