El culto al running… en la ciudad neoliberal

Enric Llopis
Rebelión

Un estudio de Cinfasalud avalado por la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED) sitúa la popularización del running (carrera deportiva) en los años 70 del siglo pasado, en Estados Unidos. Precisamente en 1970 se celebró en Nueva York la primera maratón popular, con la participación de 127 personas. Actualmente participan en la misma prueba más de 50.000 corredores. Competiciones de estas características se han ido popularizando y extendiendo por el mundo, hasta convertirse en masivas. Por ejemplo, en el estado español: el número de runners se ha triplicado en el último quinquenio, según afirma el estudio en su parte introductoria. Está previsto que se celebren en España más de 30 maratones en 2017, además de un buen número de pruebas menores.

¿Qué se esconde tras esta moda? ¿Cuál es la diferencia con el sencillo acto de calzarse un pantalón corto, una zamarra y salir a un parque urbano a ejercitarse? El ensayo de 87 páginas “Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial”, del historiador y bibliotecario Luis de la Cruz (Madrid, 1977), se adentra en la materia. Sólo en España el running representa un negocio de cerca de 300 millones de euros anuales (según la consultora NPD Group), se celebran anualmente miles de carreras y proliferan las agencias de viajes especializadas para corredores. Se dirigen a los clientes interesados en el running tour.

Luis de la Cruz, también autor de “En la batalla urbana. Lucha de clases y gentrificación en Madrid”, sitúa la tendencia en el contexto de la ciudad (temática) global: un aeropuerto internacional, centros de convenciones, rascacielos del último arquitecto-franquicia, lugares donde comer la mejor hamburguesa… Además, tampoco hace falta referirse exclusivamente a las grandes maratones de Nueva York, Boston, Londres, París, Roma o Berlín. La ciudad de San Sebastián también se vende como “hecha para correr” e “ideal para recorrerla corriendo”.

El libro publicado por la editorial jienense Piedra Papel aborda el running como metáfora de las derivas de la ciudad actual. “Por supuesto no se dice nada contra la gente que sale a correr, una actividad que se ha realizado toda la vida; pero ciertamente el running es un deporte funcional a las lógicas neoliberales”, apunta Luis de la Cruz en el Centro Social Okupado La Fusteria de Valencia. Se trata de lograr la productividad máxima de las personas y los cuerpos incluso fuera de la jornada laboral, de ahí que haya quien practique el running a altas horas de la madrugada. Al igual que se consume en supermercados abiertos durante todo el día. Y pueden alcanzarse grados extremos de mercantilización. Es el caso del profesor que imparte clases en una escuela de negocios, y en sus diapositivas y “PowerPoint” pone al corredor de fondo como ejemplo de superación personal.

El colaborador del periódico “Somos Malasaña” y autor del libro “Curas, estudiantes y rockeros. Estampas históricas de todas las malasañas” rastrea ejemplos como el de la carrera Nike 10K, celebrada al mismo tiempo en diferentes ciudades de América Latina. Todos los participantes lucen una camiseta del mismo color, con un dorsal distintivo pero en todo caso con el anagrama de Nike. Esta compañía rebusca en todo el mundo para idear sus campañas publicitarias. En 2013 Nike hizo uso de imágenes de corredores rarámuris (pueblo nativo del norte de México) en el anuncio titulado “Correr está en el ADN de todos los mexicanos”. Filmes, spots y múltiples seguidores del planeta running se abalanzaron también sobre la figura de Abebe Bikila, el corredor que, descalzo, ganó la maratón de las olimpiadas de Roma, en 1960. Uno de los paradigmas de la su0peración. Según el antropólogo Manuel Delgado, “el cuerpo del deportista es un cuerpo radicalmente domesticado, en que cada milímetro de piel, cada músculo, cada articulación, han sido sojuzgados a los principios de la armonía y del orden racional”.

