Educación crítica

por Jairo Alarcón

En Guatemala, tan solo el 1.7 por ciento de la población ingresa en la universidad.

En el proceso de aprendizaje y enseñanza existe una relación dialéctica entre el que enseña y el que aprende; es decir, en determinado momento el aprendiz se convierte en maestro y, este a su vez, en aprendiz. Así, el enseñar aprendiendo o el aprender enseñando requiere del compromiso, tanto del que enseña como del que está aprendiendo. No se pueden obtener resultados satisfactorios si una de las dos partes falla. Si no se cumple con las tareas, con los métodos y con la confianza entre las partes.

El que enseña debe saber lo que enseña y saber cómo hacerlo; el que aprende debe tener disponibilidad para aprender y contar con disciplina para la búsqueda del saber. El aprendizaje requiere contenidos de conocimiento, de información que le dé sentido a lo que se está aprendiendo o enseñando y algo más: interés por aprender o descubrir lo que son las cosas. Estos contenidos de conocimiento surgen de la realidad, es esta la fuente que permite adquirir conciencia de lo que se es, de comprender lo otro, de comunicarse y accionar como humanos.

De ahí que en el proceso de enseñanza aprendizaje, no solo tiene importancia la técnica empleada, sino también lo que se pretende enseñar, es decir, el contenido, y dado que este surge de la realidad, producto de su conocimiento, cobra esencial importancia lo que se está enseñando y se aprende. Ello deriva de que la reflexión apunte sobre el objeto de conocimiento, el sujeto cognoscente y su relación.

Con esquemas de pensamiento producto de su entorno cultural, los estudiantes ingresan a los diversos centros educativos, sean públicos o privados, y algunos pocos de ellos, en el caso particular de Guatemala, reciben una educación universitaria. En este país es mínimo el número de alumnos que llegan a la universidad y menor aún el que logra terminar sus estudios. En Guatemala, tan solo el 1.7 por ciento de la población ingresa en la universidad y de estos, solo un 7 por ciento se gradúa como profesional.

Los indicadores son alarmantes, no solo por la inoperancia del Estado, sino también porque las nuevas exigencias del mundo actual requieren de los países en desarrollo, un número progresivamente mayor de personas con formación universitaria.

Las oportunidades les son negadas a las mayorías, y los pocos que pueden acceder a una educación universitaria sucumben al pragmatismo educativo en el que lo importante es terminar los estudios a cualquier costo para obtener mejoras salariales.

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