Las migraciones y el keynesianismo militar

Guglielmo Carchedi

I. En el debate actual sobre los inmigrantes, se hace una distinción entre emigrantes económicos y refugiados políticos. Solamente los refugiados políticos deben ser recibidas por razones humanitarias. Los emigrantes económicos deben ser encarcelados (según propone el partido racista holandés) o recibidos a tiros (como sugiere el partido racista alemán). La distinción entre refugiados políticos y económicos es falsa, hipócrita y cínica. Si las guerras crean la pobreza, los refugiados son emigrantes económicos. Y si los emigrantes económicos escapan del desempleo y la pobreza creados por las guerras, los emigrantes económicos son refugiados políticos. Todos debe ser aceptado por razones humanitarias.

A los xenófobos y los racistas les tiene sin cuidado las razones humanitarias. Para ellos, los inmigrantes económicos deben ser rechazados porque roban puestos de trabajo a los italianos. Falso. Italia es un país en fuerte declive demográfico. La presencia de inmigrantes es tan necesaria que si de repente se fueran mañana, el país se iría al infierno. Sin inmigrantes, industrias enteras dejarían de funcionar y muchos italianos perderían sus puestos de trabajo.

Pero, según estos defensores idiotas de la patria, si se fueran los inmigrantes, sus puestos de trabajo irían a los trabajadores italianos. Este es un ejemplo típico de culpabilización de la víctima. La pregunta es: ¿quién roba puestos de trabajo a los italianos? Ciertamente no los inmigrantes. Los empresarios confían en que, aprovechando la debilidad contractual de los inmigrantes, pueden contratarlos de manera ilegal o con salarios más bajos de lo que tendrían que pagar a los trabajadores italianos. Los inmigrantes son las víctimas, no los culpables. Los responsables del paro de los italianos son los empresarios italianos que contratan a los inmigrantes en lugar de a los italianos. Son los empresarios los que roban el trabajos a los italiano para dárselo a los inmigrantes, no los inmigrantes los que roban los empleos a los trabajadores italianos. Son los empresarios los que roban parte de los salarios de los inmigrantes mediante el pago de salarios más bajos si no ínfimos.

II. Estas y otras mentiras son fáciles de desmontar. Más difícil de refutar es otra mentira, tan sutil como insidiosa. Es la del keynesianismo militar, es decir, los supuestos efectos beneficiosos, tanto para el capital como para el trabajo, del gasto militar inducido por el Estado y su efecto en cascada en toda la economía. Este efecto en cascada se denomina multiplicador keynesiano. Cuando se aplica a los gastos militares, sirve para racionalizar las guerras (a costa de los demás, por supuesto). Por lo tanto, es necesario examinar la lógica de la teoría del keynesianismo militar y revelar tanto sus errores conceptuales como el contenido de clase.

Es evidente que es el capital el que ha creado la actual ola de migración mediante la creación y el fomento de las guerras que son en su causa. Guerras fomentadas por los países imperialistas que requieren armas que estos países están dispuestos a producir y exportar.

Veamos primero de todo los países que son los exportadores e importadores de armas.

Tabla 1

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Vemos entonces los que realmente se benefician.

Tabla 2

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La industria de la guerra enriquece a las grandes empresas productoras de armas. De los 10 productores más grandes, 6 son estadounidenses. Sin embargo, según los economistas convencionales, lo que es bueno para la industria de guerra es buena para toda la economía. Y si las consecuencias son la muerte y la destrucción en los países importadores y las olas masivas de inmigración, podemos lamentarlo, pero la vida es así. Insisten: no somos responsables de lo que los países importadores hacen con las armas.

Cerremos los ojos a su repugnante cinismo y veamos en que consiste su teoría.

I. La producción de armas no hace crecer la economía

Considere, por ejemplo, la producción de armas de Finmeccanica y su exportación de alrededor de 10.500 millones de dólares (véase el cuadro 2). Finmeccanica ha producido un valor de 10.500 millones de dólares, cuyo valor de uso es destruir valor, no crearlo. Esto no se discute. Pero considere las armas cuando se suspende su valor de uso, cuando no se utilizan. Las armas contienen valor porque son bienes producidos por la mano de obra para el capital. Pero desde el punto de vista de la reproducción económica, la creación de valor, son inútiles porque no son ni bienes de consumo o bienes de capital. Las armas no son bienes reproductivos. Pero téngase en cuenta que, contienen valor, a pesar de que no son bienes reproductivos. El trabajo que las produce es productivo.

