Nuestra agenda: un nuevo Estado y una nueva sociedad

aspAndrés Cabanas
En esta presentación considero lo electoral-coyuntural como una excusa para hablar de lo estructural y para reflexionar sobre el ejercicio del poder, que va más allá de instituciones, partidos y elecciones.

Las elecciones del seis de septiembre, las votaciones del 25 de octubre y en general el sistema electoral y la democracia de partidos están construidas para la continuidad y el reforzamiento del modelo de dominación y el modelo de acumulación. En el día de hoy, las elecciones sirven para:

1.Dar apariencia de estabilidad a un sistema en crisis estructural y (por la profundidad de disputas, readecuaciones y descontento) en crisis terminal. Un sistema sin legitimidad ni capacidad de consenso.

2.Renovar pactos de élites, eligiendo el operador político que articule intereses diversos (sectores de: oligarquía, ejército, transnacionales, comunidad internacional, actores emergentes, economía criminal, iglesias) para los próximos cuatro años. El nuevo poder ejecutivo es fundamental después de haber implosionado el pacto estratégico construido alrededor del Partido Patriota.

3.Controlar el Estado-instrumento para negocios y el Estado-negocio en sí mismo: la inversión de diferentes instituciones (ministerios, consejos de desarrollo, fondos sociales, municipalidades…) se acerca a 20,000 millones de quetzales anuales.

4.Profundizar vía legislación estratégica (Ley de Inversión y empleo, concesiones y exenciones tributarias) el modelo neoliberal extractivista.

Por eso planteamos, previo al seis de septiembre, que en estas condiciones no queríamos elecciones. El sistema electoral se desarrolla sí y solo sí en función del Estado finca y el poder de las élites: un poder y un Estado injusto, excluyente, racista y patriarcal que se sostiene, entre alfileres, después de las votaciones.

Inestabilidad estructural

En todo caso, la normalidad institucional y democrática (proclamada por medios de comunicación) es aparente y frágil. Después de las elecciones, debemos prestar atención a factores de tensión máxima en el corto plazo:

1. Inestabilidad ocasionada por contradicciones internas de actores de poder: la disputa estructural economía criminal-economía tradicional (con sus diferentes vasos comunicantes) se traduce en la disputa para reducir/controlar el poder del Congreso (vía depuración), y el intento de realinear el sistema de justicia –clave para la acumulación impune-. Las contradicciones hacen inviable el pacto interelitario de 1985 (Constitución) lo que revela una paradoja: las élites renuentes a reformas están obligadas a transformar este sistema.

2. Ingobernabilidad derivada del destape de la corrupción, que implica el descubrimiento oficial de la naturaleza criminal y depredora del sistema. Decenas de diputados y alcaldes con antejuicio, juzgados o en vías de serlo, empleados públicos que son al tiempo contratistas, funcionarios carentes de idoneidad (honradez) producirán una depuración natural, al tiempo que una inestabilidad profunda en el escenario político. Guatemala cumple a la perfección el principio físico que determina que una estructura sometida a puntos de tensión extrema, acaba deteriorándose después de una pequeña fricción. La caja de Pandora de la corrupción se abrió y solo puede cerrarse con más impunidad (autoritarismo y violencia) o con la transformación profunda del modelo.

3. Indignación, deslegitimación de la autoridad y resistencias sociales. Las luchas y demandas históricas van a continuar, además de las recientes luchas estudiantiles, de sectores urbanos, de jóvenes y clases medias en proceso creciente de concienciación y participación política democrática (democracia entendida como ejercicio directo y no delegado del poder). Aunque en las manifestaciones desde el 15 de abril confluyeron intereses populares y de élites de poder, y agendas limitadas a la par de propuestas estratégicas, las movilizaciones como instrumento para el cambio estructural no han finalizado.

La continuidad de las luchas

Es cierto que no logramos una de nuestras principales demandas coyunturales desde el 15 de abril: la suspensión del proceso electoral para realizar votaciones con condiciones democráticas. Pero hemos avanzado y estamos aprendiendo.

Aprendemos que podemos y debemos complementar nuestras luchas (urbano-rural, mujeres, jóvenes, indígenas, históricas y nuevas).

Aprendemos que debemos respetar, conocer y fortalecer las formas de lucha de cada colectivo.

Aprendemos que la unidad no es hacer todos lo mismo ni pensar todos lo mismo, sino dialogar y construir de forma conjunta.

Aprendemos que esto apenas empieza, y esto va para largo, para muy largo.

Aprendemos que somos sujetos, no objetos de los intereses y agendas de los otros. Los partidos, la democracia electoral, no son nuestra lucha, nuestra agenda.

Aprendemos a fortalecer nuestra ruta estratégica en las luchas e interacciones cotidianas.

Aprendemos que no queremos nuevos diputados, nuevo Congreso, nuevos gobernantes. Queremos otra Guatemala y una nueva Guatemala.

Finalizo saludando de nuevo a todos los presentes, a quienes nos escuchan y a los que no están aquí pero son parte fundamental de este ciclo de movilizaciones: los presos políticos del Estado de Guatemala, que resisten con su dignidad y su vida el extractivismo, la represión y la democracia de élites. Saludamos a Saúl, Rogelio, Taño, Rubén, Rigoberto, Domingo, Cecilia, Carmelia, Zenayda…

Por ellos, por nosotras y nosotros, seguimos luchando por la fundación de un nuevo Estado y la construcción de una nueva sociedad.

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