Recuperar la AEU 2017-2019

Juan Pablo Muñoz

Actualmente, está en curso un proceso electoral tendente a elegir al grupo de estudiantes sancarlistas que ocupará el secretariado de la Asociación de Estudiantes Universitarios “Oliverio Castañeda de León” (AEU) para el periodo 2017-2019.

Los retos de este proceso son múltiples y complejos y se presentan en tres distintas etapas: durante el proceso electoral, al momento de asumir los puestos las y los miembros de la planilla electa y durante su gestión. Cada uno requiere de equipos de trabajo fuertes, honestos y poseedores de habilidades políticas enormes, pero sobre todo de mucho conocimiento de la realidad universitaria y nacional.

Organización de una planilla… y de un equipo y plan de trabajo

La organización de una planilla para AEU requiere de mucho esfuerzo. En primer lugar, porque se necesitan 15 personas de al menos 8 unidades académicas distintas dispuestas a trabajar en equipo para impulsar en un mismo sentido un proyecto político estudiantil que se está formando sobre la marcha y contra reloj.

Desde hace más de 17 años, un grupo de mafiosos y mediocres tomó por la fuerza la sede de la AEU y desde entonces ha impedido elecciones limpias. Para ello, se ha valido de la treta, de la fuerza bruta y de la complicidad que le otorga el servilismo frente a decanos y rectores con los que ha pactado para hacer negocios turbios dentro de la Universidad a cambio de un vergonzoso silencio ante la corrupción e inoperancia del Consejo Superior Universitario y de las Juntas Directivas de Escuelas y Facultades.

Estos más de 17 años han desarticulado al menos a 3 generaciones de estudiantes que desconocen qué es un movimiento universitario serio, honrado e inteligente que tenga ante sí la tarea de construir a mediano y largo plazo un proyecto universitario integral coherente.

Han sido más de 3 lustros en los cuales las alianzas de distintos líderes, lideresas y agrupaciones estudiantiles se han centrado en los feudos de las unidades académicas y coyunturalmente se ha trascendido de estos, pero sin sostenibilidad en el tiempo.

Pero además, este periodo de franca decadencia del movimiento estudiantil lo ha convertido en el blanco de la desconfianza del estudiantado, cuando no en un hazmerreír, por lo que hoy campea la crítica y la apatía ante cualquier esfuerzo por pensar y hacer una mejor casa académica desde la actividad política del estudiante.

Así, los y las estudiantes se encuentran alejados del quehacer político universitario y los liderazgos conscientes y consecuentes están fragmentados, sumidos en pugnas y desconfianzas mutuas, por lo que ante este umbral que se abre están desorganizados y temerosos unos de otros.

El principal reto, pues, en este momento del proceso de recuperación de la AEU es generar alianzas compatibles con principios de democracia, transparencia y bien común, con énfasis en una búsqueda de legitimación amplia y de construcción de un plan de trabajo que ofrezca respuestas viables a los grandes nudos problemáticos de la Universidad de San Carlos.

Elecciones, resultados y toma de posesión

Supuesto el caso de que puedan ser superadas las luchas intestinas entre las agrupaciones que tienen planteamientos democráticos de cara al proceso electoral en cuestión, conformándose así al menos dos equipos de trabajo digno y efectivo, con proyectos claros y con estrategias electorales capaces de sensibilizar a una buena proporción de estudiantes para que voten por ellos, se viene ante así una serie de retos aún más graves.

El primero, es que las autoridades universitarias cumplan con facilitar que el proceso se lleve a cabo, dado que la infraestructura electoral que se necesita no se puede abstraer del concurso del gobierno universitario aunque deben dejar en claro su total autonomía política. Las elecciones implican padrones electorales, mobiliario y sobre todo respeto y respaldo al Consejo Electoral para que pueda conducir esta etapa.