Sobre el afán de superación escribió Friedrich Nietzsche en “Así habló Zaratustra”. Expresó ideas como las siguientes: “Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras; y la paz breve, más que la duradera. No os exhorto a que trabajéis, sino a luchar”; o bien, “cuando despreciáis lo agradable y la molicie, y no podéis soportar a los blandos, estáis presenciando el origen de vuestra virtud”. La cuestión también motivaba al actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en 1983, año en que desempeñaba el cargo de regidor de Alianza Popular en Pontevedra. En un artículo publicado en “El Faro de Vigo”, Rajoy criticaba la noción de igualdad defendida por las izquierdas. El ánimo de ganar unas olimpiadas, pulverizar marcas, luchar por el poder, conseguir honores y premios… “Todo ello constituye demostración matemática de que el hombre no se conforma con su realidad, de que aspira a más, de que busca un mayor bienestar y además un mejor bien ser, de que en definitiva, lucha por desigualarse”, afirmaba Rajoy.

Luis de la Cruz engarza el running con determinados procesos urbanos del mundo occidental. El historiador recuerda que en 2001 el 5,9% de las familias de Estados Unidos residía en comunidades encerradas por muros, y varios millones en edificaciones con controles de acceso. Desde los años 90 del siglo XX, en Europa menudean las urbanizaciones para las capas medias y las clases populares que se basan en el modelo norteamericano, pero con un perfil vertical. En la ciudad neoliberal cobran sentido los Programas de Actuación Urbanística (PAU), célebres en Madrid. De la Cruz describe las consecuencias de estas iniciativas: “Grandes manzanas que dibujan una cuadrícula de calles enormes, áridas para el paseo y adecuadas para el coche, tal y como soñaron Le Corbusier o Lloyd Wright”. Cámaras de seguridad, vigilantes jurados, compras en las superficies comerciales, proscripción de la vida en la calle, centros históricos mutados por la gentrificación y convertidos en parques temáticos, términos como “clases creativas”, “networking”, “afterwork” o “shopping”… Y el running, que según de la Cruz, nació para las anchas aceras de los suburbios estadounidenses, creció -a través de las maratones- en la ciudad-espectáculo y hoy se despliega en los parques de las zonas comerciales y de ocio.

Correr en la urbe se considera una actividad interclasista, y asociada en muchos casos a la figura del emprendedor, a los libros de autoayuda y al “management”. El runner es perseverante, se apoya en el pensamiento positivo, se marca metas y busca constantes elementos de motivación. Luis de la Cruz menciona la existencia de revistas especializadas y libros de éxito, como “Running Lean”, de Ash Maurya, que desarrolla métodos para “startups” (negocios emergentes) con los fundamentos del running. Escuelas de negocios cuentan con equipos de runners, y se organizan eventos con el título de “Running to the future” o “Carrera del emprendedor”. Pero más que un deporte atravesado por una componente clasista, ocurre que son las clases dominantes quienes controlan el discurso sobre las carreras, “y lo utilizan para reproducir su narrativa de dominación”.

Hay carreras benéficas, y otras de carácter popular, por ejemplo las organizadas por las asociaciones vecinales en la década de los 70. En Euskadi, también en defensa de la lengua propia, a partir de 1980. El autor de “Contra el running” recuerda el caso de Siabatou Sanneh, mujer de Gambia que en 2015 participó en la maratón de París calzada con sandalias y un bidón de agua en la cabeza. Así quería dar a conocer el gran trecho que muchas mujeres africanas han de recorrer para obtener recursos hídricos. Sin embargo, el discurso asociado hoy al running es el del corredor “como ente individualista, en dura competición con el mundo a través de su propia competencia interna”, concluye Luis de la Cruz. La apuesta es del proyecto editorial independiente Piedra Papel, dedicado al ensayo político, la historia, el relato, la poesía y el fanzine. Su línea editorial puede resumirse en pocas palabras: “Sobrevivir en el desierto sin la ayuda de las instituciones ni vegetar bajo el subsuelo de la industria cultural, sino hacerlo fértil”. En su catálogo figuran el fanzine “Cotarro”; y títulos de libros como “El orden reina en Berlín”, de Rosa Luxemburgo; “El problema del poder en la revolución”, de Andreu Nin; y “Hartémonos de amor ya que no podemos hartarnos de pan”, de Layla Martínez, entre otros.

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