La batalla climática continúa sin Estados Unidos

Martin Khor

Tan inquietante como el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París fue el discurso de Donald Trump para justificarlo, plagado de conceptos erróneos.

Por ejemplo, el presidente estadounidense dijo que el Acuerdo de París sólo produciría una reducción “minúscula” en la temperatura global para el año 2100. Pero los científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) indicaron que Trump malinterpretó su estudio. “Si no hacemos nada, se podría disparar cinco grados o más y eso sería catastrófico”, dijo John Reilly, codirector del programa del MIT.

La condena no se hizo esperar. “Nos ha convertido en un paria medioambiental en el mundo… Puede ser la acción más autodestructiva de la historia de Estados Unidos”, comentó el ex secretario de Estado John Kerry.

En un mundo tan dividido, el Acuerdo de París sobre el cambio climático era una de las pocas áreas de consenso mundial. El hecho de que Estados Unidos se retire de ese consenso tan arduamente logrado es una abdicación no solo de su liderazgo, sino de su pertenencia a la comunidad internacional en su esfuerzo para enfrentar la más grave amenaza a la supervivencia.

Los errores de apreciación y la estrechez de sus preocupaciones quedaron claramente en evidencia en el discurso de Trump. Se mostró más interesado en revivir el sector del carbón que en las industrias de energía renovable, de rápido desarrollo.

Estaba convencido de que reducir las emisiones costaría millones de empleos, ignorando que otros países han desacoplado el crecimiento de las emisiones del crecimiento económico.

Se quejó de que a Estados Unidos se le pide que haga mayores esfuerzos, cuando en realidad sus promesas son significativamente más bajas que las de Europa.

Con o sin Estados Unidos, las negociaciones sobre cómo implementar el Acuerdo de París sobre el cambio climático continuarán en los próximos años. Como debe esperar cuatro años para que el retiro anunciado entre en vigor, seguirá dentro del Acuerdo por el resto del mandato de Trump.

Puesto que Trump ha dejado claro que Estados Unidos abandonará el pacto y ya no suscribe sus promesas de reducción de emisiones ni cumplirá su aporte al Fondo Verde para el Clima, sería extraño permitirle negociar con el mismo estatus que otros miembros que mantienen sus promesas.

Por último, la interpretación de Trump sobre India y China es verdaderamente injusta. China es el mayor emisor de dióxido de carbono en términos absolutos e India el tercero porque estos dos países tienen enormes poblaciones de más de mil millones de habitantes cada uno.

En términos por habitante, las emisiones de dióxido de carbono en 2015 fueron 16,1 toneladas para Estados Unidos, 7,7 toneladas para China y 1,9 toneladas para India.

Sería injusto pedir a China e India que tuvieran el mismo objetivo de mitigación que Estados Unidos.

El New York Times comparó la reciente actuación de India y China con las acciones de Estados Unidos bajo la Presidencia de Trump, en un editorial del 22 de mayo.

La reputación de China e India como obstáculos en la lucha contra el cambio climático “parece mucho anticuada ahora que ambos países han acelerado considerablemente sus inversiones en fuentes de energía renovable rentables y han reducido su dependencia de los combustibles fósiles”, sostiene y asegura que ahora es el país de Donald Trump el que se encuentra rezagado.

Esperemos que la ausencia de Estados Unidos de la lucha contra el cambio climático solo sea de cuatro años, o menos.

Martin Khor es director ejecutivo del Centro del Sur, una organización intergubernamental de países en desarrollo, con sede en Ginebra.

http://agendaglobal.redtercermundo.org.uy/

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