Los instrumentalizados

Por Jairo Alarcón Rodas

En toda acción perversa siempre hay un hechor responsable pero, muchos de los actos siniestros ocurridos a lo largo de la humanidad, han sido perpetrados con el apoyo de más de una persona. Es más, sin la participación de las masas, esos actos no hubieran sido posibles. Son esos, los instrumentalizados, los que quizás sean los más responsables de tales actos criminales que han marcado la historia.

Los instrumentalizados son aquellos que obedecen órdenes sin cuestionar, sin pensar si las acciones que emprenderán son las correctas. Para éstos, la ética no tiene cabida ya que al no ser beligerantes sino obedientes, se someten a los designios de aquellos que ejercen el poder. A los instrumentalizados se les ve en los ejércitos, en las masas, son los tontos útiles, son aquellos cuya voluntad les es conculcada para que accionen de acuerdo a planes pre establecidos.

Hay dos tipos de instrumentalizados, los activos y los pasivos. Los primeros constituyen un pequeño comité que rodea regularmente al “caudillo”, los segundos son aquellos que indirectamente apoyan las acciones de éste, porque creen que les proveerá solución a sus problemas.

Los instrumentalizados activos se dedican a ensalzar, difundir y congraciarse con las actitudes de sus jefes, defendiendo circunstancialmente las acciones que estos emprenden. Entre estos hay de dos tipos: unos que consideran que el proyecto impulsado es el más acertado a los intereses propios y de los suyos y los otros son los que convenientemente se alían al más fuerte pero, cuando ven su debilitamiento, son los primeros en abandonar la nave.

La responsabilidad de una buena parte del pueblo alemán en el holocausto nazi, con los campos de exterminio, de tortura y experimentación son claro ejemplo de la influencia que puede ejercer un individuo, motivado por nacionalismos exacerbados, en los que la psicopatía y mesianismo convergen.

¿Cómo fue que Adolf Hitler pudo influir tan poderosamente en los habitantes de un país donde el racionalismo hincó raíces? El carisma y la elocuencia se potencializan en un medio donde la frustración, el descontento y la desesperanza cobran terreno. Es claro que la historia se repite y lo ha hecho en innumerables países del planeta.

Las atrocidades perpetradas por el Nacional Socialismo, partido de ultraderecha de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, no hubieran sido posibles sin el apoyo y participación de un pequeño comité que cumpliera sus órdenes y la participación directa o por omisión del pueblo alemán. Recae en éstos una fuerte carga moral que no exime de ninguna forma el accionar de Adolf Hitler y su alto mando del partido.

Tal personaje supo canalizar la frustración del pueblo alemán, instrumentalizando la razón, subordinándola a deseos e impulsos egoístas y perversos. Como éste, muchos tiranos se han aprovechado de la pasividad e ignorancia de sus pueblos, manipulándolos con falsos y convincentes testimonios, apelando a sus emociones, asegurándoles un futuro de bienestar y seguridad que nunca cumplirán.

Para estos, el mentir y mentir constituye una verdad que se hace realidad en los oídos de aquellos que sucumben ante el poder de la persuasión y la ignominia. Pero, ¿qué es lo que hizo que estos funestos personajes pudieran acceder a esferas de poder, que les permitieron proyectar sus perversos deseos?

Ante un seductor otro que se deja seducir y muchas veces lo hace porque está privado de herramientas de decisión, no poseen el criterio para tomar las medidas acertadas, son ignorantes de las motivaciones esenciales que dirigen el accionar de las personas. Otros en cambio, lo hacen por egoísmo, por intereses económicos personales, por contar con privilegios o seguir gozando de éstos, estos son los realmente perversos.

No es que el poder corrompa y que el poder absoluto corrompa absolutamente como lo señalaba John Acton, es más bien que éste, en manos equivocadas, evidencia las verdaderas y corrompidas inclinaciones de los perversos. Por ello, no se debe permitir que esos personajes accedan a esferas de poder, por el contrario, se debe tener mucho cuidado de a quién se le otorgan las facultades de dirigir.

La historia es rica en personajes que, aprovechando las flaquezas de sus pueblos, han sembrado de terror y muerte a la humanidad a través del ejercicio de su poder. La justicia para estos, como lo señalaba Trasímaco, constituye el poder que ejercen los más fuertes sobre los más débiles, poder que está determinado por la fuerza, por la violencia. Por eso, necesitan rodearse de personas que sucumban a sus deseos y aviesas intenciones.

En la actualidad, esos mismos personajes siguen vigentes, se han reinventado, mintiendo, deformando la verdad, desinformando, creando conflictos, neutralizando a sus opositores con falsos argumentos, cooptando todos los espacios, rodeándose de los instrumentalizados, infundiendo miedo, creando circos, distractores que adormecen a los que en determinado momento puedan retirarlos del poder.

Hitler tuvo en Heinrich Himmler, Joseph Goebbels, Rudolph Hess y Wilhelm Keitel a sus más cercanos colaboradores en el teatro de terror que desencadenó, con el expansionismo nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. Como estos, existen nuevos colaboradores en las acciones perpetradas por los actuales tiranos. El poder no se le debe otorgar a cualquier persona. Con relación a eso Aristóteles decía, los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará.

Instrumentalizados también lo fueron las huestes maoístas del Jeme Rojo dirigido por Pol Pot que en Camboya asesinó a más de dos millones de opositores. En ese tiempo, el dictador pretendió impulsar una Reforma Cultural al estilo de la llevada a cabo por Mao Tze Tung en China, para Pol Pot cualquier persona que estuviera en desacuerdo con sus ideas tenía que ser perseguida, torturada y asesinada. Tristemente los opositores al régimen eran personas cuyo delito fue haber tenido zapatos o ser habitantes de centros urbanos y no del área rural.

