Wal- Mart y la invención de la buena madre

Por: Gabriela Miranda García

Dedicado a mi madre, la mujer que me dio las alas. Gracias.

No me reclame niño si lo abandono
le peleo a la vida por usted tesoro,
no me reclame niño si me demoro.
¡Ay, qué camino tan desparejo,
la angustia cerca y mi niño lejos!

1. Si vamos a hablar de madres, hablemos de familias.

Este artículo es por el día de las madres, así que voy a comenzar hablando de una familia: los Walton.

Conocí a la familia Walton en Bentonville, un pueblo pequeño de Arkansas, EU. Son la familia dueña de Sam’s Club y de Wal-Mart. Los conocí porque su religión es la misma que fue la mía. Tenían un museo sobre sus logros como empresarios. En las rectas y aburridas carreteras de ese estado siempre hay un Wal-Mart enorme, azul y brillante a la entrada de cualquier pueblito, aunque este sea de muy baja población.

Estas empresas son famosas porque se supone que se lograron colocar en el mercado global con un capital muy bajo y crecieron enormemente, hasta llegar a ser en el 2002 la empresa más grande del mundo, actualmente con un patrimonio de 130 billones de dólares. Mucho se habla de sus exitosas estrategias de mercado: interés por el cliente, precios bajos, venta al mayoreo, ventas al menudeo a gran escala, relación fraterna entre el dueño y los trabajadores, etc. Poco se habla de las estrategias neoliberales que manejan y mucho menos de las consecuencias económicas para sus trabajadores y para los negocios pequeños y por lo tanto para las economías nacionales.

(I) Las empresas de los Walton no permiten la sindicalización, de hecho instruyen a empleados de rango medio para que socaven cualquier intento de organización.

(II) Los salarios de los trabajadores son muy bajos, eso provoca que los salarios en general, sobre todo de las comunidades pequeñas, bajen también: “Un estudio del National Bureau of Economic Research concluyó que se habían reducido los salarios de todos los miembros de una comunidad en un 5%, en todas aquellos lugares donde Wal-Mart había operado por 30 años.”[1] Es un empleo precario. Ha recibido denuncias por emplear menores de edad, inmigrantes ilegales y ha pagado las multas por ello. En algunos países no paga seguro social sino hasta que los y las empleadas cumplen dos años de servicio, aunque la mayor parte no permanece por la situación de bajos salarios y nulas prestaciones.

(III) Esto hace que Wal-Mart pueda bajar los costos de sus productos, por lo menos por algún tiempo. El propósito de esto es que los negocios más pequeños, nacionales o locales quiebren por no poder competir con la empresa. Cuando esto sucede Walmart los absorbe o estos simplemente cierran, entonces cuando ya no hay “competencia” el enorme súpermercado eleva sus precios. “La política agresiva de precios que Wal-Mart establece cuando abre uno de sus centros es muy difícil de seguir por los medianos y pequeños comerciantes de la zona. En el estado de Iowa, según un estudio publicado por su Universidad Estatal, el efecto económico se siente hasta 32 kilómetros a la redonda. Una típica tienda Wal-Mart crea 140 empleos en la comunidad donde se establece, pero a costa de destruir 230 empleos mejor pagados, según un estudio realizado por la Universidad de Dartmouth.”[2]

(IV) Walmart puede vender productos a bajo costo porque mantiene relaciones comerciales con fábricas y maquiladoras de países empobrecidos, que contratan trabajadoras y trabajadores casi en situación de esclavitud, estas empresas fabrican productos especialmente para el supermercado: “El Instituto de Política Económica (EPI por sus siglas en inglés) considera que sólo el déficit comercial que ha producido Wal-Mart en su relación con China ha eliminado o desplazado más de 400,000 empleos estadounidenses entre 2001 y 2013.”[3] En un artículo de Forbes se afirma que “la empresa cuenta con 4 500 proveedores directos de campo y mar, al tiempo que tiene 15 plantas de producción en Centroamérica.”[4]

