El Congreso y la ley de Herodes

Edgar Celada Q.
Periodista
eceladaq@gmail.com

En La ley de Herodes, una de sus mejores narraciones, Jorge Ibargüengoitia ilustra de forma amena, con esa fina ironía que lo hace autor imprescindible, qué significa en la vida de las personas, de las instituciones o de las naciones, ese albur tan mexicano escondido en el título del relato publicado en 1967.

“¿Qué es la ley de Herodes?”, pregunté alguna vez a colegas en la redacción de UnomásUno (fue como preguntar aquí qué es “a la ley de Cristo”). Entre condescendiente y divertida, una tapatía que gustaba de los chistes antichilangos, explicó: “que te chingas, o te jodes”.

Así, a la ley de Herodes, se juega la elección de la junta directiva del Congreso de la República para 2017: dejando en solfa a quienes se creyeron aquello de la “nueva política” contra la “vieja política”, resulta que al madruguete de FCN-Nación obligó a posponer la elección programada para ayer.

De forma simplificada, se presenta la elección y su importancia para la coyuntura, de la siguiente forma: reelección de Mario Taracena como presidente o elección de un nuevo presidente.

En la misma línea simplificadora, se dice que una junta directiva liderada por la bancada de la UNE coaligada con otras menores “de la oposición”, permite dar continuidad a la agenda legislativa de reformas que el país necesita.
Por el contrario, se dice también, una junta directiva articulada por la bancada del oficialista FCN-Nación, con Oliverio García Rodas como presidente, implicaría el estancamiento, cuando no la reversión, del proceso “reformista” y, de paso, el apuntalamiento del frágil gobierno de Jimmy Morales.

En desplantes de hiperrealismo político, colindantes con un cínico fatalismo global, hay quienes resumen el asunto así: Taracena tiene el visto bueno de la Embajada, y a García Rodas hasta la visa le retiraron.

En otras palabras, se decide a la ley de Herodes: te chingas o te jodes.

Si bien la sabiduría popular enseña que no es lo mismo Chana que Juana, más allá de los cabildeos y lo que deparen las negociaciones de emergencia de aquí al próximo martes, los tropiezos en la elección de la junta directiva del Legislativo no hacen sino confirmar la crisis institucional y el renovado descenso hacia el Xibalbá de la ilegitimidad.

Sería iluso pretender que de representantes apenas maquillados (ni a reciclados llegan) de la vieja política, surgiera algo más que el posicionamiento maniqueo y el uso de viejos trucos para formar mayorías pegadas con chicle. ¡Sueños guajiros! los de una elección referida a opciones de agenda nacional o a un debate ideológico: nuestra triste realidad política no da para tanto.

Pero esto es lo que hay. De suerte que parece fatal un desenlace como el vivido por el personaje de Ibargüengoitia, resignado a padecer el tacto rectal y a soportar que quien lo instigó a optar a una beca en Estados Unidos, hiciera a un lado “las reglas más elementales del compañerismo” para “contarle a todo el mundo que [él se] había doblegado ante el imperialismo yanqui”.

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