Los derechos humanos (III)

Jairo Alarcón

Pasar de una cultura de muerte a una de vida.

¿Por qué son mal vistos los derechos humanos para muchos guatemaltecos? ¿Qué es lo que hace que estas personas piensen que los culpables del actual estado de violencia son las entidades encargadas de velar por los derechos humanos? En una sociedad en la que ha imperado la cultura de muerte, como es el caso de Guatemala, hablar de derechos humanos constituye algo ajeno, un tabú.

Las condiciones materiales de vida, así como las secuelas que dejaron 36 años de conflicto armado interno, configuraron un país donde el respeto a la vida ostenta poco valor. Una sociedad asediada y sometida por el crimen, en la que no se ha fomentado una cultura de vida, piensa que la solución a sus problemas es la eliminación de aquellos que les están causando el mal. Y así, todo crimen debe pagarse con la muerte, el ojo por ojo tan criticado en sociedades civilizadas, representa la mejor forma de resolver ese tipo de problemas. El irrespeto a la vida, la ignorancia de lo que representan y el porqué de los derechos humanos los hace desacreditarlos y detestarlos.

Los excesos que se dan en las sociedades por aquellos que ostentan el poder, hizo que se crearan las garantías universales de los seres humanos, vivir por tanto en sociedad, requiere que sean cumplidos en pro del bienestar de cada uno de sus miembros, incluso, el de aquellos que han violentado el orden social. No obstante, los derechos humanos tienen un componente político que desvirtúa su naturaleza. De ahí que se le exija su fiel cumplimiento a unas naciones y a otras no. El problema debe ser analizado desde dos puntos de vista. El primero, constituye la proyección que han tenido las instancias que velan por el cumplimiento de los derechos humanos en Guatemala, y el segundo, las condiciones y juicios en que una gran parte de la población guatemalteca juzga esa función.

Se debe comprender que las instancias que tienen por misión garantizar los derechos humanos, deben hacerlo, incluso con aquellos que han infringido la Ley. No se pretende con eso que los criminales sean protegidos, sino simplemente, que sus derechos como seres humanos sean respetados.

Pasar de una cultura de muerte a una de vida, de un estado salvaje a la civilización comienza con irrestricto cumplimiento de los derechos humanos.
Fuente DCA

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