En octubre del 2016 Wikileaks dio a conocer la importante relación entre los Clinton y los Walton (Arkansas es el estado de origen de Bill Clinton y también el lugar de ubicación corporativo de la empresa familiar, Wal-Mart). Ya cuando Hillary Clinton fue la Primera Dama en Arkansas, fue integrante de la junta directiva de Wal-Mart. Será por ello que Wikileaks filtró la información que La hija de Sam Walton, Alice Walton, y su nieto, Sam Rawlings Walton, donaron $353,400 al Hillary Victory Fund[5]. También en Wikileaks se afirma que dentro de la corporación Wal-Mart se encuentran ex miembros y funcionarios del FBI, de la CIA y militares de los Estados Unidos, en algunas de las conversaciones por correo electrónico tocan temas como la escasez de municiones, las actividades de los defensores del medio ambiente y del programa de asesinato de la CIA.[6]
2. Un Estado sin mujeres, solo madres.

Pero la verdad es que este artículo está dedicado a la maternidad, para ello, antes debo decir, que bajo esta lógica de mercado de precios bajos, Wal-Mart terminó de absorber a la empresa “mexicana” Aurruerá en el año 2000. Mientras que en Guatemala para 2006 ya poseía el 51% de las acciones de Central American Retail Holding Company (CAHRCO)[7], la expresión corporativa para centroamericana del Grupo la Fragua de la familia Paiz y sus tiendas ClubCo, Hiper Paiz Supertiendas Paiz, MaxiBodegas y la Despensa Familiar. De esa cuenta, surge Wal-Mart México y Wal-Mart Centroamérica, ya con una sola imagen publicitaria.

Para esta expansión los Walton han tomado la estrategia corporativa de abrir supermercados con productos a bajo costo de la canasta básica en sectores de bajos recursos o con menos densidad de población. Estos supermercados tienen un personaje en común: Mamá Lucha, “la campeona de los precios bajos”. Ella esta vestida como una luchadora de “lucha libre mexicana”, es rellenita, simpática, con su pelo recogido, como cualquier estereotipo de madre trabajadora, de las que se levanta temprano, prepara el desayuno y sale a jugársela en la calle, de esas, de las que estamos orgullosas y a quienes, merecidamente, celebramos hoy.

Un artículo publicado en la revista Forbes de febrero de 2017, nos explica: “El personaje de ‘Mamá Lucha’ apela al sentimiento de las amas de casa centroamericanas para quienes el bienestar de su familia es primordial y está ligado a las marcas de Palí y Despensa Familiar, que han sido los referentes de precios bajos de la canasta básica”.[8]

La maternidad es una idea, es un concepto habitado por las mujeres-madres. Una idea revestida de imperativos morales patriarcales. Es decir, las mujeres-madres están obligadas a ejercer una determinada idea de maternidad. Fue hasta el siglo XIX y XX cuando la maternidad se glorificó. Para las clases altas de esta época…

el cuerpo de la madre se convirtió en la matriz del cuerpo social (…) la consagración total de la madre a su hijo, se convirtió en un valor de esta civilización y en un código de buena conducta.”[9]

La idealización de la maternidad tuvo como propósito garantizar la subordinación voluntaria de las mujeres al reconocer éstas la “inferioridad” de sus cuerpos y de su participación política: la maternidad como destino se colocó en debate público: el deber de las mujeres en los estados modernos era educar ciudadanos de bien. Así las mujeres comenzaron a su vez, a ser educadas como laboriosas, piadosas, tiernas, abnegadas, ahorradoras o diligentes en beneficio de la Patria y la familia; de ahí las imágenes de la Madre Patria, nutricia y protectora. Una imagen materna muy centrada en la figura de la esposa y cada vez más aislada de la familia extendida y de la comunidad de mujeres, así la maternidad moderna, entra en escena.

Entonces la función reproductora de las mujeres se convierte en una impronta, esperable para la sociedad y deseable para las mujeres, siempre subordinada a los límites impuestos por el patriarcado. Esta impronta se logra a través de la sublimación -como diría Gramsci- de la maternidad, sacándola de su realidad socio-histórica, y elaborando un modelo riguroso, que si bien se amolda a los cambios sociales, mantiene su estructura primaria de subordinación, transmisión de valores capitalistas y patriarcales y ejerciendo un trabajo no asalariado como una mera servidumbre voluntaria, como la llama Silvia Federici. Porque la maternidad no sólo es el parto y la lactancia sino que se prolonga temporal y emocionalmente en una consecución de labores, que van desde trasmitir valores sociales hasta garantizar el éxito de los hijos.

