Babas de caracol en la pared

Jorge Mario Salazar

Han pasado treinta meses desde que Jimmy Morales asumió la presidencia de Guatemala. Treinta meses de que la política pública empezara a caminar a gatas y a ciegas. Solamente algunos ministerios han logrado movilizar recursos, pero esto, debido a que los nombrados han sido respaldados por otros factores de poder, menos por el presidente del Ejecutivo, quien prefiere hacer las del avestruz cada vez que hay conflictos y luego pronunciar sandeces cuando se le acerca un micrófono y se acuerda de su investidura.

Si algo marcará este período presidencial en la historia, será la lucha a brazo partido del Ministerio Público acompañado de la Cicig, para desmontar los terribles grupos del crimen organizado que cooptaron las instituciones del Estado desde la contrainsurgencia y que hicieron crisis durante el gobierno del binomio Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, quienes llevaron sus alianzas con todas las conexiones corruptas, para la conformación de un Estado al servicio de los criminales. Los miles de millones de quetzales, de fondos públicos despilfarrados en beneficios personales e individuales de las redes de exfuncionarios tendrán un costo para el desarrollo socio económico del país, como se aprecia en el colapso de las carreteras, y de los sistemas de salud, educación y las cárceles. Ni siquiera pensar en la seguridad social, en donde quedan vidas destruidas y una financiación sin futuro para los afiliados.

Sólo esa lucha contra las estructuras mafiosas le han dado nombre al país en estos 30 meses en los cuales, el papel del presidente ha sido querer borrar las acciones anticorrupción y asumir una beligerancia anti Fiscal General y anti Cicig. Triste memoria tendremos los guatemaltecos de un presidente, no solamente pusilánime e ignorante, sino además avaricioso, corrupto y malintencionado. Porque durante los últimos meses, animado por los asesores espurios que obtiene entre la clientela de exmilitares corrompidos, traficantes de influencias de tercer nivel y delincuentes de otros cárteles de todas las ramas del crimen organizado, intenta levantar banderas en contra de lo que él llama injerencia externa.

A pesar que en estos 30 meses no hemos visto florecer una bandera que promueva y fomente la unidad nacional, con una propuesta programática de por lo menos 3 puntos concertadores, la crisis política no puede ser resultado más que de las acciones de las élites dominantes y del gobierno central. El Ejecutivo, fragmentado entre un presidente ignaro, y una multitud de funcionarios irresponsables incapaces de ejecutar por miedo de consecuencias administrativas. Que renuncien, entonces. El Organismo Legislativo viviendo en la anomia, donde los diputados, al no poder repartirse el presupuesto de obras municipales, se pelean por salarios y defienden para sí, lo que no han sido capaces de pelear para sus votantes. La ciudadanía los desprecia y les exige la dimisión. Un Organismo Judicial en el que perviven, como hongos malignos, los trances del dinero mal habido que ponen a la señora de los ojos cubiertos a jugar malabares con la balanza de la justicia. De cada tres jueces, dos son cuestionados por alguna actuación dudosa.

El sistema político de representaciones que se pervirtió por la presencia militar contrainsurgente y por su necesidad de esconder crímenes de lesa humanidad y de delincuencia común con el que se enriquecieron militares y empresarios, se derrumba incapaz de reproducirse sin aplicar extrema violencia. Así amenazan sus dogos y sus operadores, desesperados.

Ese sistema está llegando a su final y los guatemaltecos no parecemos preparados para la alternativa. Pero solo hay un camino posible y exige una alta responsabilidad de los sectores pro reforma del Estado, de bajar banderas idiotas y de estrechar acercamientos con el objetivo común de darle el empujón final a los corruptos, ladrones y criminales que se enseñorean sobre las ruinas de nuestra sociedad. Será cosa de tiempo pero hay 18 meses para afinar puntería y sea porque este gobernante llegue o no al final de su mandato, tendremos que tener una ventana política abierta.

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