Supongamos que el país importador es Corea del Sur y el comprador el estado de Corea del Sur. El estado de Corea del Sur paga a Finmeccanica 10.500 millones de dólares por mercancías, pero en la medida en que no se utilizan, son inútiles para la creación de valor.

Finmeccanica ha creado trabajo, pero ha producido bienes innecesarios, pero el coste se vierte sobre el estado de Corea del Sur. Corea del Sur utiliza diez mil quinientos millones de dólares para comprar esas armas. En la medida en que esos dólares fueron extraídos de los trabajadores a través de los impuestos, los 10.500 millones en armas fueron robados a los trabajadores surcoreanos.

Supongamos que con esos 10.500 millones de dólares Finmeccanica comprará bienes civiles surcoreanos. Tanto el valor como el valor de uso producido por los trabajadores coreanos es apropiado por Finmeccanica de Italia.

En resumen, Finmeccanica explota el trabajo de los trabajadores italianos, que se revierte sobre el estado de Corea del Sur que compra bienes innecesarios (armas) porque no son reproductivos. El estado que paga es el de Corea del Sur, Finmeccanica de Italia compra bienes civiles surcoreanos y se apropia del valor y del valor de uso producido por los trabajadores de Corea del Sur. Finmeccanica se apropia de la plusvalía producida en Corea del Sur y aumenta sus ganancias.

Sin embargo, lo que es cierto para una empresa no es necesariamente cierto para la economía nacional. Para la economía italiana, el trabajo empleado ha sido para la producción de bienes innecesarios y por lo tanto se desperdicia ese valor. El valor perdido en Italia se iguala con el apropiado en Italia desde Corea del Sur. Por tanto, es erróneo afirmar, como muchos economistas hacen, que la economía italiana crecerá gracias al gasto militar. La economía italiana es estática porque el valor que se realiza es la otra cara de la moneda de una pérdida de valor.

II. El intercambio desigual favorece a los fabricantes de armas

Pero también hay otra ventaja para Finmeccanica inversa a otra desventaja para Corea del Sur.

Supongamos que Finmeccanica invierte $ 80 millones en la producción de mercancías y da empleo a los trabajadores por 20 millones de dólares. Si la tasa de plusvalía es del 100%, lo que significa que la plusvalía es de 20 millones, el valor de las armas producidas por Finmeccanica es 80 + 20 + 20 = $ 120 millones.

Supongamos también que los fabricantes de bienes civiles surcoreanos invierten 80 millones en los medios de producción, pero que los salarios de los trabajadores que emplean son 40 millones de dólares. Esta hipótesis es plausible porque la producción de armas requiere en porcentaje muchos mas trabajadores que medios producción. Una indicación de que este es el caso, la tenemos en un estudio de 2010 que muestra que en los Estados Unidos por cada mil millones de dólares gastados, se crean 17.000 puestos de trabajo en energía limpia, 20.000 en sanidad, 29.000 en el sistema escolar, pero sólo 11.600 como consecuencia de los gastos militares. (Is Military Keynesianism the

Solution? Heidi Garrett-Peltier, March 2010, http://www.peri.umass.edu/536/ ). Los datos sobre la relación entre el trabajo y el capital invertido en los sectores civiles surcoreanos confirman sin lugar a dudas que porcentualmente más trabajadores son empleados por unidad de capital invertido en estos sectores que en las grandes multinacionales productoras de armas.

Si incluso en los sectores productores de bienes civiles en Corea del Sur la tasa de plusvalía es del 100%, es decir, 40 millones de dólares, el valor de los bienes de Corea del Sur es de 140 millones de dólares.

El precio al que se intercambian los productos italianos y los de Corea del Sur se determina por la oferta y la demanda. Esta oscila alrededor del precio al que las dos tasas de ganancia se equalizan. La tasa de ganancia de Finmeccanica es 20/100 = 20%, la de los bienes de Corea del Sur es 40/100 = 40%. Por lo tanto, la tasa de ganancia ecualizada es del 30%. Las armas italianas, y los productos surcoreanos tienden a intercambiarse a un precio de 130 millones de dólares. Lo que significa que los fabricantes surcoreanos pierden 10 millones y que Finmeccanica gana 10 millones. Este es el intercambio desigual inherente a la formación de los precios. Las fluctuaciones en los precios debido a las fluctuaciones de la oferta y la demanda sólo pueden modificar este precio.

