El Gatopardo guatemalteco

SelfieLiderMaldonadoPor Mario Rodríguez

Cambiar todo, para que nada cambie; es una acción política que busca en determinados momentos históricos, generar la apariencia de un cambio profundo en el sistema con el único fin de preservar todo igual. Fue Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en su libro “El Gatopardo” quien recoge esa idea.

En la crisis política que vive el país existen muchos sospechosos de buscar un control de daños que evite un cambio drástico en la gestión política del estado.

La cúpula conservadora del país ha decidido mover sus piezas para neutralizar ciertas demandas que impulsa el movimiento social ciudadano, tomando en cuenta que la presión popular no se detuvo pese a la renuncia de Baldetti, incluso se amplió con un abanico más amplio de exigencias.

Los interesados en volver a la “normalidad” lo más pronto posible, desean preservar el sistema a toda costa. Eso pasa, si fuera necesario, por desplazar a Pérez Molina del poder con la garantía de tener un operador confiable a sus intereses, que de la apariencia de cambio, pero sirva para continuar por la misma senda. La elección de Alejandro Maldonado Aguirre es una jugada clave de esa recomposición política.

Siendo el operador estrella del sector privado en la Corte de Constitucionalidad, viejo liberacionista que beneficio con sus fallos a sectores determinados de poder, ahora lo presentan como un político estabilizador, ideal para conducir una transición cuyo principal objetivo es el evitar un cambio drástico que impida el reacomodo de los espacios de poder dejados por el derrumbe del proyecto político militar – empresarial del patriota.

La apuesta principal de estos sectores es re-conducir al país a través de una deslucida campaña electoral, que la presentan como garantía para preservar la institucionalidad y el respeto al estado de derecho.

Por eso el entusiasmo del partido Líder por arropar a Maldonado Aguirre, sabedor su candidato presidencial, que es uno de los principales afectados por utilizar el mismo esquema corrupto que utilizó Pérez Molina y Baldetti para llegar al poder. Los arribistas de siempre, acostumbrados a pagar para mantener el clientelismo electoral, no se dan cuenta que el país está diciendo basta con ese tipo de cosas.

A pesar de todo, una cosa es segura: el cambio se está gestando. Ojalá que no sea un cambio, para que nada cambie.

Tomado del Blog Reflexiones http://ciidgt.org/boletin/el-gatopardo-guatemalteco/

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