Coactemalán después de las elecciones presidenciales 2015

Por Danilo Enrique Santos Salazar – Guatemala, 18 de septiembre de 2015

Guatemala ha tenido 30 años de democracia y presidencialismo, sin embargo las asimetrías económicas y políticas no han tenido cambios profundos, seguimos siendo un país desigual.

Guatemala antes y después de las elecciones generales de 2015, es más que menos, la misma. El presidencialismo se instauró a partir de la Constitución Política de 1985 y a la fecha han desfilado 7 gobiernos distintos, han existido algunas reformas a la normativa jurídica, avances en derechos humanos y un claro retroceso del “poder” militar en el Estado. Sin embargo, los lobos han comido muchas ovejas y tienen montañas de pieles para colarse en el sistema de partidos políticos y el régimen. La clase dirigente sigue siendo la misma de hace casi doscientos años o más, y sus alfiles también siguen siendo los mismos.

Los gobiernos, a través de la historia, han representado claros intereses de los resabios de la conquista y luego de quienes se fueron posicionando en los estratos altos de la formación social que el escarnio y privilegios permitieron. Los militares siempre han sido los gendarmes del poder ignominioso de los dueños de tierra y hacienda en Coactemalán, tanto, que aprendieron el oficio de gobernar en distintas épocas, incluida la actual, pero cuando se hace necesario los dueños del país se encargan de ponerlos en su lugar, tal es el caso de Otto Pérez Molina, general venido a menos en tres años y 8 meses.

La cultura de violencia vivida desde siempre, ha hecho sumamente difícil la participación del pueblo en las decisiones de la “cosa pública”, esto porque se ha gobernado el país como una finca o por la precaria realidad de los derechos económicos y sociales del grueso de guatemaltecos, especialmente de la población indígena y campesina. Antes de la República la inconformidad o la disidencia simplemente era castigada con la muerte, y luego, también, hasta entrado el siglo XX, fue necesario entonces un enfrentamiento armado de más de 30 años para que los dueños del país se dieran cuenta que no podían ser impunes para siempre. La coerción se ejerció entonces elegantemente desde la Constitución y la participación de los sectores poderosos en la confección de leyes y reglamentos. Salud, educación, desarrollo y progreso, son cuestiones que claramente compiten con la concentración de recursos y riqueza, así como con la acumulación de fortuna para unos pocos. El bienestar de los que hemos devenido como guatemaltecos, no ha sido nunca lo más importante desde que se fundó el país. Por lo tanto, nuestra opinión ha valido muy poco.

Cuatro meses de protesta ciudadana, no solo en la capital sino también en muchos de los departamentos, el interés de Washington y la operación política de su embajada, así como el protagonismo de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), han sido elementos que al conjugarse fueron capaces de sacudir a quienes ostentaban el poder político y desaletargar a los sectores privados.

Además de la renuncia y posterior encarcelamiento de expresidente y exvicepresidenta, los resultados electorales sorprendieron a muchos, un conocido comediante pero desconocido político, ganó el favor de los centros urbanos y pasó en primer lugar a la segunda vuelta para decidir Presidente de la República. El segundo lugar fue disputado hasta el último momento entre dos políticos conocidos, y Manuel Baldizón del partido LÍDER, quien se ufanaba ganaría en primera vuelta, quedó fuera de la contienda electoral. Ahora la decisión se tomará entre Jimmy Morales de FCN Nación y Sandra Torres de UNE.

A pesar de todo, los problemas que durante los últimos 30 años no se han podido resolver, producto de las causas estructurales de la formación de la República, clases sociales y el poder propiamente dicho, siguen y seguirán vigentes. Ya iniciamos el siglo XXI pero nuestra manera de organizar el Estado en Guatemala no supera el poscolonialismo. El presidencialismo ha devenido en vulgares dictaduras parapetadas en la democracia.

El parlamentarismo como solución a la falta de participación de los pueblos originarios, el pueblo resultante del mestizaje, y la democracia como espacio común, pueden darle esperanza al futuro civilizatorio que nos merecemos. El actual sistema de partidos y régimen político es excluyente, clientelar y corrupto.

Fuente: www.mundiario.com

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