Así fue la muerte de Berta para el Copinh

GRACIAS-BERTALa compañera Berta Cáceres, fundadora y coordinadora general del Consejo Cívico Popular Indígena de Honduras, Copinh, y el compañero Gustavo Castro Soto, perteneciente a la organización Otros Mundos A.C. /Amigos de la Tierra México, la Red Mexicana de afectados por la Minería (REMA) y el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero (M4), fueron víctimas de una agresión con arma de fuego, lo que causó la muerte de Berta y lesiones graves a Gustavo. La agresión se perpetró en el interior del domicilio de nuestra compañera. Un grupo de hombres armados entró por la puerta trasera forzándola y disparó contra ambos compañeros.

Las primeras detonaciones fueron en contra de Berta, provocando su muerte. Gustavo Castro recibió dos impactos de bala, uno de los cuales le rozó la mejilla y otro más en la mano, rodando por el piso haciendo creer a sus atacantes que había muerto. Asustado por la situación, el compañero se movió del lugar de los hechos y se refugió en un lugar seguro donde dio aviso de la situación y posteriormente fue auxiliado por compañeros del Copinh.

Entre las 7:30 y 8:00 am, llegaron la Policía y el Ejército para revisar el lugar de los hechos y corroborar la muerte de Berta, al igual que varios compañeros, familiares y amigos quienes observaron con indignación la prepotencia con la que actuaron los peritos y las autoridades. El jefe de investigación llegó con una actitud agresiva provocando un enfrentamiento verbal con los compañeros de la organización. Del mismo modo, al salir del lugar de los hechos, los policías insinuaron que lo ocurrido había sido un robo. El cuerpo de Berta fue envuelto en plástico y aventado a la parte trasera de una camioneta gris sin distintivos de ninguna institución pública; sin ningún respeto por la compañera y el luto de la familia o los compañeros presentes.

En el transcurso de la mañana, Aureliano Molina Villanueva, de San Francisco, Lempira, militante de base del Copinh, llegó al lugar de los hechos, donde fue requerido por la Policía Nacional Preventiva de La Esperanza, Intibucá, para declarar.

Debido a la insistencia de los compañeros de que no atendiera dicho requerimiento, fue acompañado por su padre Aureliano Molina y su cuñado. Fue llevado a la Jefatura Policial de la localidad y hasta el momento está detenido como supuesto sospechoso del asesinato. Se ha preguntado cuáles son los cargos que se le imputan, respondiendo a la organización que no hay dichos cargos pero se tienen 24 horas para hacer la investigación.

El cuerpo sin vida de Berta fue trasladado a la Fiscalía de La Esperanza alrededor de las 9:00 am, posteriormente se movió a Siguatepeque y finalmente a Tegucigalpa, para hacer la autopsia.

El compañero Gustavo decidió esperar a que llegara la Fiscalía de Etnias para dar su declaración, pues debido a la falta de confianza en las instituciones judiciales hondureñas se negaba a declarar ante otras instancias. Fue atendido por un médico hasta el mediodía. Durante el transcurso de la tarde la Fiscalía de Etnias llegó al lugar donde estaba refugiado para tomar su declaración. Luego fue llevado al Ministerio Público donde permanece hasta este momento.

A pesar de la investigación que está realizando la Fiscalía de la zona, Copinh exige una investigación clara por medios independientes al Estado hondureño, pues se duda de su credibilidad.

Miembros del Copinh aseguran haber sido amenazados en el mes de diciembre por personas que se autodenominaron sicarios contratados por la empresa DESA. Durante los últimos seis meses se confirma que Berta recibió amenazas constantes cuya intensidad iba incrementando, disparos contra el carro, mensajes y amenazas verbales directas, por parte del Ejército, la Policía, el alcalde Raúl Pineda y la empresa DESA.

La Secretaría de Seguridad de la nación declaró durante la mañana del día de los hechos, que Berta tenía asignadas medidas cautelares por la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, CIDH, sin embargo aseguraban que la dirigente había rechazado dicha protección y que en el momento de los hechos se encontraba en un domicilio que no estaba registrado como el suyo, por lo tanto no podía estar vigilado. De este modo las autoridades se deslindan de su obligación de proteger a Berta de cualquier atentado y la culpan de su muerte. Asimismo es posible notar que la estrategia de las instituciones judiciales es culpar al compañero Aureliano Molina Villanueva de cometer un crimen pasional contra la compañera, además de fabricar evidencia para señalar a otros integrantes del Copinh culpables o cómplices del crimen.

En este momento el Copinh se encuentra en estado de alerta, temiendo por la integridad de Gustavo Castro y los integrantes de la organización que viven en constante acoso por oponerse al despojo de su territorio. Este ataque es una clara señal de la escalada de represión contra todas las personas que luchan por la naturaleza y se oponen a las empresas transnacionales que saquean Honduras.

Llamamos a la solidaridad nacional e internacional a seguir realizando acciones que contribuyan a frenar y denunciar las políticas agresivas del Estado, las estrategias privatizadoras de las transnacionales y la violación sistemática de los derechos de los pueblos lencas.

Nos autoconvocamos a movilizaciones pacíficas pero enérgicas desde nuestra autonomía y autodeterminación. A seguirnos movilizando en defensa de nuestros bienes comunes de la naturaleza.

http://www.latribuna.hn/2016/03/05/asi-fue-la-muerte-berta-copinh/

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