No votar sería perjudicar la institucionalidad…… ¿de quién?

gfgfManuel Antonio Hernández Linares
Ciento treinta y dos diputados, entre ellos los representantes del partido oficial, decidieron quitarle la inmunidad al “Mayor Tito Arias”, curioso desenlace de un segundo antejuicio.
Tiempo atrás una primera junta pesquisidora decidió no proceder en contra de la inmunidad del mandatario, mil y una excusas sirvieron para atrasar y fundamentar el dictamen final.

En ese momento las manifestaciones públicas no poseían tal fuerza como las actuales, algunos sectores habían planteado las reformas a la ley electoral y de partidos políticos, exigiendo la utopía de reformarla y promulgarla de inmediato para que le hiciesen frente a las elecciones de septiembre 2015.

Pero la respuesta dada a esas reformas por parte de los 132 diputados – y los 26 pendientes que no figuraron en el tema de la inmunidad- no fueron favorables, especialmente en el tema de no reelección en el organismo legislativo.
Esos 132 diputados que según los # hashtag le dieron la mano al pueblo, fueron los que hace poco le dieron la espalada a las reformas necesarias que les afectarían sus intereses.

Hoy todos contra Tito, todos a los que él sirvió para mantener sus comodidades, el sector empresarial, militar y político, mismos sectores que le apuestan a uno, dos, tres y cuantos candidatos puedan para que en el siguiente periodo sigan poseyendo sus comodidades.

Hoy todos contra Tito, todos los que votaron por él argumentándose en su fuerte personalidad que ayudaría a eliminar el flagelo de la violencia, mismos ciudadanos que votarán por el menos peor y que dentro de un año estarán en contra de ese personaje que era el menos peor.

Pobre tito, ¿qué les hizo a los detentores del país que hoy le pagan mal después de un buen servicio?
Pobre tito, ¿qué le hizo a los 132 diputados, a Thelma Aldana, María Eugenia Villagrán? ¿Qué paso con ese todo poderoso al quien hoy le dan la espalda?

Pobre, pobre, pobre pueblo, de no darse cuenta que se puede estar durmiendo en solo exigir la renuncia del susodicho y así perder el camino hacia el cambio político, hacia la reforma de la ley electoral, hacia los nombres de los empresarios que recibieron los favores de “La Línea” y que esos “héroes” de la CICIG no han nombrado.
Pobre pueblo que por no perder la institucionalidad le hará caso a la propaganda del Tribunal Supremo Electoral y a los Jóvenes Por Guatemala, quienes defienden las elecciones a capa y espada para proteger la institucionalidad…. ¿De quién? Seguro no la nuestra.

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