Llegado el día de las elecciones, se necesitará que la seguridad universitaria esté atenta ante los seguros atentados que los criminales de la actual AEU realizarán, independientemente del monitoreo de organizaciones externas (de Derechos Humanos, por ejemplo). Además, tras el sufragio corresponde todo el procedimiento relativo a las acreditaciones de la planilla triunfante, por lo que el Consejo Superior Universitario y la administración de rectoría deberán respetar los resultados y proveer de las credenciales necesarias al nuevo secretariado para que pueda empezar a ejercer su papel de sujeto activo institucional dentro de la vida política de la USAC.

Como ya hemos dicho, esta etapa contiene la amenaza de que la seguridad universitaria está militarizada y que tiene contubernio con la mafia que ocupa la sede de la AEU; esta situación no es desconocida para el Rector y su equipo de trabajo, quienes no solamente la consienten, sino que la promueven. Es sabido el temor que muchos miembros del CSU le tienen a miembros visibles de la actual AEU no solamente porque andan armados dentro de la USAC y cuentan con su propio circuito de seguridad (léase matones a sueldo ligados a las ventas de licor circunvecinas al Campus Central y otras instalaciones universitarias), sino porque si esta mafia es desamparada podría amenazar la gobernabilidad e incluso la reputación de los sectores más corruptos del gobierno universitario.

La sede de la AEU, ubicada en el corazón del Campus Central es más que un espacio físico, un símbolo de poder, por lo que los bandidos que ahora la ocupan difícilmente la abandonarán en forma civilizada y amedrentarán al Rector para que se haga de la vista gorda frente a potenciales actos de violencia cuando se les exija que la desocupen.

El gobierno estudiantil

Ninguna generación de estudiantes desde 1998 ha considerado en serio la posibilidad de ejercer gobierno universitario estudiantil desde la Casa de Oliverio Castañeda. Como ya se indicó, ello ocurre por el temor que provoca el crimen organizado que se niega a salir de la AEU.

Supuesto el caso de que las autoridades universitarias se comporten a la altura y respalden jurídico-administrativamente al nuevo secretariado, lo cual implica que puedan tomar control de la sede de la AEU, sobrevendrá un periodo de retos, los cuales es imposible de prever. A grandes rasgos, pueden hacerse algunas suposiciones sobre los principales:

Tomarse un periodo de al menos 3 meses para conocer la situación legal, material y financiera de la Asociación, promoviendo las acciones penales correspondientes en contra de los usurpadores que por tanto tiempo la monopolizaron.

Afinar el plan de trabajo que los llevó a la AEU, demarcando específicamente las acciones en un doble ámbito: el propiamente universitario, que consiste en dar acompañamiento y respuesta a las demandas propiamente estudiantiles; y, el político nacional, que consiste en ubicar a la nueva AEU en el marco de las luchas nacionales en contra de la injusticia y de la impunidad. Debe haber personas especializadas para cada uno de los ámbitos porque se requiere de conocimientos y habilidades específicas para cada uno.

Restablecer las alianzas que una Asociación de esa magnitud puede y debe tener tanto en los frentes internos como externos de acción política que se le exigen.

Generar mecanismos de comunicación entre la Asociación y el estudiantado para conocer sus demandas y ganar legitimación.

Dar pasos efectivos para ser reconocidos como institucionalidad estudiantil, rebasando los planos discursivos, decidiendo en qué procesos involucrarse, cuáles de ellos liderar y cuáles solamente acompañar.

Lo anterior es un plan mínimo de lo que se espera de un nuevo secretariado de la AEU que tiene ante sí la doble tarea de recuperar el máximo órgano de representación estudiantil, a la vez que lo replantee o refuncionalice, para que emerja a la vida política del país.

Juan Pablo Muñoz

Investigador, aprendiz de historiador, casi abogado y en proceso de ser comunicador. Actualmente se desempeña como metodólogo del ICCPG y coordina el programa de Estudios sobre el poder.

Fotografía Mauro Calanchina
www.ceppas.org.gt

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