Qué (no) hemos aprendido de la crisis

Anabel Vigil Villodrez
El salmón contracorriente

Un país en el que el 1% mueve hilos desde la cima, mientras observa cómo al 80% su sistema les tima. Y es que de la OCDE, y tras Chipre, el mayor grado de desigualdad nos lo comemos sin rechiste. ¿Así es como creemos haber salido de esta crisis en la que ellos mismos nos han metido?

Haciendo un breve repaso a la crisis ya vivida, no puedo dejar de pensar sino en lo que ahora se nos avecina. Ocho años ahora hace, desde que nuestro sistema financiero colapsase. ¿Y qué podríamos decir que hemos aprendido? A cometer los mismos errores sin sentido.

España, país de catástrofes estructurales y medidas coyunturales. Respecto a los bancos, menudo disparate con eso del rescate. Un rescate bancario que no sólo nos ha costado más de 41.300 millones de euros a la ciudadadanía, sino que también nos ha dejado para con nuestros euro-amigos en sus manos. Sometidos a vigilancia especial y con las arcas del Estado como rehén principal. Postulando la estabilidad presupuestaria como núcleo de la sagrada maquinaria. Y es que, ¿desde cuándo la solución al problema enreda aún más el dilema?

España tuvo en su mano destruir el sistema financiero actual, cosa improbable en la realidad, teniendo en cuenta quién tiene hoy aquí todas las de ganar. Y es que en este libre juego de la oferta y la demanda, bien sabido es que sólo hay cabida para el que manda. ¿Sin embargo qué hizo Islandia? Rechazar el rescate a la banca privada, dejando caer a los grandes directivos con desgana. Mientras, aquí en España, Lehman Brother a nuestro ministro encandilaba; banco que solvencia aparentaba gracias a que sus balances maquillaba. Rescatando a ladrones por mantener un sistema a flote, un sistema que la realidad no toque. Y es que la realidad es otra y nada tiene que ver con la Troika.

Aunque por fin se diga que España ha conseguido salir de la maraña, ¿en qué se basa tal patraña? En que por primera vez, el dios PIB crece con fluidez; pues éste, cual maestre, ha superado su propio nivel de 2007 correspondiente al tercer trimestre (teórico punto de partida de la época sin vida). Y es que las medidas de austeridad adoptadas desde el gobierno, no han hecho más que agobiarnos en un infierno. Para reducir el déficit, hay que reducir el gasto; y ya mis ciudadanos que coman pasto. Quién necesita sanidad o educación, teniendo el déficit bajo renglón. Quién necesita un trabajo o salario digno, mientras el FMI no nos haga ningún signo. Cómo se va a reactivar la economía, si es que no nos da ni pa’ “comía”.

Ya algo decía Keynes con bastante solemnidad, y es que el auge económico, y no la crisis, es el momento adecuado para la austeridad. Obviando el paracronismo realizado, veamos qué se ha conseguido aparte de la recuperación del PIB sostenido. Una gran reducción del nivel de ocupación, que dos millones y medio de personas se ha comido para con Europa mantener lo prometido. Pero, ¿a quién le va a importar la recuperación laboral, siendo la mano de obra un simple instrumento de maniobra? Y para completar tal armonía musical, tenemos la caída abismal de las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social. ¡Ni que fuese la principal fuente de financiación de las prestaciones por jubilación! Veintisiete mil millones es lo que nos han dejado, ¿de verdad se puede hablar de recuperación después del dato dado?

Y es que apretándonos el cinturón no hacen más que deteriorar nuestra capacidad de consumo e inversión. Ahogando a la clase obrera para salir de la contienda, pues eso de media no hay quién lo entienda. Sumiéndonos en una situación de emergencia social, de la que las altas esferas no quieren ni hablar. Krugman ya lo sabía, que recortar en gasto mientras la economía está en depresión es una estrategia contraproducente, pues sólo consigue agravar la depresión ya presente. Sin posibilidades para esta clase trabajadora de remontarse y como única opción del país alejarse.

Pero oye, que el PIB del Estado ha remontado. Quizá tampoco se esté haciendo tan mal, o quizá es que nos guste que nos abran en canal. Un país en el que el 1% mueve hilos desde la cima, mientras observa cómo al 80% su sistema les tima. Y es que de la OCDE, y tras Chipre, el mayor grado de desigualdad nos lo comemos sin rechiste. ¿Así es como creemos haber salido de esta crisis en la que ellos mismos nos han metido? Haciendo más rico al que ya tenía un pico y más pobre al que menos cobre. Cargándonos a la base de la sociedad entera, la clase obrera. ¿Hay alguien que se haya preocupado del bajo nivel de derechos fundamentales que se nos ha quedado? Desahucios, salarios irrisorios, pobreza energética;¿dónde diablos está nuestra ética? Y así es el ajuste de la llamada ley de demanda y oferta, que puede dar lugar a que mientras los ricos tengan leche para sus gatos amamantar; los pobres no tengan con qué a sus hijos alimentar. Tal y como Samuelson decía, a ver si es que de esto no se sabía.

Ya está bien esta supremacía del sistema financiero existente, que no tiene ganas de ajustarse a la realidad presente. ¿O acaso no es la economía un saber social? Aunque lleve siglos más bien preocupada por el poder señorial. Alimentada de forma sectorial por la búsqueda del dominio imperial. Protegida de forma institucional, pues en nuestra enseñanza no hay más batalla que la del capitalismo del canalla. Nada más hay que ver telediarios y noticias, periódicos y revistas; medios de cultivo vendidos al mal más destructivo.

Una nueva forma de ver la Economía debe darse, pues personas, medio ambiente y derechos no deben olvidarse. Otro nuevo modelo debiera ser construido, pues muchas variables se han dejado en el olvido. Ya está bien de favorecer al poder establecido, pues aunque lo contrario se diga de esta crisis aún no se ve la salida. Habrá quien me tome por loca, por decir que en este capitalismo basura es lo que toca. Y es que para no dejar fisura o errata, ya mandarán al vil tecnócrata bien ataviado de gran demócrata; para que, con su moldeado cerebelo, consiga reescribir su flagrante modelo y contener así nuestro recelo. Pues como peones de su tablero, no osemos cabrear al clero.

Y no pretendo ser negativa, aunque sí disuasiva; ya que, o ampliamos perspectiva, o de ésta, tengamos por seguro, no nos saca ninguna comitiva. La verdadera solución al problema presente, creedme que está bien ausente, pues se encuentra latente en el poder de la gente. Y es que quizá haya que sacar memoria… Y acudir a la historia.

Anabel Vigil Villodrez pertenece al colectivo Economistas sin fronteras.

Fuente: http://www.elsalmoncontracorriente.es/?Que-no-hemos-aprendido-de-la

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