¿De qué institucionalidad hablan?

dseeJairo Alarcón Rodas
¿De qué institucionalidad hablan los defensores de ésta en el país? Dicen que no se debe romper el orden institucional, que se deben mantener las instituciones en fin, que los procesos políticos tienen que ser respetados y con ello, las “elecciones”. Pero, cómo se atreven a decir eso, si durante muchos años los guatemaltecos hemos vivimos dentro de un sistema corrupto que privilegia a unos pocos y mantiene en la miseria a muchos más.
¿Se puede hablar de institucionalidad con el perverso sistema jurídico que tenemos?, ¿con una Corte de Constitucionalidad que representa un ente eminentemente político y no jurídico que ha obedecido a los intereses del ejecutivo y de la oligarquía reinante? ¿Con un organismo legislativo cuyos representantes han sido electos, en el mayor de los casos, en forma espuria y antidemocrática, sin olvidar su triste papel como dignatarios de la nación?
Y qué decir de la ley electoral y de partidos políticos que es causa de la pobreza que se tiene en el Congreso, en el ejecutivo, en cada instancia de poder. ¿Puede acaso defenderse ese tipo institucionalidad? Cicerón dijo hace mucho tiempo, “Sería absurdo pensar que todas las leyes e instituciones son justas. ¿Acaso son justas las leyes de los tiranos?” Vivimos en un país donde es imperante sanear los tres poderes del Estado.

Y qué decir de los medios de comunicación masivos, radio, prensa y televisión que, exceptuando algunos, hace escaso tiempo estaban asociados al gobierno del “Patriota”. Los que hoy despotrican en contra de la corrupción de Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina, antes pasaban por alto los abusos cometidos por el gobierno. Y ahora son considerados orientadores de la opinión pública. ¿Es prudente confiar en medios así? Lo que está claro es que tradicionalmente los medios de comunicación representan los intereses del sistema.

Se habla que los votos del interior del país son comprados, que se venden por una bolsa solidaria, por un almuerzo, por un tiempo de comida, pero eso es más genuino que se compre una voluntad por necesidad que por ignorancia e insensibilidad de aquellos que, pudiendo ser más críticos, actúan irreflexivamente. En estos, el voto que emiten, atiende a campañas publicitarias, discursos sofistas, en fin a la alienación mediática del sistema y con ello, eligen a personas deshonestas y corruptas.

Los privilegios de muchos de los habitantes de la capital no los tienen las personas que viven en las aldeas recónditas del interior del país. Muchos de los que hoy se desgarran las camisas en la Plaza Mayor, pidiendo la renuncia del Presidente Otto Pérez Molina, fueron los que hace casi cuatro años lo eligieron.
Apelar a las emociones de la gente, a través de exaltados y elocuentes discursos que en el fondo dicen poco, es la estrategia de aquellos que persisten en mantener el control del país adormeciendo las conciencias. Es el momento de ser agentes críticos, de reflexionar sobre el actual escenario político distinguiendo las palabras de los actos, la elocuencia de la verdad, lo manifiesto de lo latente, lo superficial de lo profundo y desde luego, lo aparente de lo real.

¿A quién beneficia que se efectúen los comicios electorales el 6 de septiembre? Con seguridad a los mismos sectores que han mantenido al país en el letargo político, atraso institucional y miseria. Por ello, para que tome un nuevo rumbo el país, se requiere cambios estructurales lo cual significa modificar las reglas del juego.
Por lo que, en el actual momento histórico que se vive en el país, no existen las condiciones para que se dé una verdadera elección. La oportunidad es única para cambiar nuestra historia y comenzar un nuevo y democrático amanecer que entierre, de una vez por todas, al sistema corrupto que ha causado no solo indignación sino dolor y sufrimiento a miles de familias guatemaltecas.

Es el momento de dejar atrás intereses particulares y sectarios, y pensar en la unidad de todos los guatemaltecos que no es simplemente consiste en pedir la renuncia de Otto Pérez Molina, sino en cambiar la ley electoral y de partidos políticos que constituye el verdadero inicio del cambio en Guatemala.

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