Una estrategia fallida: las consecuencias del DR-CAFTA

Por estas fechas, hace ya doce años, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó por un estrecho margen – 217 contra 215- el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana conocido posteriormente como DR-CAFTA por sus siglas en inglés.

En aquella época amplios sectores se opusieron a la ratificación de dicho acuerdo comercial, pronosticando que la política de libre comercio iba agravar los problemas de empleo, pobreza y migración, el tiempo les dio la razón. Pero nadie se acuerda ahora por eso es necesario hacer memoria para comprender la situación actual.

La preocupación por las consecuencias que tendría la implementación del Tratado era real, incluso entre los senadores republicanos que presagiaban un impacto negativo para los países centroamericanos. Por eso en plena discusión y antes de la votación, el senador Jeff Bingaman expreso su interés por presentar una enmienda para crear un programa llamado “trade capacity Bulding”, con fondos destinados para los sectores perdedores del DR-CAFTA. Al final la enmienda del senador no fue presentada.

La fuerte presión que el presidente de ese entonces, George W Bush y Robert Zoellick en aquel tiempo número dos del departamento de Estado y anteriormente principal responsable de Comercio en el USTR, dio resultado. El acuerdo se puso en marcha.

Es importante recordar que el presidente Bush había finalizado las operaciones armadas en Irak y fue poco después que menciono el largo camino que había que transitar para alcanzar la democratización de los países en conflicto. Según sus palabras la estrategia fijada estaba en marcha, la cual era establecer el libre comercio como modelo que permitiera superar décadas de conflicto y atraso. Esa estrategia incluía la vigencia del DR-CAFTA.

Condoleezza Rice, en ese entonces secretaria de Estado expreso que “el libre comercio, es el Libre Comercio” apoyando la idea que por esos tiempos se difundió para presionar a la aprobación del tratado. La idea era simple: el libre comercio genera democracia, o que la democracia se consolida con libre comercio. Al final Bush dijo que el DR- CAFTA era un asunto de seguridad nacional para EEUU y que su no aprobación ponía en juego la credibilidad de su país en toda la región. La voces empresariales criollas también se sumaron al coro de convencidos y tanto fue el descaro en esos tiempos que los empresarios expresaron que a través del DR-CAFTA se podía evitar que la izquierda llegara al poder y de paso se frenaría la corrupción.

Muchos años después, ya vigente el CAFTA-DR, tenemos una crisis migratoria de dimensiones humanitarias tal y como se predijo en aquel momento. Los flujos de inversión extranjera directa se han reducido al máximo histórico en este período y la balanza comercial sigue ensanchándose negativamente para Centroamérica.

Pero hay más, la corrupción se consolido en los países del triangulo norte con la participación de importantes sectores empresariales que en aquella época vociferaron a favor de la ratificación del Tratado. Es tal el nivel de corrupción existente que ha sido necesario recurrir a la comunidad internacional para hacer frente a la problamática. Incluso, abiertamente los Estados Unidos nos consideran “estados frágiles” y han declarado que somos un problema significativo para su seguridad nacional.

Revisando la historia nos damos cuenta que el débil sistema democrático ha sido afectado por el crimen organizado, la corrupción generalizada y la problemática social que frena el desarrollo. El DR-DAFTA ha contribuido con eso. El modelo exportador que impuso, generó más inequidad y exclusión social. La desnutrición en Guatemala es un indicador más que elocuente de los estragos causados por el libre comercio en el campo guatemalteco. Quién diga lo contrario es un descarado.

Cualquiera que conozca los indicadores debe reconocer que no todo salió bien. El propio gobierno de Estados Unidos busca corregir por todos los medios a su disposición dicha situación. El Plan para la Prosperidad ha sido la respuesta al daño causado a la economía y al tejido social de los países centroamericanos, con un énfasis en el tema de seguridad. Por eso la urgencia por establecer los mecanismos que frenen la corrupción, los flujos migratorios y el deterioro de las condiciones sociales de los pueblos.

Cuantas voces se alzaron contra la política del libre comercio. Recordar este proceso nos ayudará a comprender mejor nuestra tragedia. Que los esfuerzos de la gente que se opuso antes y se opone ahora, no sean en vano. Hay que seguir en contra de las políticas neoliberales. Los parches que ahora pretende imponer el Plan para la Prosperidad no solucionan de raíz la problemática estructural que vivimos en la región centroamericana. Quizás el senador Bingaman este arrepentido por no haber presentado la enmienda en aquel momento. Ahora reconstruir lo destruido constará más.

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