La idea de maternidad y su obligatoriedad es la instrumentalización del poder reproductivo de las mujeres y por lo tanto, es la confirmación del despojo de nuestros cuerpos. La reclusión de las mujeres a lo doméstico implica que están fuera de la toma de decisiones sobre sus derechos políticos y personales y que no son dueñas de ningún medio de producción, por lo que se ven obligadas a mantenerse dentro del yugo patriarcal y capitalista. La reciente incorporación de las mujeres a los mercados laborales no ha resuelto este problema, ya que la misma maternidad obligatoria es pretexto para tener salarios más bajos que los hombres, además de mantener dobles jornadas laborales que les impiden menos aún tener la posibilidad de organizarse.

3. Mujeres-madres y amor: la servidumbre voluntaria se capitaliza

Entonces, ya vimos como la idea de maternidad se utilizó en los siglos XVIII y XIX para mantener a las mujeres dentro del ámbito de lo doméstico, aunque la idea de maternidad es anterior a esto y tenía que ver básicamente con un modelo de desarrollo capitalista de acumulación que fomentó un trabajo no asalariado, lo que ya hemos nombrado como servidumbre volunatria. Como también mantuvo la ideología de la diferencia entre trabajo mental y físico, entre trabajo productivo y reproductivo, primando a uno sobre otro. De hecho, la división sexual del trabajo, por géneros, es anterior a la división social del trabajo, es decir que fue la primera desigualdad y se basó en una ideología que afirma que existen cuerpos subordinados y por lo tanto seres naturalmente inferiores.

Las mujeres y su trabajo gratuito y heterodesignado, beneficia al sistema capitalista que lo acumula. Si las mujeres recibieran un pago por su trabajo los dueños de las empresas tendrían que, como mínimo doblar el salario masculino para poder cubrir los productos creados con el trabajo doméstico como el cuido de los hijos, la comida y aún la vida sexual, así que el trabajo no asalariado de las mujeres, realmente es acumulado por el capital. O bien, los Estados (de bienestar) tendrían que cubrir estos costos, por ejemplo el tiempo empleado en el cuidado de las personas con alguna discapacidad o enfermas, qué las mujeres hagan estos trabajos le ahorran millones a los gobiernos.

El trabajo gratuito de las mujeres, desde preparar la comida, cuidar enfermos hasta organizar el cumpleaños de un compañero de la oficina, tiene que ver con una división sexual del trabajo que mantiene relaciones de desigualdad de clase sexual, porque los trabajos de las mujeres aunque son sublimados como hermosos, indispensables o celestiales, casi siempre son gratuitos o mal pagados.

Estas razones, más otras que no se mencionaron, hacen que el modelo materno de sumisión se publicite, se refuerce y se mantenga, es un modelo muy funcional que sostiene desigualdades históricas. La imagen materna entonces, no solo le favorece al mercado el Día de las Madres para consumo como ya sabemos, sino que es un referente básico para mantener relaciones de acumulación de capital, por eso la mayor corporación de supermercados del mundo la usa para su publicidad a la vez que la legitima.

Así como los estados modernos y sus sociedades se beneficiaron con el ideal materno, al recluir a las mujeres a sus casas y a las labores domésticas, así también, una cadena comercial como Wal-Mart se vale de esto para obtener beneficios directos: la venta de sus productos y ocultar su rapiña bajo la idea de precios solidarios con las madres trabajadoras. La cadena de súper mercados Wal-Mart recurre a este aprendizaje: la madre fuerte, abnegada, valiente que lucha por su familia, utilizada para “apelar al sentimiento” o más vale decir, comercializar con el aprendizaje patriarcal e institucional de la maternidad.

4. La maternidad y la desigualdad también entre mujeres.

Las mujeres de clases altas tienen además el deber de asegurar una descendencia legítima en sus redes familiares con la acumulación de capital y de medios de producción y en muchos casos, la blancura. Por ello la familia es un valor meramente burgués y oligarca al que nos acogemos como sociedad.

