La biblia del individualismo

Por Raúl de la Horra

Luis Figueroa, en su columna del día de ayer viernes en el elPeriódico, expresa su deseo de que cuando se aborde el tema del “objetivismo” (corriente de pensamiento fundada por la novelista y pensadora Ayn Rand), se haga “de primera mano” y sin intenciones de desinformar. Y menciona mi Follarismo del 24 de septiembre pasado intitulado “Ser social individual”, en donde yo reflexionaba sobre la continuidad que existe entre lo social y lo individual, y donde criticaba no solamente la religión ultra-individualista de Ayn Rand que se practica en la Universidad Francisco Marroquín, sino la incoherencia de las ideologías libertarias y neoliberales cuando luchan contra las intervenciones “paternales” del Estado, mientras por otro lado defienden las intervenciones privadas de las familias que tratan a sus vástagos como a niños de teta, mientras estos regurgitan los consabidos discursos sobre el éxito y contra el Estado.

En dicho artículo yo no “traté de hacer creer” que en la obra de Ayn Rand “existe una dicotomía tensa entre el individuo y la sociedad”. Lo que afirmé es que las ideas expresadas por Ayn Rand en su novela ‘El manantial’ cuando defiende al “héroe-individuo” contra todo lo que apesta a colectividad y a Estado, resultan estrambóticas (o estrafalarias, o extravagantes), por no decir absurdas. Luis Figueroa se pregunta qué maestro no quisiera que sus estudiantes vivan vidas auténticas y magníficas, con lo cual no puede uno sino estar de acuerdo. Pero resulta que el objetivismo que pregona Ayn Rand -y también por lo visto las mentes más preclaras de la Universidad Marroquín-, aunque interesante y seductor en muchos puntos, no es lo angelical que Luis Figueroa pretende. El personaje principal de la novela, Howard Roark, es una personalidad fascinantemente fría y egocéntrica, sin capacidad de empatía, con rasgos de sociópata y de macho irresistible, ejemplar de mármol que se enorgullece de despreciar a los “débiles” y de ser un aristócrata que ignora la cooperación y la solidaridad. En un mundo así, donde el egoísmo es la virtud máxima y el altruismo la peor inmoralidad (y en el que no existirían derechos positivos tales como derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, sino solo el derecho a la propiedad y a la libertad individual), el sistema social ideal acorde a tales fines resulta ser el capitalismo puro (o el laissez-faire). Es el modelo de individuo y de sociedad que nos propone Ayn Rand.

Luego afirma Luis Figueroa que yo engaño a los lectores al decir que en la Universidad Marroquín la novela ‘El manantial’ es una biblia que todos deben leer, cuando solo los estudiantes de arquitectura lo hacen. Es obvio que ha leído superficialmente mi texto, ya que lo que yo dije es que son las ideas de Ayn Rand las que se convirtieron en biblia. Busco en Google “Ayn Rand-Objetivismo-Universidad Francisco Marroquín”, y me surgen un sinnúmero de links e informaciones donde se menciona una cantidad enorme de actividades, foros, conferencias, celebraciones (la última hace dos meses) que organiza dicha universidad para estudiantes y gente de afuera a través del Centro Henry Hazlitt, del Centro de Estudio del Capitalismo, del Club de lectura de Rand, muchas de ellas en coordinación con el Ayn Rand Institute de los E.E.U.U., así como un homenaje realizado en forma de escultura “Atlas Libertas” que se encuentra a la entrada de la Escuela de Negocios de la UFM en honor a la novela de Rand ‘La rebelión de Atlas’ y que, como figura allí textualmente, “va de acuerdo con la misión de la Universidad Francisco Marroquín”. Bueno, tal vez sea cierto que Ayn Rand no es una biblia en esa universidad, pero de plano que sí es un catecismo.
Follarismo
Tomado del muro de Facebook del autor.

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