La economía global se halla en una situación desesperada

Mariana Mazzucato
La crisis de 2008 fue causada por una excesiva deuda privada. Una causa clave de ese incremento fue el estancamiento de los ingresos reales, de modo que el crédito se usó para mantener los niveles de vida. Lejos de curar la causa de eso, el grueso de las “reformas” luego de la crisis se centraron en la reducción de los niveles de deuda pública. Y a medida que avanzaba la austeridad, la deuda pública seguía creciendo debido a los efectos de la caída del crecimiento económico en la recaudación tributaria.

Aunque la economía no está en vía de desplome, sigue en su espiral bajista: los niveles de deuda personal andan cerca de los de 2008, la falta de inversión ha causado ha hecho flaquear a los ingresos y los cambios registrados en los precios de las materias primas han venido a revelar los desbalances de unas economías demasiado dependientes de los recursos naturales.

El mayor problema es que el sector financiero no está trabajando para la economía real, sino contra ella. En la cúspide de todo eso, las empresas están cada vez más financiarizadas y centradas en actividades como la recompra de participaciones para disparar al alza las opciones de acciones y la remuneración de los ejecutivos, en vez de dedicarse a la inversión.

La economía global se halla en una situación desesperada como resultado de pésimas decisiones, tanto de los gobiernos como del mundo de los negocios

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