Brexit y la rueda de la fortuna

Alejandro Nadal
Crre el rumor de que el único proyecto que nunca fue aprobado por la reina de Inglaterra fue la monumental rueda de la fortuna sobre el río Támesis, casi enfrente del parlamento. Para los puristas en arquitectura, el artefacto no es la mejor parte de la silueta de Londres, pero para las nuevas generaciones ya es tan parte del paisaje urbano como el Big Ben.

Pero así como la fortuna le sonríe a algunos y a otros les desfavorece, los funcionarios encargados de negociar la salida del Reino Unido de la Unión Europea están descubriendo lo complicado y costoso del proceso. El contraste entre la rueda de la fortuna en Londres y el Brexit es que a la reina no le ha quedado más remedio que dar el visto bueno para que la señora Teresa May formara un gobierno de minoría y comenzara las duras negociaciones para definir los términos de la salida de la Unión Europea (UE).

Esas negociaciones tienen varios senderos posibles. En uno de ellos, por ejemplo, el Reino Unido buscaría mantener una relación económica con la UE sin perder soberanía y sin estar sometida a la legislación de la unión. La pretensión sería conservar los privilegios de las relaciones comerciales actuales, pero sin tener que respetar la norma europea en materia de tránsito de personas, migración y sin someterse a la Corte europea de justicia. Claramente es la opción que prefieren la confederación de industrias y las cámaras de comercio del Reino Unido. Pero las negociaciones para un convenio comercial nuevo llevarían más de los dos años que contempla el artículo 50 del Tratado de Lisboa.

En el sector financiero las cosas se presentan más difíciles y donde el Reino Unido tiene más que perder. El enviado especial del conglomerado de las finanzas londinenses para seguir las negociaciones del Brexit ha señalado que Francia, Alemania, Holanda, Luxemburgo y España buscan activamente quitarle el negocio financiero al Reino Unido. En especial, el sector bancario francés quiere desmantelar el poderío financiero de Londres para apropiarse de por lo menos algunas ventajas que posee este centro financiero. Y no hay que olvidar que el nuevo presidente francés, Macron, fue funcionario de inversiones de la Banca Rothschild y lo que está en juego es algo más que un puñado de dólares.

El excelente análisis de Don Quijones en su blog wolfstreet.com muestra cómo Londres se ha beneficiado de la creación del euro, a pesar de no ser parte de la unión monetaria. La City en Londres ha visto crecer exponencialmente su parcela del mercado financiero y hoy acapara 41 por ciento de las operaciones en el mercado mundial de divisas, 18 por ciento de los activos de los fondos de cobertura y cerca de la mitad del mercado mundial de derivados con intereses.

Uno de los filones más lucrativos del mundo financiero es el de las operaciones de las cámaras de compensación en las que las entidades de crédito liquidan periódicamente sus saldos recíprocos. Bloomberg estima que el Reino Unido controla 75 por ciento de todas las transacciones en derivados denominadas en euros, algo así como 930 mil millones de euros diarios. Los banqueros alemanes y franceses consideran que esas operaciones no deben seguir teniendo su centro de gravedad en Londres una vez que se formalice la salida del Reino Unido de la UE. Pero la complejidad de las operaciones en cámaras de compensación privadas implica un alto costo en términos de garantías.

Por ejemplo, la empresa londinense LCH es la más grande en su ramo y tiene unos 83 mil millones de dólares (mmdd) para respaldar sus operaciones de compensación. Se calcula que las empresas europeas que podrían remplazarla necesitarían unos 77 mmdd para dar suficientes garantías a los agentes financieros. Y aún eso no basta, pues realizar estas operaciones en una sola entidad, como LCH, tiene enormes ventajas en materia de reducción de costos.

Según un análisis de Bloomberg el papel de empresas como LCH se ha vuelto más importante a raíz de la crisis financiera de 2008. La ironía que subraya Don Quijones en wolfstreet.com es que los gobiernos europeos están dispuestos a sacrificarlo todo con tal de atraer a las instituciones que fueron responsables de las peores crisis financieras de la última década: en lugar de que Brexit sea aprovechado para controlar el papel maligno que desempeña la City en Londres en la economía mundial, parece que las capitales europeas están más dispuestas a emular sus prácticas para consolidarse en el mundo de la especulación y la volatilidad. Yo añadiría que lo más probable es que el tiempo les dará una dura lección pero el costo será para los pueblos de Europa.

El mensaje que han enviado los negociadores de la UE en las primeras conversaciones es que el Reino Unido debe prepararse para un Brexit “duro” y costoso. La rueda de la fortuna seguirá dando vueltas, pero ninguna de las trayectorias posibles de las negociaciones llevará a los escenarios que los entusiastas del Brexit prometieron al electorado.

Twitter: @anadaloficial
La Jornada

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