Aporte al debate: El extractivismo como categoría de saqueo y devastación

Por Alberto Acosta (1)/ Profesor de FLACSO Ecuador y miembro del staff académico de Fundación Aldhea

Resumen: El extractivismo es un concepto que ayuda a explicar el saqueo, acumulación, concentración, devastación (neo) colonial, así como la evolución del capitalismo moderno e incluso las ideas de desarrollo y subdesarrollo –como dos caras de un mismo proceso. Si bien el extractivismo comenzó a fraguarse hace más 500 años, ni este ni los procesos de conquista y colonización concluyeron al finalizar la dominación europea. Y debe quedar claro que no hay colonialidad sin colonialismo, ni capitalismo sin extractivismo, pues éste es un fenómeno estructural, históricamente vinculado y acotado a la modernidad capitalista.

“Los progresos de los conocimientos cósmicos exigieron el precio de todas las violencias y horrores que los conquistadores, que se tenían a sí mismos por civilizados, extendieron por todo el continente”. Alexander von Humboldt, “Kosmos” (1769-1859)

El extractivismo es un concepto que ayuda a explicar el saqueo, acumulación, concentración, devastación (neo) colonial, así como la evolución del capitalismo moderno e incluso las ideas de desarrollo y subdesarrollo –como dos caras de un mismo proceso. Si bien el extractivismo comenzó a fraguarse hace más 500 años, ni este ni los procesos de conquista y colonización concluyeron al finalizar la dominación europea. Y debe quedar claro que no hay colonialidad sin colonialismo, ni capitalismo sin extractivismo, pues éste es un fenómeno estructural, históricamente vinculado y acotado a la modernidad capitalista. [2]

Para intentar una definición comprensible, el extractivismo hará referencia a aquellas actividades que remueven grandes volúmenes de recursos naturales no procesados (o que lo son limitadamente), sobre todo para la exportación en función de la demanda de los países centrales. El extractivismo no se limita a minerales o petróleo. Hay también extractivismo agrario, forestal, pesquero, inclusive turístico. Así en línea con Eduardo Gudynas – de quien se obtiene esta definición – cabría hablar mejor de extractivismos. [3]

Con la conquista y colonización de América, África y Asia empezó a estructurarse la economía-mundo: el sistema capitalista. Como elemento fundacional de tal sistema se consolidó la modalidad de acumulación extractiva, determinada entonces por las demandas de los nacientes centros capitalistas. Situación que se mantiene hasta ahora. A unas regiones se les especializó en extraer y producir materias primas y bienes primarios, mientras que otras asumieron el papel de producir manufacturas, con frecuencia usando los recursos naturales de los países empobrecidos. El saldo de este proceso es la vigencia inamovible de modalidades de acumulación primarioexportadoras, con el extractivismo como una de sus manifestaciones.

En años recientes se ha agudizado el extractivismo. Aprovechando sus cuantiosas reservas monetarias y financieras, muchas empresas transnacionales y algunas economías emergentes -como China también India, aunque en menor escala- han adquirido cada vez más activos a lo largo y ancho del planeta, ampliando aceleradamente su área de influencia. No solo son importantes demandantes de materias primas. En la lista de sus compras aparecen yacimientos petroleros y mineros, así como tierras para producir alimentos, en todos los continentes. En suma, presenciamos procesos de desposesión como los entiende David Harvey [4] e incluso una suerte de acumulación originaria global, con rasgos similares a los planteados por Karl Marx (1876) [5] y también por Rosa Luxemburg (1912).

Aquí algo fundamental. La apropiación de recursos naturales extraídos aplicando una serie de violencias [6] – es decir atropellando los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, “no es una consecuencia de un tipo de extracción sino que es una condición necesaria para poder llevar a cabo la apropiación de recursos naturales”, como atinadamente señala Eduardo Gudynas. [7] Y esto se lo ha hecho inclusive sin importar el agotamiento de muchos recursos.

