Masturbarse en público vs. abusar de alguien en público

Por: Patricia Cortez Bendfeldt.

No suelo ser mojigata, entiendo que la masturbación es un derecho de cada uno y que, se aprende en la clandestinidad y en la soledad. De alguna manera, el reflejo condicionado que se crea a través de la masturbación rápida y vergonzante produce eyaculadores precoces que se acostumbraron a “venirse” rápido.

No se educa en sexualidad en este país, así que los datos de la “normalidad” son obtenidos por los jóvenes a través de documentos apócrifos, películas y revistas.

Hace una semana apareció la foto de dos jóvenes gay besándose en el jardín de la USAC. Era un beso apasionado, nada que muchas de las parejas heterosexuales que aparecían en la foto no estuvieran haciendo.

Ayer un joven eyaculó sobre el pantalón de su vecina de asiento. No, no era ni su novia, ni su pareja, ni su amante: era su vecina de asiento. La reacción con la pareja gay fue “son unos coches”, como si la expresión de afecto afectara a alguien más que ellos dos.

Esta vez, cuando el joven eyacula sobre la muchacha la respuesta es “ve que cabrón” en el sentido “qué atrevido, osado, valiente” y no qué cabrón en el sentido “qué estúpido e irrespetuoso”.

Lo que si es que el machismo local, en mucho se basa en tres premisas: no soy gay, soy fuerte y valiente, soy bueno en la cama con una mujer. Desde estas posturas se rechaza tanto una expresión de afecto entre dos hombres y vuelve una cuestión heroica la agresión de un hombre, aparentemente no enfermo, contra una mujer.

¿Por qué decimos que el hombre no está enfermo? porque no se trata de un “caso aislado” y porque el resto de hombres lo “admira” lo “considera valiente” reflejando que les gustaría hacer lo mismo aunque sea a nivel de fantasía.

¿Qué cosa sino el patriarcado les ha enseñado a estos hombres que agredir es sinónimo de “me gusta”? Desde el niño que le jala las trenzas a la niña y le dicen “ay, es que le gusta” hasta el que mata a su esposa, y lo hacen convencidos de que tienen derecho y que nadie les puede arrebatar ese derecho.

Así como consideran “antinatural” la homosexualidad, así consideran “natural” que un hombre eyacule sobre una mujer a la que ni conocen. Al final, qué es un hombre sino un domador de hembras.

Obvio que necesitamos educación para lograr reducir estos hechos, pero también, anular los mandatos patriarcales según los cuales es lícito agredir mujeres, desde el kínder.

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