El fútbol negocio no me gusta

Por Mario Rodríguez
El fútbol es un deporte seguido y practicado por millones de personas en todo el mundo. No existe otro deporte con tanta capacidad de convocatoria, ni que despierte tanta pasión como el fútbol. Para bien o para mal ningún partido deja indiferente a la gente, sean estos detractores o fanáticos, pues alrededor de la pelota siempre se encuentran dosis de alegría, frustración, controversia e indiferencia juntas. Quién diga lo contrario miente.

Pero más allá del deporte existe un mundo paralelo que poco a poco se apropia de esa pasión y la convierte en espectáculo con el único propósito de obtener ganancias. Es el fútbol negocio, en donde ya no participan clubes, aficiones y tradiciones, sino empresas, fondos de inversión, patrocinadores, medios de comunicación, hombres de negocios y espectadores atraídos por la ficción que crean los ídolos que producen miles de millones de ganancias.

Dicho espectáculo está lleno de corrupción, política y poder. Ahí las estrellas son los Florentinos Perez, los Josep Maria, los Abramóvich o los Al-Khelaifi que compran jugadores mientras desarrollan negocios amparados por el manto sublime de las simpatías que pueda despertar un club determinado. Ese futbol negocio está cambiando el deporte.

Todos los años, desde la llegada de los galácticos al Real Madrid, la conformación del Dream Team en el FC Barcelona o el traspaso de Pgoba del Juventus al Manchester United, las transferencias de ciertos jugadores son cada vez mayores. Los 222 millones de Euros (unos 2 mil millones de quetzales) que pagó el Paris Saint-Germain (PSG) por Neymar Jr es el último episodio del fútbol negocio que impera en la actualidad.

Ney llega a una liga de segunda categoría que requiere de un jugador estrella para ocupar un espacio entre las ligas más rentables del mundo. El jugador no aportará futbolísticamente mucho a la liga, más que ingresos y espectáculo, que en dicha lógica es lo principal. Después de este fichaje, hay una lista de jugadores que esperan convertirse pronto en jugadores franquicia, tales como Dybala , Griezmann , Mbappé, Dembélé , Hazard, Coutinho y otros.

Por eso Messi, Cristiano Ronaldo y ahora Neymar dejaron de ser jugadores y se convirtieron en marca. En ídolos que atraen seguidores, provocan desbordes de histeria y generan miles de clic en páginas cargadas de publicidad. Son los jugadores franquicia lo que rentabiliza el negocio y no los resultados. La verdadera competición no está en los campos de juego, ni en las tácticas de los entrenadores, sino en la disposición por contratar estrellas para generar ingresos alrededor de las mismas. Esa es la esencia del fútbol negocio, resaltar las destrezas individuales de ciertos futbolistas por encima del trabajo colectivo de todo el equipo.

Por eso la crítica está mal enfocada contra Ney. Los jugadores franquicia solo sacan dinero de la gente que los utiliza para obtener de ellos más ganancias. Ellos ya no sienten la camisola, lo mismo les da jugar en un club que en otro. El que pierde es el fútbol pasión, es el juego colectivo el que sucumbe ante el poder del dinero que se empeña por individualizar los logros de un juego de conjunto. Pero estos jugadores no son pobres esclavos de un negocio cualquiera. Son cualquier cosa, menos pobres.

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