Neoextractivismo, versión contemporánea del extractivismo de viejo cuño

En los últimos años, conscientes de algunas patologías propias del extractivismo, varios países de la región con regímenes “progresistas” han impulsado ciertos cambios importantes respecto a algunos elementos de la modalidad de acumulación primario-exportadora, pero sin afectarla en su esencia. Así, más allá de los discursos e inclusive de algunos planes oficiales para superarla, se ha consolidado y también ampliado la modalidad extractivista de acumulación.

Desde una postura nacionalista, los gobiernos “progresistas” han procurado principalmente un mayor acceso y control del Estado sobre los recursos naturales y sobre los beneficios de su extracción, lo cual no está mal. Lo preocupante es que desde esta postura se critica el control de los recursos naturales por parte de los capitales transnacionales, pero no la extracción en sí.

Si se contabilizaran los costos de los impactos sociales, ambientales y productivos de la extracción del petróleo o de los minerales, desaparecerían muchos de los beneficios económicos de estas actividades. Incluso si fueran crematísticamente rentables dichos proyectos, incorporando dichos costos, queda flotando la pregunta sobre la conveniencia de continuar ahondando esta modalidad de acumulación primario-exportadora que mantiene a estos países en una situación de subdesarrollo.

En estas condiciones el neoextractivismo [8], impulsado por gobiernos “progresistas”, es parte de una versión contemporánea del desarrollismo propio de América del Sur; opción duramente criticada en décadas anteriores tanto por estructuralistas y dependentistas. [9] Y por cierto, el extractivismo en el siglo XXI, inclusive el practicado por los gobiernos “progresistas”, no deja de ser conquistador y recolonizador.

Un dato a tomar en cuenta. En todos los países latinoamericanos, con gobiernos “progresistas” y neoliberales, los segmentos tradicionalmente marginados de la población han experimentado una relativa mejoría en sus condiciones de vida gracias al incremento de las exportaciones de materias primas en el último período debido a los elevados precios de las materias primas. Eso sí, en los países con presidentes “progresistas” este resultado se explica no solo por el crecimiento económico, sino también por una mejor distribución de los crecientes ingresos del extractivismo. Sin embargo, más allá de las improntas discursivas revolucionarias de estos gobernantes, no se ha impulsado una redistribución de la riqueza, menos aún un cambio de la modalidad de acumulación. Esto se explica por lo relativamente fácil que es obtener ventaja de la Naturaleza -atropellando a sus defensores- sin entrar en complejos procesos sociales y políticos de redistribución. Así incluso los grupos más acomodados de las viejas y nuevas oligarquías, muchas de ellas vinculadas al capital transnacional, no han dejado de obtener jugosas ganancias durante la época “progresista”.

Lo que cabe destacar es que los gobiernos “progresistas” y también los neoliberales, mantienen su fe en el mito del progreso en su deriva productivista y el mito del desarrollo en tanto dirección única, sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico, así como sus múltiples sinónimos. Y lo que más llama la atención es la confianza casi ilimitada de los gobernantes “progresistas” en los beneficios del extractivismo; quienes incluso han llegado a afirmar simplonamente que el extractivismo es apenas un sistema técnico de procesamiento de la Naturaleza. [10]

Ahora, cuando el ciclo de precios altos de las materias primas llega a su final, en todos los países, incluso de la mano de gobiernos “progresistas”, se vuelve a la lógica de los ajustes de inspiración neoliberal que, como todo indica, terminarán por golpear más a los de siempre: los sectores populares y medios.