Por otra parte, el trabajo genera más valor en la medida en que está más explotado, y que debe trabajar más tiempo y más intensamente. Y la tasa de explotación en Corea del Sur tiene niveles mucho más altos que en Italia. Esto aumenta el valor excedente extraído a los trabajadores de Corea del Sur y apropiado por Finmeccanica.

III. La producción inducida por la inversión estatal y el multiplicador keynesiano

Que la producción y la venta de armas es moralmente repugnante, especialmente si es a regímenes totalitarios y asesinos, escapa al ojo del economista convencional. Él basa su teoría en el llamado multiplicador keynesiano.

Su historia comienza con el pedido estatal a las empresas privadas que producen bienes militares (armas, infraestructura militar, etc.). Estas inversiones, según lo sugerido por Keynes, serán financiadas por la deuda en lugar de por las detracciones fiscales.

El multiplicador keynesiano

1. El estado italiano hace un pedido a Finmeccanica

2. Finmeccanica invierte en los medios de producción (equipo electrónico encargado) y en fuerza de trabajo

3. Los fabricantes de productos electrónicos invierten en medios de producción (piden cables eléctricos) y en fuerza de trabajo, y así sucesivamente.

A cada paso, aumenta la inversión y, por tanto, los beneficios y por lo tanto las ventas de productos manufacturados. Pero también crea más puestos de trabajo y por lo tanto salarios y, por tanto, aumentan las ventas de bienes de consumo. Estas políticas benefician tanto al capital como al trabajo. Por tanto, existe una comunión de intereses entre el capital y el trabajo. Por otra parte, defiende el economista keynesiano, al final de la cadena, la economía ha mejorado, los ingresos del Estado han aumentado y las deudas contraídas por el Estado para financiar la inversión inicial pueden ser recuperadas. En esencia, esto es el multiplicador keynesiano. Se aplica tanto a los gastos militares como a los civiles. Es una lástima que no funcione.

Un ejemplo para todos. Los Estados Unidos son con mucho los mayores productores de armas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, el gasto militar real de Estados Unidos es de aproximadamente 900 mil millones de dólares al año, alrededor de la mitad de la producción mundial. ¿Cuáles fueron los efectos sobre la economía de Estados Unidos, es decir, sobre la tasa de ganancia? Estos

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La tasa de ganancia se redujo en alrededor del 12% desde el final de la II GM a alrededor del 6% en 2010 a pesar del gasto militar.

IV. El multiplicador marxista

¿Por qué el multiplicador keynesiano no está funcionando? La razón es que ignora el hecho de que el motor de la economía capitalista no es la inversión y el empleo, sino la rentabilidad, la tasa de ganancia, el beneficio obtenido mediante la inversión. La inversión y el empleo son consecuencias de la tasa tendencial de ganancia. En principio, los capitalistas aumentan las inversiones si su tasa de ganancias aumenta, pero nada garantiza que los efectos del aumento de la inversión en la tasa de ganancia sean positivos.

Lo que realmente sucede en la estela de las inversiones inducidas por el estado se demuestra por lo que llamo el multiplicador marxista.

El multiplicador marxista.

Generalizando, a las primeras inversiones financiadas por el Estado, sigue una cadena de inversiones en la que cada capitalista encarga a otros capitalistas bienes de capital. El punto es que, por lo general, los encargos se hacen a los capitalistas más eficientes ya que producen más bienes por unidades del capital invertido, es decir, sus productos tienen un valor unitario inferior a los de otros competidores. Pero los productores más eficientes son también los que sustituyen a los trabajadores por medios de producción. Pero como se pueda demostrar que sólo el trabajo crea valor y plusvalía, esas inversiones generan menos valor y plusvalía por unidad de capital invertido.

