Guatemala ha cambiado

sdeePor Yaroslav Ramírez

Hace poco una amiga me preguntaba qué estaba pasando en el país y yo le dije que siempre, cerca de las elecciones la población era presa de muchas pasiones y sentimientos que se relacionan con la idea de que “las cosas cambien”. Me preguntaba esta compañera sobre los candidatos y yo le decía que pues, había varios y que las encuestas los ubican en esta y en aquella posiciones.

A partir de esa plática que se extendió durante un buen rato y que afortunadamente pasó a otros tópicos, me quedé pensando en lo que se puede llamar “actualidad” y qué está constituyendo esa idea. Lo primero que se me ocurrió fue recordar a mis amigos músicos. Un grupo que tuve la oportunidad de conocer hace un par de años y con los que compartimos la pasión por el arte de los sonidos. Y pensé en ellos porque son una generación de puros jovencitos.

En columnas de opinión, en revistas de análisis políticos y otras publicaciones de todo tipo se suele insistir en palabras como “crisis” o “se hunde el barco” o “lograr cambios” o “reformas”, en fin. Y en meses recientes, las protestas en las calles del centro de la ciudad han dado paso a que muchos sientan que “el pueblo se ha levantado”. Yo no soy tan optimista, pero tampoco tan pesimista.

Cualquiera que haya vivido la década de 1980 le será fácil constatar que la realidad se ha modificado sustancialmente. Para quien haya transitado la década siguiente ese cambio lo podrá palpar más ostensiblemente. Pero he ahí, la importancia de la óptica cuando se hacen ciertas aseveraciones sobre ese animal escurridizo que llamamos realidad.

Estoy convencido de que cualquier forma de gobierno es solamente un mecanismo del poder que unas minorías acaudaladas controlan en su beneficio. Muchos resentirán esta posición, y de hecho, algunos amigos siempre me han dicho que soy un “anti gobierno”, en el mejor de los casos. Yo creo que el país ha cambiado y seguirá cambiando. Lo que no puede cambiar es la naturaleza política de un gobierno que está justamente ahí para ejercer la violencia y para beneficiar a los que ejercen esa violencia.

Los cambios son más en el orden cultural y son mínimos. De ningún gobierno se puede esperar un cambio sustancioso. Desde esa perspectiva me pregunto ¿cuál es la importancia de que la gente, o de que cierto estrato de gente esté saliendo, espontáneamente o no a las calles portando pancartas y mucha indignación? Lo que me respondo es que es de crucial importancia. Si la gente, la poca gente que está saliendo hoy a las calles deja de hacerlo, pronto se caerá en el marasmo y en la fantasía de que “un nuevo gobierno” propiciará los cambios que, desde mi punto de vista, solo pueden venir de la cultura

Y no pensar la cultura solo como las artes o asuntos “cultos” de gente erudita o muy sabia. La cultura se respira en las configuraciones de las relaciones sociales y desde hace un par de siglos lo que nos envuelve a todos es el capitalismo que hoy está en su fase neoliberal. Modificar esa forma es lo que puede dar la pauta para cambios que ya se vislumbran no solo en Guatemala sino en muchas latitudes del planeta. Y no, no es fácil, y no, este tipo de modificaciones se tejen en centurias y no en décadas.

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