¿Qué quedó de las movilizaciones?

protestas-gt.jpg_1718483346Marcelo Colussi
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Guatemala vivió en estos últimos dos meses una situación inédita: luego de años de desmovilización, de letargo político, más aún: de miedo y parálisis en este campo, se rompió ese largo sueño. La población, más allá de todas las consideraciones que puedan hacerse al respecto, despertó.

No puede decirse en modo tajante que haya habido cambios profundos en la historia de la sociedad guatemalteca. Pero, ¿acaso alguien los esperaba? En todo caso, habría que precisar con exactitud de qué cambios se está hablando.

Si de algún modo se esperaba una transformación radical del estado de cosas… ¡se era un iluso! O un desubicado. Lo que sucedió fue un despertar en las ideas políticas de la población –habrá que ver si mínimo o no, “llamarada de tusa” o no, quizá esperanzador a mediano plazo–. Lo que queda claro es que hubo un panorama nuevo: ¿se había visto alguna vez a jóvenes de la liberal Universidad Marroquín junto a los “revoltosos” de la USAC?

Grafiquémoslo con un ejemplo puntual, muy elocuente: el lunes pasado, cuando la ex vicepresidenta Roxana Baldetti se presentó a declarar a la torre de Tribunales, algunos ciudadanos de a pie, al ver de quién se trataba el personaje en cuestión, comenzaron a increparla al grito de “ladrona” y “corrupta”, pese a su nutrido grupo de guardaespaldas. Eso hubiese sido impensable un par de meses atrás.

¿Qué significa eso? Según cómo lo queramos ver, puede ser algo intrascendente… ¡o algo sumamente significativo!

Es cierto que la situación de exclusión social crónica del país, con más de la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza según los parámetros fijados por Naciones Unidas (2 dólares diarios de ingreso), un 25% de ella analfabeta, con un alto porcentaje de trabajadores que no llega a cobrar el sueldo mínimo y con lacras como el racismo o el machismo patriarcal siempre presentes, no cambió. Para esa visión de las cosas, no importa el funcionario público venal del caso: hay infinidad de Baldettis aún, y como van las cosas, seguramente no se van a terminar. Cambiarán los nombres, las caras, los estilos, pero la corrupción como cuestión endémica sigue firme, enquistada en la historia política. Sólo basta mirar al respecto las campañas electorales, plagadas de hechos corruptos: se superan los techos presupuestarios fijados por las autoridades electorales, se otorgan vales canjeables, se prometen paraísos, se miente descaradamente).

Vistas las cosas así, toda esta movilización social no pasó de una “moda” sabatina de raigambre clasemediera, urbana, muy probablemente manipulada por los algunos medios masivos de comunicación, sin proyecto político en definitiva. Hay quien indicó incluso, como dato significativo, que curiosamente comienzan estas cruzadas anticorrupción al mismo tiempo en los países (Guatemala, Honduras) de los que Estados Unidos está reclamando mayor transparencia para la puesta en marcha de la iniciativa “Alianza para la prosperidad”. Y en Guatemala el embajador de Washington tuvo severos conceptos respecto a la corrupción como el enemigo a vencer. ¿Coincidencia?

En otros términos, podemos estar ante una pura reacción visceral de la población, importante tal vez, pero sin posibilidades reales de transformar.

Eso es cierto, sin dudas. Pero tampoco puede decirse que la gente en la calle, definitivamente indignada, hastiada de tanta basura, no cuenta. Para muchos, el hecho de haberse permitido salir a protestar, marca un cambio en su vida. Luego del miedo de décadas atrás, se vivió ahora un despertar. El ejercicio ciudadano de ir más allá del rutinario (e inservible) voto cada cierto tiempo, mostró que existe un poder popular.

¿Cayó la corrupta ex vicepresidenta por la movilización ciudadana? Sí y no. Seguramente hubo ahí una movida política palaciega (para eso vino el vicepresidente estadounidense), y probablemente se utilizó el descontento ciudadano para amplificar la movida. Pero también la gente abrió algo los ojos.

La cuestión sería: ¿cómo hacer para mantener ese espíritu rebelde e ir más allá de la corrupción? Ojalá quienes lean esto tomen la pregunta como provocación para encontrar las respuestas.

Tomado de Plaza Pública

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