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Los productores A1, B1, etc. Invierten relativamente más en los medios de producción y menos en mano de obra. La tasa de ganancia que generan se reduce y la continuación la tasa media de ganancia cae porque cada vez se invierte más en medios de producción en relación con la inversión en mano de obra. Sin embargo, la masa de la tasa de ganancia que se logra aumenta. De hecho, dentro de un determinado sector, ya que los precios de los bienes son más o menos similares tienden a igualarse, la mayor producción de los productores más eficientes se vende a otros sectores, al mismo precio que la menor producción de los productores menos eficientes. Los primeros obtienen una tasa de ganancia más alta, pero a expensas de la tasa de ganancia de los segundos. La tasa de ganancia de los primeros es mayor que la tasa de ganancia de los segundos, que cae por debajo de la tasa media de ganancia. La caída de la tasa media de ganancia (como en el gráfico 1 de más arriba) revela un aumento en la tasa de ganancia de los productores más eficientes y una caída más pronunciada en la tasa de ganancia de los menos eficientes. Básicamente, los productores A 2 , B 2 y así sucesivamente están destinados al fracaso.

El multiplicador keynesiano, en su forma más simple como el anterior ejemplo, ignora la existencia de bienes no vendidos. Pero esto es inverosímil especialmente en los períodos del ciclo económico descendente. Por tanto, es posible que las inversiones inducidas por el Estado y su efecto en cascada tengan como efecto inicial la reducción de las existencias de bienes no vendidos. En ese caso, el aumento de la rentabilidad refleja una disminución de las pérdidas debido a la caída de ventas previa, en lugar de un aumento del beneficio por unidad de capital invertido. El mayor margen de ganancia, por tanto, en el mejor de los casos es un efecto temporal y no sirve para impulsar la economía. En vista de la caída de la rentabilidad media, las inversiones financiadas por el estado son sólo una primera medida, pasajera, contra-tendencial.

Si las políticas keynesianas reactivan la economía sólo por un corto período de tiempo, las deudas estatales iniciales contraídas para financiar este tipo de políticas no pueden ser satisfechas porque dicha política, después de una posible mejoría inicial, deteriora la rentabilidad de la economía. El keynesianismo, tanto civil como militar, es ineficaz contra la tendencia negativa de la tasa de ganancia. Pero el keynesianismo militar, además de desviar recursos para uso civil, fomenta guerras y causa un inmenso sufrimiento.

V. La racionalidad del keynesianismo militar y los flujos migratorios

La “racionalidad” del gasto militar no es económica, sino imperialista. El siguiente gráfico confirma esto para los cuatro momentos más significativos de la post-guerra de Estados Unidos (http://dailysignal.com/2015/02/14/history-defense-spending-one-chart/) )

Por cierto, los gastos militares de Estados Unidos aumentaron en términos absolutos, pero disminuyeron como porcentaje del PIB. Los EE.UU. cada vez tienen más difícil financiar sus políticas imperialistas debido a la caída de su rentabilidad promedio.

Esto muestra hasta que punto son ingenuos los que dicen: si las guerras se libran con armas producidas por las grandes multinacionales y si el keynesianismo militar no reactiva la economía, ¿por qué no impiden esta producción? ¿Por qué no reconvertir la producción militar en producción civil? La respuesta es que la producción de armas, aunque en teoría podría ser sustituida por la producción de bienes civiles, es imprescindible para el imperialismo. Los tentáculos económicos e ideológicos de los fabricantes de armas se extienden a las universidades y las teorías emergen aparentemente sin un contenido de clase. Como se ha visto anteriormente, en la teoría keynesiana, la inversión inducida por el Estado es tanto en beneficio del capital como del trabajo. Este concepto, además de ser erróneo, implica una teoría de la colaboración de clases. Pero, de hecho, la caída de la tasa media de ganancia causada por este tipo de inversiones, inevitablemente, provoca crisis recurrentes, políticas de austeridad, guerras, etc. Cuyos efectos negativos recaen sobre todo en el trabajo.

Si este sistema, incluyendo el keynesianismo militar, es la causa del sufrimiento de los inmigrantes, es nuestro deber no sólo darles la bienvenida con los brazos abiertos, sino también construir con ellos las condiciones de manera que sean compañeros de lucha, tanto aquí en Italia como en su país de origen contra un enemigo común, el capitalismo y el imperialismo.
Guglielmo Carchedi
Se doctoró en economía en la Universidad de Turín, Italia. Ha trabajado para las NN UU en Nueva York y enseñado en la Universidad de Amsterdam. Es autor de numerosos estudios de economía marxista. Próximamente publicará con M. Roberts, The World in Crisis, en la editorial Zero Books.
Fuente:
http://www.sinistrainrete.info/estero/6865-guglielmo-carchedi-migranti-e-keynesismo-militare.html
Traducción:
G. Buster

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