El fútbol, ese oscuro objeto de deseo

Germán Ojeda
Rebelión

Estas últimas semanas el fútbol ha ocupado la actualidad informativa y no precisamente por los goles de Messi o de Ronaldo, por los errores arbitrales o los aciertos del Real Madrid, sino por hechos extradeportivos de carácter social y político que colocan al mundo del fútbol ante sus peores fantasmas: las importantes subvenciones públicas mal justificadas que tuvo que devolver al Estado la Federación Española de Fútbol dirigida por el eterno presidente Angel Villar, la violencia machista de algunos jugadores como un tal Lucas Hernández y poco antes de otro llamado Rubén Castro, los ultras del Alavés a garrotazos con aficionados del Barcelona que daban continuidad a la pelea mortífera del curso pasado entre hinchas del Atlético de Madrid y del Coruña, el cura del Sporting al que un nuevo entrenador impide rezar un padrenuestro en el vestuario para que gane el equipo gijonés, y lo más polémico de todo, un futbolista neonazi ucraniano llamado Roman Zozulya rechazado por la afición del Rayo Vallecano y apoyado públicamente por jugadores y políticos.

En efecto, Zozulya fue apoyado de forma manifiesta por los jugadores del Betis, de donde procedía, por el presidente de la Liga de Fútbol Profesional Javier Tebas -que viene de Fuerza Nueva y defiende una copia de Le Pen para gobernar España- y también por el ministro del Interior del PP Juan Zoido, que salió defendiendo “el derecho al trabajo” de ese futbolista vinculado a grupos extremistas paramilitares y simpatizante del histórico criminal nazi Stepan Bandera, en su tiempo el gran aliado de Hitler en Ucrania.

Más aún, hasta la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena ha intervenido en el asunto de Zozulya declarando que “deberían condenarlo los tribunales y no la afición”, opinión rechazada por sus socios de “Ganemos Madrid” de forma contundente: “para nuestra querida alcaldesa los crímenes del franquismo no deben resolverse en los tribunales, el nazismo sí”.

Las respuestas en las redes sociales a tantos sucesos extradeportivos han sido muchas y muy críticas, desde quien afirma que le parece “increíble” que “para que la afición rechace al fichaje de un nazi se diga que hace falta el permiso de un juez” hasta quien considera “vergonzoso” que la cabeza del fútbol español esté en manos de un “extremista de derechas que se atreve a comparar el rechazo de unos hinchas a un jugador neonazi con el rechazo a la homosexualidad”, a la vez que otro aficionado añadía sarcástico: “un Ministro del Interior del PP apoyando públicamente y desde su cargo a un neonazi, ¿dónde está la noticia?”.

La noticia, la vieja noticia, está en que el fútbol, desde que es un deporte de masas, es un oscuro objeto de deseo que mueve muchas pasiones ideológicas, muchas voluntades políticas y muchos intereses económicos. Hablar del famoso “palco del Bernabéu” presidido por Florentino Pérez (algunos le llaman simplemente “Florentimo”) para referirse a los negocios turbios y corruptos del PP es un lugar común, hablar de los vínculos del nacionalismo catalán con el Barsa es un tópico, mientras los medios de Cataluña suelen acusar al ministerio de Hacienda y a la Fiscalía de perseguir a los futbolistas defraudadores del equipo catalán a la vez que protegen a los evasores fiscales del Madrid.

En Asturias se ha desatado una gran polémica, con portadas de prensa regional incluidas, porque el nuevo entrenador del Sporting de Gijón, conocido como Rubi, ha decidido separar los padrenuestros del vestuario con el objetivo de que los jugadores se concentren totalmente en la pelota, desconfiando que el milagro de la salvación del equipo local pueda tener algo que ver con las plegarias celestiales.

Si la intervención del entrenador Rubi entra dentro de lo que podemos considerar buena práctica deportiva, la actuación de los jugadores del Betis apoyando públicamente al futbolista faccioso Zozulya es un comportamiento corporativo antidemocrático, comportamiento que esos mismos jugadores ya habían puesto de manifiesto de forma machista con anterioridad apoyando unánimemente al futbolista Castro después de que éste agrediera con alevosía a su compañera sentimental.

