Un futuro incierto

protestas-Guatemala-9MAYO-600x300Por Carlos Maldonado*
Todo futuro es incierto, máxime aquél que es sufrido en colectividad como acicate para un nuevo porvenir. Más promisorio, más digno y, porque no, más feliz. Lo digo en relación a lo que se ha planteado en las diversas marchas que se han llevado a cabo en Guatemala desde mayo cuya mecha prendió la Comisión Internacional de Combate a la Impunidad en Guatemala –CICIG- a partir de la corrupción que en su momento hizo visible la vicepresidenta Roxana Baldetti pero que se comprobó era solo una partecita de la gran hiedra que representaba este flagelo para el país y para el mundo. Pues, si se quiere entender en su verdadera dimensión, ésta es parte ineluctable del capitalismo.

Hoy, las marchas se han vuelto parte del paisaje y la CICIG se ha transformado en el motor que impulsa la justicia en la nación. Sin ella, es probable que las cosas regresarían a su triste normalidad tal como lo dejó entrever el candidato que según las encuestas puntea en la preferencia del electorado para las próximas elecciones. Aunque éstas como parte del engaño continuado, a saber si serán verdaderas también. Por tanto, hay mucha especulación e incertidumbre en lo que realmente pasará.

Sin embargo, Guatemala sigue siendo un país de tercera categoría en la política exterior norteamericana que es un actor de primera línea en la nuestra, por lo que jamás puede dejarse de lado en los análisis políticos. No obstante, la región sí es una prioridad para el gobierno gringo quien la ha puesto a la par de Eurasia e Irán, lo que debe traer una reflexión profunda de esa equiparación, no porque pretendamos o, mejor dicho, pretendan algunos ilusos o malintencionados politiqueros, ubicarnos como un futuro polo de desarrollo para la población. No, EEUU, simplemente lo que dejó entrever es que la región, ese famoso Triángulo Norte, no es más que su plataforma de recursos energéticos y naturales más próxima junto con México que le servirá, hoy más que antes, como suministradora segura de ellos en la ofensiva para recolonizar a la Latinoamérica Bolivariana que se puede perfilar desde la cintura de Centroamérica iniciando con Nicaragua a la Patagonia y el Caribe, fuera de su control hegemónico desde que el gran estratega geopolítico Hugo Chávez diseñó la maniobra de liberación del continente impulsado por la casi sepultada de su antecesor Simón Bolívar. Barrera de altas dimensiones que se interpuso entre sus planes de gobierno mundial y que pone en entredicho su poder ante las otras potencias emergentes al no poder someter a los mismos países bajo su órbita natural por estar en el mismo territorio hemisférico, dejando incluso que algunos de ellos formen parte hoy del BRICS.

A mi entender, Guatemala ha llegado a donde la Embajada Norteamericana y la oligarquía local han querido que llegue: desembarazarse de una caterva de políticos corruptos que hacían peligrar la misma estabilidad del país, necesaria para los great bussiness enmarcados en el Plan de México y Centroamérica que involucra extracciones mineras, generación de energía eléctrica y gasífera y producción de petróleo y variantes de éste para lo cual se requieren de enormes plantaciones de agro cultivos –commodities-, entre los que figuran la caña de azúcar y la palma africana. Dentro de los que no se puede dejar de lado el narcotráfico pero desde una control centralizado por el Pentágono y no como hasta la fecha ha sido, por un sin número de cartelitos que no informan a Washington.

A lo sumo, en lo que respecta a Guatemala, rodarán otras cabezas importantes en nuestra minúscula cotidianidad, pero la de los oligarcas jamás, pues son ellos el sostén del orden armónico desigual que se necesita en este país y que para el gobierno gringo solo requiere de buenos patrones, aunque explotadores, civilizados y de innumerables brazos dispuestos a venderse por sumas miserables que les permitan sobrevivir. Es la esencia del capitalismo en su lógica más simple.

Pensar en Revolución socialista es un eufemismo hermoso sin menospreciar la movilización que ha servido para empoderar a algunos sectores poblacionales. Sin embargo, los desposeídos, los trabajadores en su pleno espíritu han estado ausentes y la izquierda que sigue agitando las banderas de aquel lejano octubre de 1917, juega a las elecciones burguesas donde, sabe de antemano, va perdida.

Empero, hay que levantar la vista y poder arrancarse un poco la realdad circundante para observar la señal de los tiempos que se puede vislumbrar en los nubarrones que abarrotan el horizonte planetario. En principio, la crisis de sobreproducción capitalista es evidente por un sencilla razón: dónde van a venderse millones de mercancías cuando la mayoría de millones de humanos son tan pobres que no tienen siquiera donde reposar su cabeza. De esa cuenta los capitalistas prefieren tirar sus mercancías al mar o a los tiraderos en este caso antes que bajar sus precios, a través de sacrificar la calidad. Eso nos convierte en sociedades consumistas, despilfarradoras y contaminantes a unas y a otras en guajeras de esas mercancías, las cuales usamos y reusamos. No obstante, el dinero que nunca puede valer lo mismo un día y otro por los siglos de los siglos, va perdiendo su respaldo en oro. Y hablo específicamente del dólar que hoy más que nunca es una descomunal cantidad de papel mojado en la cual se fincan las producciones y los pagos de la gran mayoría de países, empezando con los grandes no digamos los minúsculos como los nuestros. Los órganos financieros especulativos a nivel mundial como el FMI y el BM lo saben muy bien y pretenden a partir de ello, y muy pronto, crear una gran crisis financiera que les permita recoger la liquidez mundial y poder controlar a los enemigos de EEUU con lo cual pretende éste recuperar su hegemonía mundial. Pero eso puede ser ya muy tarde pues sus competidores de envergadura, Rusia y China, han analizado esas intenciones y han acumulado descomunales reservas de oro. Por tanto la única salida que queda al Imperio y sus secuaces es, aparte de provocar la crisis financiera mundial, recurrir a la guerra imperialista más grande que se ha visto después de la SGM donde todos los pueblos nos veremos inmersos de una u otra forma, en una mayor o menor magnitud, en ella y por lo mismo, todos beberemos su cáliz amargo y sangriento.

Por lo expresado, creo que la izquierda, en mi más humilde opinión, debe de dejar de jugar a alcanzar el poder de un gobierno que de todas maneras se verá compelido a aceptar las condiciones del Imperio y prepararse y preparar a las masas para la guerra de clases que se avecina donde la sobrevivencia de la especie humana será la principal presea a alcanzar día a día. Releer y estudiar a profundidad los clásicos es una primera tarea más que urgente.

(*)Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala – Colectivo “La Gotera”

www.albedrio.org.

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