Centroamérica en venta

bosawas1Por Alfonso Malespin. (Del otro lado del río)

Un malestar recorre Centroamérica. Es fácilmente palpable en Guatemala, El Salvador y Honduras. Recibe menos atención mediática internacional el de Nicaragua y Costa Rica. Esto por lo que ya saben los expertos en Ciencias Políticas: el estado de las contradicciones y el balance de fuerzas internas de cada país.

El origen de este malestar es el mismo: un modelo que se apropia de las riquezas y que expropia a grandes mayorías. Se evidencia en contratos para desarrollar grandes proyectos agropecuarios (caña de azúcar, palma africana), mineros, hidroeléctricas y canales secos o húmedos (que incluyen Ciudades Modelo, proyectos turísticos, puertos de aguas profundas, ferrocarriles, aeropuertos y zonas de libre comercio).

Estos megaproyectos se pactan entre cúpulas locales de la política y la economía con grupos empresariales foráneos que pulverizan el marco que regula la soberanía local. En cada caso no aplican leyes locales en cada eventual desatino durante el desarrollo y ejecución de estos proyectos. Y si al final no se hacen, el inversionista no tendrá sanción alguna. Su compromiso es generar algunos empleos y llevarse tantos millones como pueda. Sin embargo, a nivel local se vende como algo patriótico y de enorme beneficio para las enormes masas pobres y desempleadas.

Para instalarlos se requieren varias cosas más. Una es cooptar o destruir las organizaciones sindicales, gremiales y civiles. El conflicto que genera el proceso se traduce en descalificación y judicialización de quienes resisten la implantación del modelo. Recuerde lo que ha pasado en Nicaragua con la minería de Santa Pancha y El Cafetal. Recuerde lo que han hecho contra quienes resisten ante el proyecto canalero.

Vea lo que ha pasado recientemente con los líderes de un paro de transporte en el Triángulo Minero. Rememore en qué estado se encuentran las víctimas de IRC y ex trabajadores de las Aduanas que le ganaron un caso al estado de Nicaragua en la CIDH. La segunda es expropiar a todas las comunidades que se encuentran en la ruta de estos proyectos. Un caso emblemático es el Valle del Polochic, en Guatemala, donde para implantar sembradíos de caña las autoridades civiles y policiales expulsaron a millares de personas. Y aquellas que se rehusaron a hacerlo sufrieron una masacre.

En el caso de Nicaragua vea lo que pasa con las comunidades indígenas que en la Reserva Bosawas sufren la invasión de colonos. Estos colonos son la punta de lanza de otra gente que luego se lleva la riqueza que contiene la zona. Otro ejemplo es la ruta canalera. El modelo de vida, la cultura de millares de familias será destruido en nombre de un proyecto que es la antítesis de la soberanía nacional.

La tercera es desarrollar un modelo de comunicaciones que deja por fuera a enormes segmentos de la sociedad y se dedica a reproducir las bondades del modelo destructor de la soberanía, los recursos y de las culturas locales. Todas las organizaciones y comunidades que se oponen, son presentadas como enemigas del progreso, la paz y el bienestar de las mayorías. Y, en consecuencias, son apaleadas y perseguidas.

Pregúntese usted porqué ahora en Centroamérica se ve mucha más caña de azúcar, mucha más palma africana, mucha más minería, muchos más proyectos hidroeléctricos y muchos más proyectos liderados por una avanzada china.

La respuesta siempre será la misma. Dentro de la misma encontrará, inevitablemente, varios asuntos hermanados: alta corrupción del sector público y cero rendición de cuentas, autonomías disminuidas, medios autocensurados o censurados, alta desconfianza y pesimismo en la sociedad.
Prensa Comunitaria

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