Luto profundo: Alfredo Guerra Borges

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Su pasión revolucionaria supo canalizarla en una vocación académica tan brillante como su vida política

Edgar Celada Q.
Periodista
eceladaq@gmail.com

Lo único seguro en la vida, dice la sabiduría popular, es la muerte. Pero la certidumbre de su inexorable llegada tampoco la eximen del azar.

Por eso la noticia inesperada de una muerte, no por natural deja de conmocionar. Tanto más si quien parte tuvo una de esas vidas que dejan huella profunda.
Y, por eso, provocan un luto profundo.

Tal el caso de Alfredo Guerra Borges, fallecido en la madrugada del 25 de octubre de 2016, apenas cinco días después del 72 aniversario del alzamiento cívico militar del 20 de octubre de 1944, fecha símbolo del proceso histórico que forjó y fue forjado por personas de la talla del maestro que ahora despedimos.

Porque hablar de Alfredo Guerra Borges es hacerlo del proceso revolucionario iniciado en 1944. Su vida, su praxis política, su obra intelectual, su trayectoria académica, están marcadas por la revolución de octubre.

Algún día, cuando esta era gris de banalidad y venalidad que hoy agobia a la sociedad guatemalteca sea un triste recuerdo, la acuciosidad de las y los historiadores permitirá asomarse a la esencialidad de esa extraordinaria generación de mujeres y hombres, nacidos en los años 20 del siglo pasado, y que llegaron a su primera juventud con el despertar de la primavera democrática.

Entonces, y ya desde ahora, despuntará ejemplar la vida de Alfredo Guerra Borges, espejo de la trayectoria de una generación a la altura de su tiempo.

Servirá, acaso, el relato de ese hombre modesto, pulcro y exacto en el decir, quien en la confianza de la camaradería militante narró al de la voz cómo, joven y firme en sus convicciones, se las ingenió para viajar a Chile con un propósito definido: establecer contacto con la juventud comunista en Santiago.

Volvió de allá, cumplido su propósito, a participar en la fundación del partido de las y los trabajadores guatemaltecos, del que fue dirigente y del que nunca renegó, a pesar de la bifurcación de caminos en el proceso revolucionario mismo.

Su pasión revolucionaria supo canalizarla, llegado a la encrucijada partidaria y personal, en una vocación académica tan brillante como su vida política previa.

Geografía económica de Guatemala (1969) y su compendio posterior (1981); Evaluación de la política de fomento industrial en Guatemala (1971); Ensayos sobre integración económica (1975); La cuestión agraria, cuestión clave de la crisis social en Guatemala (1984); La integración de América Latina y el Caribe: la práctica de la teoría (1997); Guatemala, el largo camino a la modernidad, su trayectoria, primera etapa, 1871-1944 (1999) y Guatemala: 60 años de historia económica, 1944-2004 (2006), son algunos de los títulos de su legado a la ciencia social guatemalteca y latinoamericana.

Las palabras sobran y el luto profundo queda. Como escribí ayer mismo al conocer la noticia: “Ejemplo de pulcritud intelectual, Alfredo Guerra Borges deja uno de esos vacíos que nunca podrá llenarse, aunque este país se empeñe en ignorarlo. Hasta siempre, camarada y maestro”.

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