Trump contra Clinton: las predicciones tienen consecuencias

Immanuel Wallerstein
Los medios de comunicación mundiales, en especial los estadunidenses, siguen con intenso interés y preocupación las elecciones presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos. Casi todos los relatos discuten cuál de los dos candidatos principales, Donald Trump y Hillary Clinton, tiene más probabilidades de ganar y con qué margen. Los medios también están llenos de explicaciones acerca de los resultados de las encuestas, las cuales, por supuesto, varían en el tiempo.

Sin embargo, casi ninguna cobertura plantea la pregunta de quién supone el encuestado que va a ganar los comicios, independientemente de las preferencias de éste. No sabemos qué tantas personas se sienten seguras de sus predicciones. Sea cual fuere la cifra hoy, es probable que crezca conforme nos aproximemos al momento final de la elección. Mi suposición, es realmente sólo eso, es que quizá cuando mucho un tercio del electorado sentirá que sabe cuál será el resultado. Y tengan en cuenta que sentirnos seguros de quién será vencedor es bastante distinto de sentirnos seguros acerca de nuestras preferencias.

La consecuencia más obvia de adelantar una certeza afecta a aquellos votantes que están seguros de que su candidato preferido ciertamente va a ganar. Esta consecuencia es una que los mismos candidatos temen siempre. Los votantes que se sienten seguros de que su candidato va a ganar pueden pensar que es innecesario hacer el esfuerzo de realmente sufragar. Es por esto que los candidatos se involucran en elaborados esfuerzos por lograr que sus supuestos simpatizantes realmente voten.

Podríamos llamar a esto el “factor de la pereza”. Los sociólogos le llaman las profecías de la autoderrota. ¿Afectará más esta “pereza” de los votantes a quienes prefieren a Trump o a Clinton? Es difícil decirlo, porque el factor de “pereza” varía de acuerdo con la intensidad de las preferencias de los votantes. Este factor se está discutiendo públicamente en términos de las preferencias negativas de los votantes. ¿Cuáles constituyen un mayor porcentaje de personas cuyo sufragio lo determina el temor de que el otro candidato pueda ser electo, los de Trump o los de Clinton? Y ¿por qué?

Hay muchas más consecuencias de las predicciones de los votantes que la consecuencia de la “pereza”. Tomen el caso de los votantes que valoran el llamado balance entre las ramas ejecutiva y legislativa del gobierno estadunidense. Si tales votantes se sienten seguros acerca del ganador pueden variar su sufragio, de su candidato preferido al otro candidato, con el fin de obtener un resultado político “balanceado”. Aquí estamos entrando en una zona de mucha opacidad. Es muy aventurado afirmar qué tanto el factor “balance” cambiará el voto final del electorado.

Otro factor es lo que podría llamarse el deseo de enviar un “mensaje” al ganador y al partido que se desempeña con más fuerza. Un votante en favor de Clinton puede estar preparado para respaldar al candidato de un tercer partido si no le entrega la elección a Trump. Por tanto, si tales votantes estuvieran seguros de que Clinton ganaría, sentirían que es “seguro” utilizar su voto para enviar un mensaje.

Los votantes que respaldaron a Bernie Sanders pueden entonces votar por Jill Stein, del Partido Verde; Gary Johnson, del Partido Libertarista, o simplemente abstenerse en vez de sufragar por Clinton. De modo semejante los simpatizantes de Trump pueden votar por Johnson, abstenerse o de hecho sufragar por Clinton. O si es seguro que Trump gane, pueden concentrar su energía y dinero en los candidatos a congresistas.

El punto es que cuando los votantes individuales piensan que pueden predecir con certeza un resultado inherentemente incierto, tal reafirmación propia puede alterar las consecuencias reales de formas complicadas. La combinación de lo que yo llamo factores de pereza, balance y mensaje pueden hacernos menos confiados en el modo en que buscamos conseguir nuestras preferencias electorales y en cómo intentamos persuadir a otros de que hagan el mismo análisis que estamos haciendo.

Eso nos trae al último factor, que llamaré el de la “importancia de votar”. Hay muchos electores calificados que son escépticos de que el sufragio haga alguna diferencia real en lo que ocurra después de la elección. Este grupo puede subdividirse entre aquellos que sienten que no tiene ninguna importancia y aquellos que dudan ante la cuestión. Los que dudan pueden ser persuadidos de no votar por algún candidato (al que prefieren apenas) si sienten que conocen el resultado, pero no son convencibles si se sienten inciertos del resultado.

¿Y qué ocurre con los propios candidatos? ¿Sienten que están seguros de quién ganará? Parece que no. Ambos actúan como si estuvieran nerviosos acerca de los resultados de una elección cerrada. Trump alega que tiene los votos y, por tanto, debería ser declarado ganador. Dice que si no se le declara así, es porque el sistema está cargado y, por tanto, se le habrá “arrebatado la victoria con trampas”.

Este argumento puede ser sólo un modo de asegurarse de que sus simpatizantes salgan a votar. O puede ser una explicación que “le salva la cara” ante una derrota anticipada. Además, ha llamado a sus electores a que vigilen las urnas para que no haya trampas, lo cual puede ser un modo de intimidar a los votantes “minoritarios” de salir a las urnas. La razón más probable es que prepara el terreno para desafiar la legitimidad de una victoria de Clinton y, por tanto, continuar la campaña después de las elecciones, en anticipación de futuros comicios.

Clinton también arguye sobre la incertidumbre de su victoria. En su caso, la explicación es más fácil. Genuinamente tiene incertidumbre. Por tanto, necesita estimular a sus simpatizantes para que no sean “perezosos”. Lo más importante es que probablemente busque desalentar el voto de “mensaje”. Y está haciendo una causa pública contra el voto de “balance”. Finalmente, quiere mantenerse fuera de las luces que puedan iluminar sus debilidades volteando la mirada hacia Trump y sus debilidades. La egomanía de Trump, que siempre lo hace buscar los reflectores, ayuda a Clinton en este respecto.

De nuevo, éste no es un análisis de quién ganará o de por qué uno debiera preferir una cierta conducta o de por qué otras personas respaldan una conducta en particular. Es, simplemente, un esfuerzo por mostrar los factores que afectan los resultados y los modos en que las certezas que tienen o tendrán algunos votantes afectarán el resultado real.
Fuente: La Jornada
Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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