La trampa de la maldición de la abundancia

Un punto cuestionable de esta modalidad de acumulación radica en la forma en que se extraen y se aprovechan dichos recursos, así como en la manera en que se distribuyen sus frutos. Pero el asunto es mucho más complejo. Las sendas del extractivismo -progresista o neoliberal- no son el problema mayor. La dificultad radica en el extractivismo mismo, que en esencia es de origen colonial y siempre violento, con todo lo que esto implica. Y que como tal mantiene a estos países atados al mercado mundial de manera subordinada y, en consecuencia, condenados al subdesarrollo. [11] Pongámoslo en palabras de Rosa Luxemburg: “el capitalismo vive a expensas de economías coloniales; vive, más exactamente de su ruina. Y si para acumular tiene absoluta necesidad de ellas, es porque éstas le ofrecen la tierra nutritiva a expensas de la cual se cumple la acumulación”. [12]

Esta realidad, que ha dado lugar a la tesis de la “maldición de la abundancia” [13], explica la existencia de economías en extremo frágiles y dependientes, víctimas de crisis económicas recurrentes, al tiempo que se consolidan mentalidades “rentistas”. Todo esto profundiza la débil y escasa institucionalidad, alienta la corrupción. Lo expuesto se complica con las prácticas clientelares y patrimonialistas desplegadas vía políticas sociales que deterioran el tejido organizativo y comunitario de la sociedad. Más allá de la ruptura de los límites ambientales, esta modalidad de acumulación primario-exportadora contribuye a frenar la construcción de democracias sólidas; así, el autoritarismo [14] o el populismo de alta intensidad, para tomar este concepto de la socióloga argentina Maristella Svampa [15], caracteriza a los gobiernos extractivistas, especialmente a los “progresistas”.

La realidad de una economía primario-exportadora, sea de recursos petroleros, minerales y/o frutas tropicales, por ejemplo, es decir exportadora de Naturaleza, se refleja además en un escaso interés por invertir en el mercado interno. Esto redunda en una limitada integración del sector exportador con la producción nacional. No hay los incentivos que permitan desarrollar y diversificar la producción interna, vinculándola a los procesos exportadores, que a su vez deberían transformar los recursos naturales en bienes de mayor valor agregado. Esta situación es explicable por lo relativamente fácil que resulta obtener ventaja de la generosa Naturaleza y de muchas veces también de una mano de obra barata.

Para cerrar el círculo es necesario comprender que el grueso del beneficio de estas actividades extractivas lo reciben las economías ricas, importadoras de estos recursos. Luego estos países sacan un provecho mayor procesando las materias primas y comercializándolas como productos terminados. Mientras tanto los países exportadores de bienes primarios, reciben, normalmente, una mínima participación de la renta minera o petrolera, mientras cargan con el peso de los pasivos ambientales y sociales. Los primeros importan Naturaleza, los segundos la exportan. Los primeros son desarrollados, los otros no.

A lo anterior se suma la masiva concentración de dichas rentas en pocos grupos oligopólicos. Estos sectores y amplios segmentos empresariales, contagiados por el rentismo, no encuentran alicientes (tampoco los crean) para sus inversiones en la economía doméstica. Con frecuencia sacan sus ganancias fuera del país y llegan inclusive a manejar sus negocios con empresas afincadas en lugares conocidos como paraísos fiscales.

Así las cosas, tampoco existe estímulo o presión para invertir los ingresos recibidos por las exportaciones de productos primarios en las propias actividades exportadoras, pues la ventaja comparativa radica en la generosidad de la Naturaleza, antes que en el esfuerzo innovador del ser humano. La respuesta para enfrentar una creciente demanda o incluso para responder a la caída de los precios de dichos recursos en el mercado mundial, ha sido -como ya dejó anotado expandir la frontera extractiva provocando cada vez más y mayores complicaciones.

No nos olvidemos que en este tipo de economías extractivistas, muchas veces con una elevada demanda de capital y tecnología para la extracción de las materias primas, funciona con una lógica de enclave. No hay impulso integradores de esas actividades primario-exportadoras con el resto de la economía y de la sociedad. Así el aparato productivo queda sujeto a las vicisitudes del mercado mundial. En especial, queda vulnerable a la competencia de otros países en similares condiciones, que buscan sostener sus ingresos sin preocuparse mayormente por un manejo más adecuado de los precios. Y como resultado de esto, las posibilidades de integración regional, indispensables para ampliar los mercados domésticos, desaparecen si todos los países vecinos producen similares materias primas.

