Lo nuevo de la vieja política

Un nuevo actor irrumpió en el espacio político y permanecerá gravitando durante un tiempo en el escenario guatemalteco. Debido a su tímida fortaleza como actor, rápidamente fue coptado por las fuerzas tradicionales que dominan la prensa y la opinión de la sociedad. Los pilotos del transporte pesado, agrupados en una especie de sindicato o gremial, se dieron a conocer por medio de un video en el que anunciaron el paro nacional, pacífico y sin bloqueos, desde unos cuatro días antes de que iniciara, llamando a todos los pilotos a sumarse a una lista de unos 16 mil miembros. Los diferentes grupos que forman la gremial demostraron cierta cohesión los primeros tres días del paro. Luego, sus diferentes liderazgos comenzaron a mostrarse con diferentes líneas de acción. Anunciaron que tendrían la capacidad para permanecer parados hasta quince días y que el alcalde metropolitano debería aprender a no tratarlos con desdén.

El gremio es complicado. Los pilotos de las grandes empresas de transportes así como los de las pequeñas sufren las consecuencias por el sistema de trabajo impuesto por la tradición de los propietarios. El trabajo es de alto riesgo, no sólo por gajes del oficio relacionados con los accidentes y fallas en los equipos, sino por la vulnerabilidad frente a la delincuencia y el crimen organizado. La mayoría de pilotos trabajan a destajo y difícilmente cuentan con seguros que les protejan de accidentes y otras contingencias. Dentro de su demanda está la problemática que, además, les generan las restricciones a la circulación que les imponen varias ciudades alrededor de la ciudad capital. La inexistencia de sitios seguros en los que puedan pasar las horas de no circulación y la falta de servicios para pasar esas horas con una relativa comodidad.

Su demanda se convirtió en un fenómeno político, dado el momento de convergencia con otros conflictos políticos del Estado, principalmente la elección de la junta directiva del Congreso de la República y el periodicazo que le dieron al embajador de los EE.UU. y todas las reacciones que se dieron después, que polarizaron las opiniones y los discursos de tirios y troyanos.

El gobierno central se retrajo, nada raro en el presidente Morales, esperando luces de cómo enfrentar la crisis. No podía presionar a Arzú, porque, en el Congreso se estaba dilucidando la conformación de la Junta Directiva con una alineación del partido Unionista de Arzú, aliado con FCN del presidente. Pero no se vio ninguna acción del ejecutivo, más que la escolta policíaca de los camiones de combustible a los 8 días después de iniciado el paro.
La resolución vino de los mismos pilotos. Después de dos días de estar pidiendo diálogo por todos los medios, entonces, de manera imprevista, la conferencia de prensa del presidente informando de los acuerdos temporales asumidos conjuntamente entre los pilotos y la municipalidad de la ciudad permitirían que se detenga el paro. Según Jimmy Morales nada pasó. Nunca se paralizaron los puertos. Nadie salió dañado, según él. Los pilotos sólo ejercían sus derechos. El alcalde sólo cumplía su mandato. El ejecutivo no interfiere con las funciones de otros organismos de Estado. El Presidente aprovechó la oportunidad para echarse flores y ponerse como el gran componedor, algo que no lograría sin la venia y el interés de Arzú.

El resultado del paro, en el ambiente político consolida la alianza entre el FCN y Unionistas, una alianza temporal por la presidencia del Congreso que se amplía a la defensa de los diputados cuestionados por delitos de corrupción, de los diputados y exfuncionarios prófugos de la justicia, los prisioneros en las cárceles VIP y según el Peladero, hasta a Jorge Serrano y sus adláteres de la refundación del Estado. Todos ellos, acicateados por las declaraciones magnificadas del embajador de los EE.UU, que despertaron un inusitado sentimiento patriótero y soberanista, de parte de los mismos actores que durante décadas han privilegiado el derecho de los gringos por encima de las necesidades e intereses de los guatemaltecos.

El sector privado quedó muy dañado por el paro y la falta de acción del ejecutivo. También se resiente de que las medidas de la municipalidad metropolitana para aliviar el problema del tránsito por la ciudad, los lleve paulatinamente a abrir nuevos horarios de trabajo, porque la inseguridad de los pilotos y los camiones en las carreteras, se debe a que las empresas no reciben mercancías durante horarios nocturnos. El fortalecimiento de la organización de los pilotos los convierte en un gremio con un relativo poder estratégico y sumamente vulnerable de ser absorbido por la corrupción en diferentes actividades. El gobierno saluda con sombrero ajeno y don Arzú, sin mojarse las manos demuestra que un berrinche suyo puede paralizar el país. La ciudadanía será quien pague los costos directos, indirectos y oportunistas de la situación post paro.

La vieja política salió de paseo luciendo sus viejas vestimentas y su dentadura nueva.

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