Aunque ahora no lo podamos ver, es necesario reconocer que esta subordinación de las mujeres a la maternidad patriarcal no fue automática ni libre tampoco espontánea, como ninguna subordinación lo es, requiere de un despojo previo, represión, vigilancia y de pactos interclase que la mantengan. La celebración del Día de las Madres o del Día de la Mamá, es la verificación del triunfo de esta idea en la historia. Es por ello que las mujeres que no cumplen con este imperativo patriarcal, que habilitan alguna desviación o ejercen una verdadera confrontación con este rol, son censuradas, reprimidas, mal vistas, criticadas y aún castigadas, social e incluso penalmente. Las otras mujeres, las que no son funcionales: las prostitutas, las lesbianas, las solteras, aquellas que abortaron, las que no son madres, son acusadas de brujas, solteronas, regañonas, infanticidas, putas, rompehogares, aunque simplemente develan las resquebrajaduras del sistema capitalista y patriarcal y sobretodo confirman que existen negaciones a sistemas que se presentan a sí mismos como deseables.

Además, mantener la imagen de madre abnegada, sacrificada y como destino único de las mujeres, hace que existan desigualdades entre las propias mujeres, entre aquellas que cumplen satisfactoriamente con ese rol y aquellas que se niegan a hacerlo: las morales y las inmorales, las que merecen una celebración y las que no.

***

Pues bien, todo esto para decir que aunque nos cuesta verlo existe una relación entre la acumulación capitalista y la subordinación de las mujeres. Cuando escucho la afirmación de que Mamá Lucha apela al sentimiento de las amas de casa, reconozco una afirmación clasista y una afirmación patriarcal. Podríamos sospechar de esta imagen materna cuando viene promovida por una empresa que atenta en contra el bienestar de la humanidad, por eso decidí hablar antes de la familia Walton y de sus turbios recursos empresariales, para evidenciar a quienes les ha favorecido históricamente mantener una imagen de madre abnegada.

Por supuesto que existen maternidades voluntarias, por supuesto que tener hijos e hijas es un acto de profundo amor por la humanidad, las madres como tales, son quizá una de las pocas reservas de humanidad y generosidad que nos quedan. Hoy agradezco a las madres, a las mujeres que tomaron este desafío de crianza, de cuidado y hasta de sacrificio. A aquellas que de verdad luchan por el sustento suyo y de su familia, a aquellas que luchan por las mejoras para su comunidad, a aquellas que siendo madres solteras enfrentaron el estigma social, como mi propia madre.

Escribo esto porque abogo por una humanidad centrada en el cuido colectivo y amoroso que no implique el sacrificio de nadie ni la apropiación de sus cuerpos. Escribo esto porque abogo por mujeres-madres libres de un concepto de maternidad patriarcal y capitalista.

[1]http://www.eldesconcierto.cl/2014/12/17/el-escandaloso-modelo-de-negocios-de-la-multinacional-wal-mart/

[2]http://www.compromisoempresarial.com/rsc/2006/03/wal-mart-fangel-o-demonio/

[3]http://aristeguinoticias.com/1310/mundo/documentos-filtrados-por-wikileaks-ventilan-relacion-de-clinton-con-walmart/

[4]“Mamá Lucha conquisa el Itsmo” en Forbes, 33, febrero 2017, Vol III.

[5]http://aristeguinoticias.com/1310/mundo/documentos-filtrados-por-wikileaks-ventilan-relacion-de-clinton-con-walmart/

[6]https://www.dailydot.com/news/wikileaks-stratfor-walmart-per-bank/

[7] CAHRCO es una alianza en partes iguales, establecida en 2001 entre la familia Paiz, la gigante holandesa Royal Ahold, y Corporación de Supermercados Unidos –CSU- de la familia costarricense Uribe Pagés.

[8]“Mamá Lucha conquisa el Itsmo” en Forbes, 33, febrero 2017, Vol III. (subrayado es nuestro)

[9]Yvonne Knibiehler, Historia de las madres y la maternidad en Occidente, Buenos Aires: Nueva Visión, 2000: 56.

Fuente CMI-Guate

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