Preguntémonos, entonces, hasta cuándo se va a aceptar que todos los países productores de bienes primarios similares, que son muchos, puedan desarrollarse esperando que la demanda internacional sea sostenida y permanente. En este escenario hay que reconocer que el real control de las exportaciones nacionales está en manos de los países centrales, aún cuando no siempre se registren importantes inversiones extranjeras en las actividades extractivistas. Muchas empresas estatales de las economías primario-exportadoras (con la anuencia de sus respectivos gobiernos, por cierto) parecerían programadas para reaccionar exclusivamente ante impulsos foráneos. Por otro lado, hay países, como en la actualidad China, que entregan cuantiosos créditos asegurándose el repago directa o indirectamente con recursos naturales. En síntesis, la lógica de la extracción de recursos naturales, motivada por la demanda externa, caracteriza la evolución de estas economías primario-exportadoras.

Debido a estas condiciones y a las características tecnológicas de las actividades petrolera o minera e incluso del agronegocio intensivo, no hay una masiva generación directa de empleo. Adicionalmente, las comunidades en cuyos territorios o vecindades se realizan estas actividades extractivistas han sufrido y sufren los efectos de una serie de dificultades socioambientales derivadas de este tipo de explotaciones. La miseria de grandes masas de la población parecería ser, por tanto, consustancial a la presencia de ingentes cantidades de recursos naturales (con alta renta diferencial). Esta modalidad de acumulación no requiere del mercado interno, incluso funciona con salarios decrecientes. No hay la presión social que obliga a reinvertir en mejoras de la productividad. Estas actividades extractivas impiden, con frecuencia, la ejecución de planes de desarrollo local adecuados.

Por todas estas razones, rápidamente descritas, estas economías primario-exportadoras no han conseguido superar la “trampa de la pobreza”. Esta es la gran paradoja: hay países que son ricos en recursos naturales, que incluso pueden tener importantes ingresos financieros, pero que no consiguen establecer las bases para su desarrollo y siguen siendo pobres.

Si se puede superar “la maldición de la abundancia”

Frente a la omnipresencia de los extractivismos asoman con frecuencia los reclamos por alternativas. Estas existen. El meollo radica en no seguir extendiendo y profundizando un modelo económico extractivista, es decir primario-exportador. Ese esquema no ha sido la senda para salir de la pobreza de ningún país. [16] El escape de una economía extractivista, que tendrá que arrastrar por un tiempo algunas actividades de este tipo, debe considerar un punto clave: el decrecimiento planificado del extractivismo. Por lo tanto, plantearse como opción más extractivismos para superar el extractivismo es una falacia.

En línea con lo dicho hay que potenciar actividades sustentables, así como aquellas que den paso a la manufactura de las materias primas dentro de cada país, pero sin caer en la lógica del productivismo y el consumismo alentada por las demandas de acumulación del capital. Por igual se requiere otro tipo de participación en el mercado mundial, construyendo bases de una integración regional más autocentrada para inclusive poder negociar mejores condiciones en bloque. Pero sobre todo, no se debe deteriorar más la Naturaleza y aumentar las brechas sociales. El éxito de este tipo de estrategias para procesar una transición social, económica, cultural, ecológica, dependerá de su coherencia y, particularmente, del grado de comprensión y respaldo social que tenga.

Igualmente hay que estar claros que la eliminación de la pobreza no se consigue solamente con inversión social y obra pública, y/o con una mejor distribución del ingreso. Si se quiere erradicar la pobreza hay que dar paso a una sustantiva redistribución de la riqueza y se debe cambiar la modalidad de acumulación primario-exportadora, que constituye la base estructural de tantas inequidades y violencias.

