La trinidad

David Brooks
El Papa, el político, y el espíritu de un movimiento son una trinidad que en este país, en estos días, resucita un mensaje antiguo de condena contra el pecado de los ricos que roban a los pobres, el secuestro del futuro prometido, la amenaza a la vida del planeta y el veneno de la indiferencia (bueno, también suena como el inicio de un buen chiste: un Papa, un socialista y un movimiento llegan a una cantina…)

El 17 de septiembre marcó el cuarto aniversario de Ocupa Wall Street, movimiento que estalló con un mensaje sencillo: el 1 por ciento más rico acumula todo el poder económico y político contra el 99 por ciento, y que sacudió durante meses las calles de este país, asustó a las cúpulas económicas y políticas, ocasionó represión policiaca que resultó en miles de arrestos y cambió desde entonces el debate político nacional de este país.

Muchos “expertos” tanto de derecha como de izquierda primero afirmaron que esta expresión carecía de “seriedad” y “pragmatismo” y después proclamaron que había muerto, sin entender la dinámica histórica de los movimientos sociales en general y menos dentro de Estados Unidos.

El movimiento de Ocupa, contó uno de sus voceros a La Jornada, siempre fue más “un estado de ser” que algo organizado con metas concretas o un programa político. Ese espíritu, ese “estado de ser” se sigue expresando en varios ámbitos, pero su gran triunfo duradero es la transformación del debate político, en el que la desigualdad económica y su corrupción de la política son puntos centrales.

A la vez, veteranos y participantes de Ocupa –no sólo en espíritu, sino en la práctica– continúan su evolución en diversos frentes, desde la lucha contra la deuda estudiantil hasta nutrir las filas progresistas del movimiento ambientalista (el que se atreve a culpar a ese 1 por ciento con nombre y apellido por el desastre ambiental), pero también apareciendo dentro del campo de batalla electoral con un político que ha sorprendido a las cúpulas de este país.

El senador federal independiente Bernie Sanders, autoproclamado “socialista democrático”, es un precandidato presidencial demócrata cuyo mensaje central es el mismo que el de Ocupa Wall Street. Sanders es alguien que, igual que miles de progresistas, sindicalistas y más, lo viene diciendo de alguna manera mucho antes que Ocupa. Pero fue sólo después del movimiento que ese mensaje se volvió, como dicen los modernos, “viral”. Sanders aún goza de las multitudes más grandes en los actos de campaña de cualquiera de los precandidatos de ambos partidos, y en las encuestas nacionales avanza sobre la supuestamente inalcanzable Hillary Clinton, hasta estar por arriba en los dos estados que primero realizarán elecciones primarias: Nueva Hampshire y Iowa.

“Es una atrocidad moral que la décima parte del 1 por ciento más rico hoy día es dueño de casi tanta riqueza que el 90 por ciento de la población… un 58 por ciento de todo el ingreso nuevo se capta por el 1 por ciento más rico”, afirmó Sanders la semana pasada en el programa nacional de televisión Late Show with Stephen Colbert. Al reiterar el mensaje central de sus discursos, Sanders afirmó que “es hora de que el gobierno trabaje para todos, no sólo para unos cuantos”.

Este mensaje ha provocado ovaciones y un entusiasmo nuevo en diferentes rincones de este país, sobre todo entre los jóvenes, a tal nivel que cada vez hay más alarma en la cúpula del Partido Demócrata mientras la derecha lo califica de antiestadunidense.

Entre las crecientes agrupaciones de voluntarios de la campaña de Sanders, los veteranos de Ocupa Wall Street participan en diversas tareas; prestan su experiencia de organización, autogestión y sobre todo el uso de las herramientas digitales. Uno de ellos comentó que “el surgimiento de Sanders es inconcebible sin que Ocupa Wall Street elevara la conversación sobre desigualdad… No se puede imaginar una cosa sin la otra”, reportó The Guardian.

Mientras tanto, el mensaje del papa Francisco se suma al coro estadunidense en denuncia de la concentración de la riqueza, el abandono de los más pobres, la ola antimigrante, el ataque contra los derechos y libertades civiles y la relación entre el gran capital y la crisis ambiental en el mundo.

El Papa llegará esta semana a un país que sufre la peor desigualdad económica desde poco antes de la gran depresión. Mientras tanto, el ciclo electoral presidencial en curso será el más caro de la historia, con montos sin precedente de donaciones de multimillonarios que definen el “proceso democrático” y que confirma la conclusión de muchos –incluyendo el ex presidente Jimmy Carter– de que el país se está volviendo una plutocracia.

El mensaje del Papa sobre las consecuencias deplorables de cuando el gran capital toma el control del planeta es bien conocido, y provoca inquietud entre algunos de sus anfitriones políticos al esperar su llegada esta semana en la capital mundial de “la libertad” (del mercado). Pero para otros, este mismo mensaje ya tiene amplio eco aquí desde hace cuatro años.

Tal vez más que nada, esta trinidad –el cura, el socialista y el Ocupa– pueda ofrecer un antídoto vital para este país que a veces suele ser contaminado y abrumado por la indiferencia y apatía (el himno de esta trinidad podría ser la versión sencilla de Springsteen –una de las voces estadunidenses que ha recogido los versos, dolores, furias, sueños y solidaridad del 99 por ciento– de una canción argentina que empieza: “Sólo le pido a Dios/que el dolor no me sea indiferente”.

Quién sabe si todo esto amerita permitirse un poco de fe par el futuro de este país, pero por ahora el eco popular de este mensaje es esperanzador. Mientras tanto, se aceptan sugerencias para un chiste sobre un cura, un socialista y un ocupa en una cantina…

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