¿Estamos perdidos?

votaciones_16_septiembre_2011Edelberto Torres-Rivas

Son ya varias personas a las que encuentro en los últimos días con el rostro alterado por la preocupación, más bien que se reconocen un tanto aburridas porque la ola política vinculada a las movilizaciones de plaza ha disminuido; porque las iniciativas de CICIG-MP ya no alumbran de sorpresa el ambiente. Sienten fastidio porque la vida retornó de nuevo al mundo cotidiano del murmullo compartido, las conversaciones en el aire, de las incertezas de la política que toman horas y horas. Llama la atención cómo el ánimo de esta gente amiga se distrae con lo que la imaginación produce. ¿Cambiarán las cosas pronto? ¿Por qué no se va Pérez Molina? Pero comparo y encuentro desgano, frente a los momentos positivos de los días vividos en las iniciativas del mayo y junio que acaban de pasar.

Los amigos de siempre se acercan con preguntas reiteradas ¿por qué disminuyó el entusiasmo de la lucha contra el gobierno, por la expulsión de Pérez Molina, por el castigo de tanto sinvergüenza “destapado” por la CICIG? No saben que las movilizaciones de plaza tienen un componente de espontaneidad que oculta sus orígenes y que por lo general terminan casi siempre como comenzaron. No tienen vida permanente, como tampoco pueden tenerla las luchas contra la corrupción. Hay nuevas demandas: esperamos el castigo al centenar de culposos acusados de vivir de las rentas del narcotráfico y otras movidas por el crimen “desorganizado”. ¿Cómo marchan los juicios penales de los vinculados a La Línea, al problema del IGSS, a las enormes redadas de policías nacionales…?

¿Qué le conviene más al país? ¿Que se celebren las elecciones el 6 de septiembre o que ellas se posterguen? Lo único que muchos quieren es que Baldizón por ningún motivo gane. Con cualquiera de las dos opciones, Lider está perdido. Si hay elecciones su muerte le espera en la segunda vuelta; si no, el deceso ocurriría por la ausencia de elecciones. Las razones para que una u otra alternativa ocurra dependen de los intereses ex ante y de los resultados ex post; hay muchas respuestas pero en esencia lo que decide es la voluntad de los actores políticos más influyentes: los menguados intereses del gobierno, los partidos de derecha (excluyendo el PP y Lider), los empresarios (que puede ser el CACIF), y los intereses norteamericanos que “la embajada” ejecuta con arbitraria libertad.

Estamos en un punto ciego. El rompimiento de la legalidad constitucional pende de un hilo y ocurrirá inextricablemente. Estamos entre la peste o el cólera. El ambiente preelectoral no puede ser más confuso por las profundas dudas de quienes son los candidatos; la administración electoral afronta situaciones casi insalvables. Y puede suceder que no haya elecciones en todo el país porque no llegaron las boletas completas, a tiempo, ni las actas correspondientes a todos los lugares. El clima político sin elecciones está pleno de incertezas y puede sumir en la debacle la vida social, porque hay actores nuevos, deslegitimados, aventureros: ¿Quién decide cuando están previstas las elecciones y estas no ocurren?

Elperiódico.com.gt

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