Por igual urge abordar con responsabilidad el tema del crecimiento económico. Paulatinamente vamos entendiendo que el crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo y éste, por lo demás, se ha demostrado como un fantasma inalcanzable. Aunque puede sorprender a algunas personas, los países que se consideran desarrollados, son maldesarrollados [17]; por ejemplo viven mucho más allá de sus capacidades ecológicas y no han logrado resolver la inequidad social, mientras aumentan las frustraciones sicosociales en su seno. En síntesis, es imposible sostener el crecimiento económico permanente en un mundo con claros límites biofísicos, que comienzan ser superados. De aquí surge la necesidad de vincular estas discusiones sobre el extractivismo con el decrecimiento o post-crecimiento. [18]

Este reto no lo vamos a resolver de la noche a la mañana. Hay que dar paso a transiciones a partir de miles y miles de prácticas alternativas existentes en todo el planeta, orientadas por horizontes que propugnan una vida en armonía entre los seres humanos y de estos con la Naturaleza. Eso nos conmina a transitar hacia una nueva civilización: pasar del antropocentrismo al biocentrismo es el reto. Esta nueva civilización no surgirá de manera espontánea. Se trata de una construcción y reconstrucción paciente y decidida, que empieza por desmontar varios fetiches y en propiciar cambios radicales, a partir de experiencias existentes y también construyendo nuevas utopías.

Este es el punto. Contamos con valores, experiencias y prácticas civilizatorias alternativas, como las que ofrece el Buen Vivir o sumak kawsay o suma qamaña de las comunidades indígenas andinas y amazónica. [19] A más de las visiones de Nuestra América hay otras muchas aproximaciones a pensamientos filosóficos de alguna manera emparentados con la búsqueda de una vida armoniosa desde visiones filosóficas incluyentes en todos los continentes. El Buen Vivir, en tanto cultura de vida, con diversos nombres y variedades, ha sido conocido y practicado en distintos períodos en las diferentes regiones de la Madre Tierra, como podría ser el Ubuntu en África o el Swaraj en la India. [20] Aunque mejor sería hablar en plural de buenos convivires, para no abrir la puerta a un Buen Vivir único, homogéneo, imposible de realizar, por lo demás.

En suma, nos toca construir un mundo donde quepan otros mundos, sin que ninguno de ellos sea víctima de la marginación y la explotación, y donde todos los seres humanos vivamos con dignidad y en armonía con la Naturaleza.

Endnotes

[1] Economista ecuatoriano. Investigador de la FLACSO-Ecuador. Exministro de Energía y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República.

[2] Horacio Machado Aráoz “La naturaleza americana y el orden colonial del capital – El debate sobre el “extractivismo” en tiempos de resaca”, en rebelión.org; abril del 2016. https://www.rebelion.org/noticia.php?id=211020.

[3] Se recomienda el libro de este autor: Eduardo Gudynas, Extractivismos – Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza, CLAES – CEDIB, La Paz, 2015.

[4] Consultar en Harve,y David. El nuevo imperialismo. Madrid: Akal, 2003.

[5] Precisamente, desde la perspectiva de Marx, al hablarnos sobre la acumulación originaria, nos dice claramente que el origen de esta se encuentra en la violencia: “El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la trasformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria”, Karl Marx, El Capital, tomo I, 1876. Print.

[6] Karl Marx, “La conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia”, Karl Marx, El Capital, tomo I, Vol. III, 1876; Rosa Luxemburg, “La violencia, el engaño, la opresión y la rapiña” (1912).

[7] Gudynas Eduardo. “Extracciones, extractivismos y extrahecciones – Un marco conceptual sobre la apropiación de recursos naturales.” Observatorio del desarrollo 18 (febrero 2013). 1-18.

[8] Hay varias aproximaciones este concepto. Algunos tratadistas hablan de neoextractivismo en el caso de los gobiernos progresistas, otros lo usan para denominar la reciente fase de extracción de recursos naturales. Aquí asumimos la primera acepción conceptual.

[9] Esta discusión tiene mucha historia en América Latina. Podríamos recurrir a los aportes de los dependentistas, de indudable actualidad. Por ejemplo Furtado, Celso. Teoría y política del desarrollo económico. México: Siglo XXI, 1969. Print; Pinto, Aníbal, “Naturaleza e implicaciones de la “heterogeneidad estructural” de la América Latina”. El Trimestre Económico. 37.145.8, 1970. Print; Frank, Andre Gunder. Capitalismo y subdesarrollo en América Latina. México: Siglo XXI , 1970. Print. Una actualización de este debate en sintonía con el extractvismo se encuentra en el artículo de Acosta, Alberto. “Las dependencias del extractivismo. Aporte para un debate incompleto.” Actuel Marx Intervenciones 20 (2016). Print.

