El odio racista en Estados Unidos

Antorchas en mano y sin cubrir sus rostros cientos de manifestantes caminaron hasta la rotonda principal de la universidad de Virginia, donde estaba la estatua, y se congregaron alrededor del puñado de estudiantes que rodeaban al general con carteles antifascistas.

La polémica marcha “Unir a la derecha” se organizaba en protesta por la retirada de una estatua homenaje al general confederado Robert E. Lee, quien lideró a las fuerzas sureñas durante la Guerra Civil estadounidense, y que ya generó choques violentos ayer entre participantes y opositores.

La manifestación ha sido descrita como “el mayor encuentro de odio de su clase en décadas en EE.UU.” por el Southern Poverty Law Center, un grupo que investiga a los que fomentan la violencia racial.
Jason Kessler, organizador del evento, había subrayado en un comunicado que se trataba de defender la Primera Enmienda de la Constitución que protege la libertad de expresión y respaldar a “los grandes hombres blancos que están siendo difamados, calumniados y derribados en Estados Unidos”.

Marchas y protestas similares a la de Charlottesville han tenido lugar durante los últimos meses en otros lugares del sur del país donde las autoridades decidieron retirar simbología confederada.

Cuando los periodistas preguntaban a Trump su opinión sobre estos hechos hacía mutis, algo que los mismos grupos racistas consideraban una manera de legitimar, en silencio, su existencia y su causa.

Siete meses después de que el candidato ganase las elecciones se han organizado para hacer marchas en Virginia a cara descubierta. Son racistas, homófobos y nazis, todo ello confirmado en los cánticos y la parafernalia que han desplegado en las revueltas de este fin de semana. Han elegido la ciudad de Charlottesvile por ser un símbolo de la llamada progresía liberal, una comunidad que en las pasadas elecciones votó en un 80% de los casos a Hillary y cuya población universitaria es especialmente inclusiva.

La excusa ha sido la erradicación de uno de los símbolos del pasado confederado, la estatua del general Robert E. Lee, del bando perdedor durante la Guerra Civil y que defendía que unos ciudadanos pudiesen poseer a otros por el color de su piel.

Casi 150 años después multitud de gobiernos locales sureños están intentando borrar ese pasado racista a golpe de borrado de placas y monumentos, algo que causa rechazo por parte de republicanos moderados (que creen que recordar el pasado no es ensalzarlo) pero también por extremistas que ven estos gestos como una pérdida de poder y de rechazo a unos valores supremacistas que siguen considerando positivos.

La primera manifestación de Unir a la Derecha (Unite the Right), la del viernes, había sido desconvocada por el Ayuntamiento por miedo a los disturbios. Eso no impidió que salieran en marcha cantando, entre otras cosas, “Sangre y Tierra”, una consiga de la Alemania de Hitler contra el enemigo judío.

Durante los violentos disturbios perdio la vida Heather Heyer, una joven universitaria que dias antes había puesto en su muro de faceboo: Si no estás indignado, es que no estás prestando atención.

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