Dopaje olímpico

Como el narcotráfico, la violencia y la corrupción, el dopaje en el deporte, olímpico o no, llegó hace decenios para quedarse. La duda sobre la limpieza de los récords es una gangrena indetenible. Se ha llegado a un punto sin retorno donde pueden más los intereses político-económicos que la salud de los atletas y del deporte. De más en más los récords son sometidos a la sospecha: todos quedamos con la duda de si fueron logrados limpiamente o con la ayuda de estimulantes cada vez más sofisticados.

Pero crecen las voces defendiendo el dopaje controlado. Según esa opinión, sin esos brebajes no es posible garantizar que el show deportivo siga cautivando a las masas ávidas de hazañas al por mayor. En Río 2016 castigaron a Rusia, la eterna rival de Estados Unidos en todos los ámbitos habidos y por haber. En ese aspecto la Guerra Fría sigue tan caliente como fue en sus años dorados.

En la práctica, como sucede con las actitudes de los gobiernos frente a los cárteles productores y distribuidores de drogas, la Justicia se aplica a la carta. La DEA, por ejemplo, nunca ha combatido a ese enemigo. Lo que hace es administrar el imparable negocio: hoy van contra un cártel y mañana contra otro. Todo depende de los equilibrios relacionados con las masas consumidoras, ubicadas claramente en Estados Unidos y Europa.
Decir que el deporte ya no se concibe sin el uso controlado y discrecional de los anabolizantes equivale a decir que la gente de la calle tampoco puede prescindir de su particular manera de doparse. Y en la práctica eso es lo que sucede en el día a día. Nos dopamos sin descanso de muchas maneras. Cada quien encuentra la suya. ¿Es un problemas de salud pública? seguro. Hasta los doctores que nos dan consulta se dopan.

Se dopan los políticos, se dopan los empresarios, se dopan los encargados de castigar el dopaje, se dopan los que critican el dopaje, se dopan los curas, se dopan las monjas, se dopan los abogados, los presos, los jueces, los carceleros, se dopa el pueblo a su modo, dependiendo del poder adquisitivo, en suma, se dopan poderosos y jodidos, bendecidos y satanizados.
De modo que, o se aborda el problema sin tapujos e intereses, o seguimos fingiendo demencia y aplicando una Justicia a la carta.

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