[10] Linera, Álvaro García. Geopolítica de la Amazonía. Poder hacendal – patrimonial y acumulación capitalista. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia: La Paz, 2012. Print.

[11] Vale revisar los valiosos aportes de Jürgen Schuldt sobre esta materia, por ejemplo en Schuldt, Jürgen ¿Somos pobres porque somos ricos? Recursos naturales, tecnología y globalización. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2015. Print Una síntesis preliminar de estas reflexiones se encuentran el artículo de Jürgen Schuldt y Alberto Acosta, “Algunos elementos para repensar el desarrollo – Una lectura para pequeños países”, en, Alberto Acosta, ed. El desarrollo en la Globalización. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 2000. Print.

[12] Luxemburg, Rosa. La Acumulación del Capital. Edicions Internacionals Sedov, 1912. Disponible en www.grupgerminal.org.

[13] En la teoría se habla de la “maldición de los recursos” o la “paradoja de la abundancia”. Ver esta discusión en el libro de Acosta, Alberto. La maldición de la abundancia. Quito: CEP, Swissaid y Abya-Yala:, 2009. La bibliografía sobre este tema, desde las más variadas vertientes ideológicas, es enorme.

[14] La intolerancia de los regímenes “progresistas” con los críticos al extractivismo es proverbial. Una síntesis de este particular nos ofrece Horacio Machado Aráoz Ibid.

[15] Consultar Maristella Svampa: “América Latina: de nuevas izquierdas a populismos de alta intensidad”, octubre de 2015. http://revistamemoria.mx/?p=702.

[16] Noruega no es la excepción que confirma la regla. En este caso la extracción de petróleo empezó y se expandió cuando ya existían sólidas instituciones económicas y políticas democráticas e institucionalizadas, con una sociedad sin inequidades comparables a la de los países petroleros o mineros, es decir cuando el país escandinavo ya era un país que podría ser considerado como desarrollado.

[17] Ver, por ejemplo, el libro de Tortosa, José María. “Mal desarrollo y mal vivir – Pobreza y violencia escala mundial.” Ed. Alberto Acosta y Esperanza Martínez. Quito: Serie Debate Constituyente, Abya–Yala, , 2011. Print.

[18] Para encontrar puntos en común basta revisar el interesante el aporte -traducido a varios idiomas- de varios autores en el libro de D’Alisa, Giacomo y Federico Demaria y Giorgios Kallis, eds. Degrowth. Handbuch für eine neue Ära. München: Oekom Verlag, 2016. Print. También es aleccionadora la lectura del libro de Koldo Unceta sobre esta discusión, relacionando el postcrecimiento con el postdesarrollo. Acosta, Alberto y Esperanza Martínez, eds. Desarrollo, postcrecimiento y Buen Vivir. Quito: Serie Debate Constituyente, Abya-Yala, 2014. Print.

[19] La lista de textos que abordan este tema es cada vez más grande. Podríamos mencionar, entre muchos otros aportes, los textos del autor de estas líneas, como el libro El Buen Vivir Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos, ICARIA, Barcelona, 2013 (Este libro ha sido editado en francés – Utopia 2014, en alemán – Oekom Verlag 2015, en portugués – Editorial Autonomia Literária y Editorial Elefante 2016).

[20] Ver Kothari, Ashish y Federico Demaria y Alberto Acosta. “Buen Vivir, Degrowth and Ecological Swaraj: Alternatives to sustainable development and the Green Economy.” Development 57, 3/4,

Publicado en revista Fiar Vol 9.2 (Sept. 2016)

Fuente: http://interamerica.de/wp-content/uploads/2016/09/02_fiar-Vol.-9.2-Acosta-25-33.pdf

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