Ciclos calendáricos y punto aparte

Edgar Celada Q.
Periodista
eceladaq@gmail.com

Unos más que otros, todos somos súbditos o rehenes de los ciclos calendáricos.

Así, según se lee en Wikipedia, nuestros ancestros mesoamericanos (mayas incluidos) iniciaron su primera cuenta larga en 13(0) baktun, 0 katun, 0 tun, 18 (0) uinal, 0 kin, 4 ahau y 8 cumku correspondiente, dice la misma fuente, al 11 de agosto del año 3,114 antes de Cristo, en el fechamiento del calendario gregoriano.

Nos rige el año calendario, pero también el calendario escolar (vacaciones de junio incluidas), el calendario fiscal y bastantes relaciones interpersonales se rigen por el calendario lunar (dependen de en qué luna amaneció la o él interlocutor).

Pero de todos los calendarios tal vez el más esperado por un número creciente de guatemaltecas, guatemaltecos y ciudadana/os de otras colindancias, es el ciclo de la lecturas marcado anualmente por la Feria Internacional del Libro en Guatemala, que a partir del próximo jueves 13 de julio inicia su XIV edición.

Si bien FILGUA no es el único marcador calendárico en nuestros ciclos de lectura, viene a ser una suerte de macro mojón gracias al cual podemos hacer corte de caja, balance y proyección en ese placer tan humano de “meterse de cabeza” entre las páginas de un libro.

¿Irá este año a la Feria del Libro? Como seguramente es algo ya decidido, la ocasión también es propicia para ver hacia atrás: ¿qué leyó, a quién leyó, cuánto leyó? Preguntas obligadas en este tiempo de brevedad, que quisiera condenarnos al analfabetismo funcional.

Cada quién hará sus propias cuentas de lo ocurrido entre la FILGUA XIII y la FILGUA XIV, de lo que quiso leer y leyó, pero también de lo que quedó en espera, en el anaquel de la biblioteca familiar, o en la esperanza de encontrar este año en la feria ese libro escurridizo, y mejor si está en oferta.

Sería pedante enumerar las propias lecturas a lo largo de los dos semestres que corren entre una y otra FILGUA, pero es lícito hablar de ésta como el lugar a donde acudimos a buscar novedades –o antigüedades ignotas– de nuestros autores de cabecera, el espacio donde solemos encontrarnos con esas amistades a quienes vemos, a muchas de ellas una vez al año, precisamente ahí, en los pasillos de la feria.

Encuentro obligado, en 2017, con Miguel Ángel Asturias, a quien merecidamente se dedica la FILGUA: hágase el propósito de leer (o releer) al menos una de sus obras. Descubra, o reconfirme, por qué hace 50 años le confirieron el Nobel de Literatura.

Dicho lo anterior, llega el punto aparte que titula esta columna Mirador de Kaminal, la última a publicarse en Siglo.21.

La tercera época de estos artículos inició aquí en agosto de 2015, en medio de la pleamar ciudadana que nos hizo soñar en la posibilidad de un cambio profundo en el país. Transformación que suponíamos también posible en este diario. Pero el alfaque de la historia lo ha llevado a donde no debía, y no es posible ir más allá del número 100 al que llegan hoy estos escritos semanales. Gracias a quienes tuvieron la paciencia de leerlos.

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