La pausa de una crisis sin tregua

Edgar Celada Q.
Periodista
eceladaq@gmail.com
El asueto de la Semana Santa marca una pausa en el fluir informativo sobre el acontecer político. Sin embargo, el que no haya huellas públicas de políticos y gobernantes durante estos días no significa que estén paralizados, o pierdan motivos para estar con la camisa levantada.

La certeza de su accionar (ahora que las y los ciudadanos están entretenidos, elaborando primorosas alfombras, cargando o viendo el paso de las procesiones, y otros veraneando en las playas) recuerda una frase gardeliana: “silencio en la noche, ya todo está en calma, el músculo duerme, la ambición trabaja…”.

Porque, es la verdad: la semana mayor acaso marque una pausa, pero la crisis institucional y política no da tregua.
Al menos esa es la percepción que el observador obtiene de lo que dijeron o escribieron personas serias, en el transcurso de esta primera quincena de abril.

Así, lapidario, Héctor Rosada Granados vaticinó: “Jimmy Morales no termina este período”. Pero dijo más: en el curso de los próximos dos años habrá “destitución violenta” en el Congreso de la República, seguido de un proceso de cambio en el Organismo Judicial, que alcanzará también a la Corte de Constitucionalidad (Prensa Libre, 3 de abril de 2017).
“Todo está dado como para eso, para hacerlo en dos años”, subrayó Rosada Granados, quien lamentó el destino previsible de la crisis: va a caer, dijo, “a los espacios partidarios, que son la misma porquería que hemos tenido durante años”.

Cuando el conocido sociólogo concedió esa entrevista, no tenía forma de saber que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) pondría al oficialista FCN-Nación, y al principal partido opositor, Unidad Nacional de la Esperanza, contra la pared.

Traducido a buen chapín, el TSE dijo el jueves 6 de abril a ambos (y a un partido fachada de Líder): “entregan cuentas claras, o pueden ser clausurados”, como ya ocurrió con el Partido Patriota y Libertad Democrática Renovada.
De esta forma, la crisis política e institucional suma un potencial como corrosivo nuevo ingrediente: la desarticulación de lo que va quedando de la desacreditada partidocracia. Nuevamente, la depuración por los caminos imprevistos de la judicialización de la política.

En un escenario extremo, en pocos meses podemos asistir a una realidad política macondiana: presidente y diputados forzadamente “independientes”, sin perro ni partido que les ladre.

Razón tuvo Rosada Granados cuando aseguró que la creación de un nuevo espacio partidario es necesaria. El problema es que la construcción de nuevas opciones partidarias apenas está empezando, a contracorriente del deliberado desprestigio de toda actividad política.

Así, a despecho de los #YoNoTengoPresidente o #YoNoTengoCongreso, resulta que no hay opciones institucionales de recambio con estabilidad. De donde algunos coligen una larga procesión de 33 meses, durante la cual deberá llevarse en andas o en zopilotillo a Jimmy Morales.

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