Igualdad de oportunidades educativas para pueblos indígenas

Las carencias del sistema educativo guatemalteco afectan a los grupos más desfavorecidos de la sociedad, cuyo resultado más visible es el fracaso escolar. Para el caso guatemalteco las tasas de repitencia en el primer grado de primaria son más altas, en aquellos segmentos de población que hablan un idioma distinto al castellano, y en aquellos departamentos con menor porcentaje de logro en lenguaje y matemáticas corresponde a zonas en donde los indicadores de pobreza, pobreza extrema y desarrollo humano son deficientes. El perfil de los estudiantes también es diferente, tomando en cuenta la composición étnica de la población.

Las políticas públicas, en lugar de propiciar una integración social y afrontar de manera integral los factores que generan la crisis, están provocando una segmentación del sistema educativo que se expresa a través de la negación de oportunidades al desarrollo, lo que refuerza las desigualdades sociales existentes en la sociedad guatemalteca. Esa igualdad de oportunidades en el ámbito escolar implica garantizar el acceso a todos y todas a las oportunidades de recibir instrucción adecuada acorde a sus circunstancias particulares. Sin embargo, la pobreza y la exclusión que afecta de manera estructural a los pueblos indígenas, quienes en las estadísticas muestran las tasas más bajas en cuanto a cobertura, acceso y desempeño educativo, no permite alcanzar esa equidad que debería ser prioritaria en cualquier sistema educativo.

Otro aspecto que afecta directamente la inclusión está relacionado con el fenómeno de la exclusión educativa que se puede manifestar de diversas maneras, por ejemplo en el caso de Guatemala, la condición étnica de los alumnos, el idioma ó las capacidades de aprendizaje existentes entre un grupo diverso de estudiantes son factores que provocan exclusión educativa.

Esa exclusión educativa se entiende mejor a través del término de “fragmentación jerárquica, que provoca la política pública educativa. La existencia de instituciones diferenciadas dentro de un mismo sistema educativo, genera diferencias en los alumnos, que los clasifica de acuerdo a diversos factores vinculados con el acceso, los contenidos y el tipo de educación que reciben. Por ejemplo, hay diferencias entre la escuela pública y la privada, o entre la escuela rural y la urbana. También se van creando fragmentos de diferentes niveles de calidad entre los establecimientos. Esto es lo que se llama fragmentación jerárquica, cuando se ordenan las diferencias en función de generar comparaciones.

En teoría, el sistema educativo guatemalteco cuenta con diversidad de opciones educativas, (en el discurso neoliberal es un mercado de servicios educativos donde los padres pueden elegir la mejor opción para educar a sus hijos/as) y dónde la entidad rectora, en este caso el Ministerio de Educación, considera equivalentes los programas y contenidos que se imparte en todo el sistema.

Ese esquema es el que produce la fragmentación jerárquica, pues genera una diferencia importante en cuanto al acceso a los recursos, las valoraciones sociales que crea y la calidad de la enseñanza que se ofrece de acuerdo al centro educativo al que se ingresa. Los recursos se fusionan con la calidad, produciendo una valoración social sobre la oferta educativa en los padres de familia que afecta la escogencia de los centros escolares en los estratos altos de la sociedad y relega a escuelas públicas a los estratos bajos, con el estigma del desprestigio de la calidad educativa que ofrecen dichas escuelas.

Dicha política provoca resultados diferenciados. En el caso de Guatemala, aquellos departamentos con menor porcentaje de logro en lenguaje y matemáticas corresponde a zonas en donde los indicadores de pobreza, pobreza extrema y desarrollo humano son deficientes. El perfil de los estudiantes también es diferente. En las zonas urbanas, principalmente en la Ciudad de Guatemala y en general en el departamento de Guatemala, es donde se obtienen los mejores indicadores de desarrollo humano y estos coinciden con las tasas más altas de logro académico. Aquí se ubican los estudiantes con mayores posibilidades, mejores opciones y más inversión pública. Por el contrario, el perfil de los estudiantes de los departamentos con mayor incidencia de pobreza y menor desarrollo humano son poblaciones rurales e indígenas, en donde los niveles de inversión pública son menores y el porcentaje de población no escolarizada también es alto, en función de la situación económica de las familias.

No menos importante es el perfil educativo de los padres de los niños/niñas escolarizados. Los índices de analfabetismo existente en los departamentos con menor inversión educativa, mayores niveles de pobreza y la precaria situación socioeconómica de los padres, condiciona también el logro educativo de los estudiantes. Según datos del anuario estadístico del Comité Nacional de Alfabetización CONALFA, los departamentos en donde se registra los indicadores más altos de analfabetismo son Huehuetenango, Quiché, Alta y Baja Verapaz, que a su vez registran bajos niveles de desarrollo humano, mismo que se corresponde con notas en logros educativos.

Esas coincidencias hacen suponer que las oportunidades para estos estudiantes están condicionadas por dichos factores, y los desafíos existentes no son contrarrestados por las políticas educativas, y la equidad como meta específica no se visualiza por ningún lado. Adicionalmente, las políticas de ampliación de la cobertura registran retrocesos importantes y las políticas sociales creadas para contrarrestar los niveles de desigualdad social son clientelares, que no crean capacidades y cuyo impacto es poco significativo para reducir los niveles de pobreza y exclusión social.

La escuela reproduce las desigualdades sociales existentes en el país, lo que genera una segmentación educativa que determina el tipo de educación que reciben los estudiantes. Los factores que privilegian esta situación están dados por las condiciones económicas de las familias, el origen étnico de sus integrantes y la visión utilitarista que priva en el ministerio de educación al instrumentalizar la política educativa para favorecer el crecimiento de un mercado educativo que refuerza las diferencias en calidad que se ofrecen en el sistema educativo en su conjunto.

Foto: Prodessa
Fuente: blog Reflexiones www.ciidgt.org/boletin

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