Posterior a la Segunda Guerra Mundial, con el triunfo de los aliados, el mundo se dividió en países del Este y el Oeste, comandados por los Estados Unidos y la Unión Soviética respectivamente. El Capitalismo y Socialismo se enfrentaron, originando la denominada Guerra Fría.

Un poco después, en los años 50, el Senador Republicano por el Estado de Wisconsin, Joseph McCarthy, electo Presidente del Comité de Actividades Antiamericanas, generó en la nación del Norte una cacería de brujas, de enemigos de la patria. Tras haberlos acusado de ser comunistas o simpatizantes con esa concepción política-económica muchos, fueron marcados para siempre.

A través de la famosa lista de 205 personajes, el temor cundió en el escenario político y social de los Estados Unidos. En la lista se encontraban ilustres intelectuales, escritores, hombres y mujeres de ciencia y artistas, entre los que se puede citar a Albert Einstein, Charles Chaplin, Bertolt Brecht, Linus Pauling, Katherine Hepburn, incluso Robert Openheimer, director del Proyecto Manhattan que construyó la primera bomba atómica en el mundo, todos fueron acusados de enemigos del país.

Ello creó en la comunidad estadounidense una psicosis generalizada, sentimientos de persecución y miedo. Famosa también es la ejecución en 1953 de los esposos Rosenberg, Ethel y Julius, tras ser acusados infundadamente de ser espías de la Unión Soviética, por entregar información que posibilitó la creación por estos de la bomba atómica.

Una sociedad que se siente amenazada es capaz de realizar las peores atrocidades causadas por la paranoia, el miedo inducido por sectores o grupos interesados. Fantasmas como el comunismo, una invasión alienígena o, actualmente, las migraciones de miles de personas a países industrializados en busca de mejores condiciones de vida, son factores de temor, resentimiento e ira por parte de los que se sienten afectados.

Ese temor fue ilustrado muy bien por el escritor Herbert George Wells en su novela de finales de 1800 titulada La guerra de los mundos, en la que narra la invasión de habitantes provenientes del planeta Marte a la Tierra. La invasión de marcianos a Londres incluía toma de rehenes, la utilización de seres humanos para su alimento a través de la extracción de sangre y su posterior exterminio.

La novela de Wells causó conmoción en los Estados Unidos, al ser difundida por la Radio en 1938, a través de una adaptación hecha por la cadena CBS y narrada por el actor Orson Welles. Tal narración ocasionó alarma en todo el país pues muchos de los radioescuchas creyeron que efectivamente el país estaba siendo invadido por extraterrestres. Creando con ello una histeria colectiva, miedo, pánico generalizado.

El sentimiento de sentirse amenazado, de perder su territorio y sus bienes vuelve a las personas violentas, eso es lo que en parte todavía identifica a las personas con su naturaleza animal, que Konrad Lorenz plantea muy bien en su texto Sobre la agresión, el pretendido mal en el que narra el aniquilamiento de una rata blanca al invadir el espacio territorial de unas de color gris. El accionar humano no está lejos de ese comportamiento.

Así, desde la Reforma Cultural de Mao Tze Tung, las purgas ejecutadas durante el gobierno de Iósif Stalin, las acciones contrarrevolucionaria de Francisco Franco en España, hasta el golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet al presidente Salvador Allende y la política de Tierra Arrasada de Efraín Ríos Montt en Guatemala, se ha instrumentalizado a las personas para cumplir perverso objetivos e intereses sectarios.

Vigilados, con temor a ser denunciados, los opositores a los sectores opresores –e incluso los que no lo son- se sienten acosados, con la angustia de ser perseguidos, apresados y asesinados. El control, la vigilancia, como el ojo que todo lo ve del Big Brother de Orwell, en su novela 1984, es fundamental para los megalómanos que consideran que cualquier desavenencia, por mínima que sea, es señal de peligro para sus oscuros intereses.

(…) Esto significa que deben vigilarse a sí mismos, que deben percatarse más y más de las influencias que buscan controlarles y dominarles; significa que jamás deben aceptar irreflexivamente, si no que deben cuestionar siempre, investigar y hallarse en estado de rebelión.
Jiddu Krishnamurti

Amenazas que pueden ser reales o ficticias, confeccionadas con el propósito del control y dominio de las personas que, desarmadas de un pensamiento crítico, se dejan influenciar por hábiles manipuladores de conciencias, inescrupulosos personajes de la historia. La propaganda, los medios de comunicación tienen particular importancia en esa labor en la que la alienación se fortalece.

La educación, como brazo ideológico de los grupos hegemónicos, puede instrumentalizarse, e instrumentalizar a las personas a manera que obedezcan y respondan a los intereses de éstos. De la misma forma que la educación puede ser causal de liberación también lo es de sumisión, incluso de dominación y perversión.

Instrumentalizar a la razón, convertirla en canalizadora de deseos egoístas, constituye una perversión que deshumaniza a las personas. Max Horkeimer indicaba que cuando la razón misma se instrumentaliza, adopta una especie de materialidad y ceguera, se convierte en un fetiche, en una entidad esencial mágica que es más bien aceptada que espiritualmente experimentada. De ese mecanismo es del que se valen aquellos en los que prevalece el poder sobre la justicia.

Los instrumentalizados continúan apoyando a personajes siniestros pues sus motivaciones están determinadas por frustraciones, deseos aniquilados u oscuros y egoístas intereses económicos. Denunciar y neutralizar a los colaboradores, a los instrumentalizados es también necesario para que los tiranos no accedan al poder o sean removidos lo más pronto posible del mismo.

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