Sin embargo la actuación si cabe más bochornosa y lamentable de todas ha sido la de Tebas, presidente de la Liga, al presentar una querella criminal contra una decena de aficionados de Peñas del Rayo Vallecano que se opusieron verbalmente y manifestaron públicamente su rechazo a que un neonazi, el futbolista ucraniano, vistiera la camiseta de un equipo “popular y obrero” como el de Vallecas. En realidad la posición denunciable es propiamente la de Tebas, pues en lugar de apoyar la dignidad democrática de los aficionados vallecanos trata de criminalizarlos, por cierto con el silencio cómplice de la directiva del propio Rayo Vallecano.

El hecho es que Tebas, el ministro Zoido, la dirección del Rayo y también la del Betis con sus jugadores especialmente implicados, son responsables de empujar el fútbol más aún hacia el precipicio, el precipicio de la violencia, del machismo y de la ideología totalitaria de la exclusión y de la xenofobia.

El fútbol, el gran deporte de masas, está verdaderamente enfermo y es urgente sanearlo, limpiarlo y democratizarlo, un deporte que en efecto es un oscuro objeto de deseo del poder político que lo utiliza y del poder económico que lo beneficia pero que debe volver a ser de todos.

Es necesario pararse y empezar de nuevo, porque el fútbol ha pasado demasiado deprisa de ser de los aficionados a ser de unos pocos empresarios, de ser de los hinchas a ser de los inversores, de ser de lo que Eric Hobsbawm llamó “gente corriente” a ser del capital. Un deporte que con la políticas liberales de las últimas décadas primero fue privatizado (1) robándole a los aficionados un sentimiento y robándole además a los socios unas instituciones deportivas centenarias, y que después fue entregado a los dueños del capital, y lo que es aún peor, a organismos como la Federación de Villar y la Liga de Tebas, que se gestionan de forma arbitraria sin ninguna transparencia y que no tienen siquiera legitimidad democrática.

Por eso es urgente esa democratización y esa transparencia. Los futbolistas machistas y los dirigentes extremistas y corruptos no nos representan, ni deben representar al mundo del fútbol, un mundo que además suele utilizar gratis instalaciones municipales que son de todos, un mundo también opaco en sus cuentas con las administraciones públicas, pues a día de hoy la ciudadanía que paga sus impuestos no conoce las grandes deudas de los clubs de fútbol con la Seguridad Social y con la Hacienda Pública.

Desde que hace un cuarto de siglo el fútbol español fue privatizado arrebatándoselo a los socios y entregándolo a las llamadas SAD (Sociedades Anónimas Deportivas) hemos visto muchas cosas que van contra el espíritu del deporte y el sentimiento de los aficionados, especialmente relacionadas con el mercado persa en que se han convertido la mayoría de los clubs profesionales y el mundo del fútbol en general, donde se suceden los inversores y especuladores sin ningún vínculo con esos equipos y ni siquiera con las ciudades a las que representan, a la vez los partidos invaden los mejores horarios televisivos con encuentros diarios que captan la atención de los aficionados y así multiplican la clientela y los ingresos de esos medios, reduciendo el fútbol a un negocio puro y duro.

Ahora bien, llegados a este punto es imprescindible impulsar -como ya ha empezado a hacer la muy liberal Inglaterra- una legislación que regule la singular actividad mercantil que sólo entiende el fútbol como un negocio más de la industria del entretenimiento, que regule también la gestión democrática del fútbol profesional, y sobre todo que instituya la participación representativa de los aficionados en la marcha y la gestión de los clubs.

En definitiva, urge darle la vuelta como un calcetín democrático al mundo del fútbol incorporando además a los socios a su gestión, y por mi parte quiero acabar este artículo reivindicando el comportamiento ejemplar de esos aficionados vallecanos perseguidos, y proponiendo también que a partir de ahora el canto de “viva el Betis manque pierda” sea sustituido por “viva el Rayo manque pierda”, porque la actuación de esos aficionados que se hacen llamar “Bukaneros” devuelve un poco de dignidad al mundo del fútbol.

Nota

(1) Hay cuatro excepciones en el futbol español, el Real Madrid, el Barcelona, el Athletic Club de Bilbao y Osasuna de Pamplona.

Germán Ojeda, Ex presidente del Sporting de Gijón, Profesor Titular de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Oviedo.

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