Muhammad Ali, el más grande

El mundo extrañará a Muhammad Ali, la voz más grande dentro y fuera del cuadrilátero. Su muerte trascendió lo cotidiano, como sucede cuando fallece una leyenda. Desde presidentes, políticos, empresarios, figuras del deporte y del espectáculo hasta los más humildes, todos le rinden homenaje.

Admiradores erigieron un improvisado monumento frente al hospital de Phoenix, Arizona, donde falleció, con ofrendas y recuerdos, mientras las condolencias se desbordaron en las redes sociales.

Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas: “Fue más que un boxeador legendario; fue un campeón mundial por la igualdad y la paz. Luchó por un mundo mejor y utilizó su plataforma para elevar a la humanidad”.

Barack Obama, presidente de Estados Unidos: “Era El Más Grande. Punto final. Si le preguntaban, él lo decía claramente, que él era doblemente el más grande. Que él iba a esposar al relámpago y a meter al rayo a la cárcel. Su lucha fuera del cuadrilátero le costó el título y su estatus público, pero se mantuvo firme y su victoria nos ayudó a acostumbrarnos a la nación que reconocemos hoy”.

George Foreman: “Ali, Frazier y yo formábamos uno. Una parte de mí se ha ido, la más grande”.

Don King, promotor de sus más grandes peleas: “Adoro a Ali, fue un amigo de toda la vida. Nunca morirá. Su espíritu seguirá por siempre”.

Diego Armando Maradona: “El mejor de todos los tiempos, con mucha diferencia. Fue el único hombre que me hizo ver llorar a mi papá cuando lo vio en vivo en la pelea entre Ray Sugar Leonard y Tommy Hearns, en Las Vegas, en el 81. Seguro se fue porque ya no podía darnos más felicidad”.

Pelé: “Era mi amigo, mi ídolo, mi héroe. Pasamos muchos momentos juntos y siempre mantuvimos contacto todos estos años”.

Manny Pacquiao: “Por favor, tengan a Ali en sus pensamientos y oraciones. Con Dios, todo es posible”.

Mike Tyson: “Dios vino a buscar a su campeón. Adiós al más grande”.

Evander Holyfield: “Es una pérdida enorme. Quería ser como él. Me inspiró”.

Michael J. Fox, actor que padece Parkinson: “Un gigante, una inspiración, un hombre de paz, un guerrero por la cura. Gracias”.

Michael Jordan: “Fue más grande que el deporte y que la vida misma, el más grande de su era en el cuadrilátero y un ícono mundial del deporte”.

La leyenda del boxeo, Mohamed Alí, tres veces campeón de los pesos pesados, era una persona subversiva y peligrosa. O, al menos, merecedor de las atenciones del programa de espionaje Proyecto Minarete. Corría el año 1967 y las protestas contra la Guerra de Vietnam y el movimiento por los derechos civiles parecían estar “incendiando” Estados Unidos, en palabras del entonces presidente, Lyndon B. Johnson, quien ordenó a la CIA y al Ejército averiguar si el movimiento pacifista recibía “ayuda del exterior”. Después, el FBI incorporó a la investigación algunos nombres de personalidades norteamericanas a las que se debía vigilar. Finalmente, La Agencia Nacional de Seguridad (NSA) asumió el programa de espionaje y lo lanzó en 1969. Había nacido el Proyecto Minarete.

Documentos confidenciales desclasificados por el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington han revelado que la NSA espió al boxeador nacido como Cassius Clay, a Martin Luther King y la defensora de los derechos civiles Whitney Young, los parlamentarios Church y Baker, el columnista humorístico Art Buchwald, el columnista del New York Times Tom Wicker y otras 1.600 personalidades que se mostraban críticas con la intervención en Vietnam. La vigilancia incluyó interceptar sus llamadas telefónicas y mensajes de cable y télex.

“No tengo ni idea de por qué seguían a Tom Wicker y Artie Buchwald”, explica al Washington Post el historiador especializado en temas de Inteligencia y en la NSA Matthew M. Aid. “¿Desde cuándo los periodistas se convirtieron en objetivos de la Inteligencia?”.

Lo cierto es que, en el caso de Alí, el boxeador se había convertido en una figura con influencia social fuera del cuadrilátero tras negarse a que las Fuerzas Armadas le reclutasen para ir a Vietnam. Se declaró objetor de conciencia. Aquello bastó para ser incluido en el proyecto, cuya labor fue definida por un abogado de la NSA que revisó el programa en aquellos años como poco respetable, “si no totalmente ilegal”.

El Proyecto Minarete continuó después de que Richard Nixon accediese al Despacho Oval en 1969 y, según los historiadores, reflejaba el clima de paranoia que impregnó su presidencia. El fiscal general de EEUU Elliot Richardson lo cerró en 1973, justo cuando la Administración Nixon fue sepultada por el escándalo.

Medidas para reformar los programas de espionaje

Precisamente el día en que se conoció la lista de personalidades norteamericanas que eran espiadas, un grupo de senadores estadounidenses introdujo en el Congreso un proyecto de ley que busca reformar y establecer controles a los cuestionados programas de la Agencia de Seguridad Nacional.

“Las revelaciones de los últimos 100 días han provocado un cambio radical en la forma en que la opinión pública ve esos programas de vigilancia”, explicó en una conferencia de prensa el senador demócrata Ron Wyden, defensor de controles más estrictos a esas prácticas.

Estos programas de espionaje masivo de las comunicaciones telefónicas y digitales, considerados como el mayor sistema de vigilancia de la historia, fueron desvelados recientemente por el exanalista de la NSA Edward Snowden, que está actualmente escondido en Rusia, y han sido defendidos por el presidente Barack Obama como una herramienta clave de la lucha antiterrorista de EEUU. Las reacciones entre los estadounidenses han variado, entre los indignados por el excesivo poder de control concentrado en manos del Gobierno y los que aseguran que no tienen nada que ocultar y que sacrifican esa privacidad a cambio de seguridad. Sin embargo, algunos expertos advierten de que, más allá de debates morales, hay problemas muy graves derivados del acceso masivo, indiscriminado y con escaso control de las comunicaciones mundiales.

El proyecto de ley presentado ayer prohíbe la recolección masiva de los registros de los estadounidenses y crea la figura de un “defensor” para representar a los ciudadanos ante el tribunal que supervisa los programas de espionaje. Además, abre la puerta a demandas por parte de los ciudadanos afectados y permite a las empresas revelar más información sobre su nivel de cooperación con el Gobierno en este aspecto.

El director de la NSA, el general Keith Alexander, reaccionó ayer criticando las “sensacionalistas” informaciones sobre las labores de esa agencia de ciberespionaje y aseguró que sería un error limitar sus poderes. El Congreso parece, por el momento, darle la razón. En julio pasado, la Cámara de Representantes rechazó, en una ajustada votación, una enmienda que habría bloqueado los fondos destinados a financiar el polémico programa de recolección de registros telefónicos de la NSA.

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