Por la Revolución moral en Guatemala

protestMiguel Ángel Sandoval
Luego de unas tres semanas contadas a partir del 25 de abril, hay datos que nos hablan de movilizaciones espontáneas en varios departamentos. El Quiche, Sololá, Retalhuleu, Quetzaltenango, Antigua y alguno más, han sido testigos del malestar creciente de la ciudadanía luego de conocer el alto nivel de corrupción destapado por la Cicig. En todos los casos con expresiones ciudadanas legitimas que demandan la renuncia de los corruptos. Y ahora hay un momento de satisfacción por la renuncia de la vicepresidenta, pero la gente pide más: pide justicia pronta y cumplida.

Ahora que escribo estas líneas parecería que hay condiciones de intentar una convocatoria nacional para que el 16 de mayo haya movilizaciones en todas las cabeceras departamentales del país para demostrar que el país entero está harto de tanta corrupción, impunidad y descaro de las autoridades y de un importante sector de la clase política así como los jueces y magistrados que en el menos grave de los casos es cómplice.

Una movilización nacional con las mismas razones que la marcha-concentración convocada para el sábado 16 en la ciudad capital, puede ser el factor que termine de definir el rumbo de lo que desde ahora califico como la Revolución Moral en Guatemala. Y ello bien merece la mayor movilización y los mejores esfuerzos de quienes creemos que eso es precisamente lo que está ocurriendo en nuestro castigado país.

Pero esa revolución moral, como denomino desde ya la movilización ciudadana, junto a la condena de la corrupción y otras lacras sociales, demanda también cambios importantes en el funcionamiento de las instituciones de nuestro país. La primera de las grandes reformas tiene que ver con una nueva ley electoral y de partidos políticos. Esto se puede abordar de inmediato por el congreso de la republica con nuestra supervisión.

La segunda reforma indispensable que se puede iniciar ya, es la elaboración de una ley de servicio civil que impida que los empleos del estado sean un botín cada cuatro años con las elecciones presidenciales. Y un tercer momento, es promover la limpia del organismo judicial para evidenciar que jueces y magistrados que han hecho de la justicia una mercancía que se compra de acuerdo a quien tenga más plata, influencias o poder.

Otros temas se pueden abordar con más detenimiento y con las fuerzas sociales acumuladas que no dé lugar a maniobras dilatorias ni manipulaciones como ha sido hasta la fecha.

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