Ocho claves para entender la corrupción

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Por Juan Pablo Muñoz Elías

La corrupción enquistada en la administración pública no es un problema de gobierno, sino de Estado. En ella están involucrados diversos sectores, más allá de los funcionarios públicos. Además, no son estructuras independientes: de diversas formas, las distintas mafias se articulan a través de contactos e intereses que rebasan los colores de los partidos políticos y los períodos presidenciales.

Los hechos

La semana pasada una noticia conmocionó a Guatemala: se habían efectuado unas veinte órdenes de captura, las cuales incluían a funcionarios y ex funcionarios vinculados a la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT). También había otras pendientes, una incluso ligada a la Vicepresidencia de la República. En conferencia de prensa, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) presentó algunos detalles de la investigación que realizaron, a través de la cual determinaron que desde hace diez años existe una estructura criminal dedicada a defraudar millones de quetzales anuales en aduanas.

Las reacciones no se hicieron esperar en torno a estos hechos, dando lugar a la peor crisis institucional del país desde el Caso Rösemberg, comparable quizás con el autogolpe de Estado del ex presidente Serrano Elías en 1993. Pero, ¿cómo entender esta crisis sin empatanarnos en una ciénaga de hechos y datos?

¿Qué entender por coyuntura?

Para el efecto, debemos entender, primero, que una coyuntura es una unidad de análisis, porque conlleva una serie de hechos concatenados causalmente y que son cercanos en el tiempo. De ellos, hay uno que es determinante, que de no haber sucedido no se estaría en el curso que finalmente toman o están tomando los acontecimientos. Otro elemento importante es que una coyuntura puede ser entendida incluso mientras ocurre, siempre y cuando quien la analiza tenga a la mano datos fidedignos y abundantes sobre actores y otros elementos.

El análisis de coyuntura tiene límites cognoscitivos, pues permite explicarnos el qué sucede, pero solo hipotéticamente el por qué. Para el efecto, siempre debe recurrirse a dos tipos de análisis: el histórico o procesual, que nos provee de las herramientas para entender cómo se fue configurando el problema y el estructural, con el cual le damos sentido de totalidad a lo sucedido.

Por lo anterior, como Centro de Políticas Públicas para el Socialismo proponemos ocho claves importantes para incorporar al análisis acerca de esta coyuntura.

Elementos de análisis

1. El crimen organizado es una estructura de personas enquistadas en distintas instituciones políticas y sociales que sin necesidad de conocerse trabajan en concurso para la consecución de fines ilícitos. Requieren de cuerpos ejecutores, cuadros técnicos que supervisan los procesos, personal de seguridad, cabilderos políticos y una estructura que desde el Estado garantiza impunidad. Por tanto, el orden de prioridades es la neutralización de cabecillas y posteriormente de cuadros técnicos que conocen el know how de las operaciones, pero posteriormente debe accederse al resto de la red, incluyendo operadores judiciales, policíacos, etc. Finalmente, se deben implementar medidas de control para que las redes –con una buena proporción de nuevos actores– no se recompongan.

2. Con el tiempo, las redes criminales son mecanismos eficientes de legitimación de capitales. Muchas familias hoy poderosas y cuyas riquezas no se cuestionan, empezaron como bandas criminales, haciendo uso del asesinato, el robo, el despojo, el ultraje, la compraventa de voluntades, la defraudación fiscal, la adquisición fraudulenta de bienes, el quebrantamiento de todo tipo de normas civiles, laborales y administrativas, etc. Por tanto, colectivamente, no debe manejarse la idea de que la corrupción es una cuestión solo de capitales emergentes, pues existen capitales consolidados que están interesados e involucrados fuertemente en el tema; la legitimación social de la riqueza no la hace legal ipso facto.

3. A propósito de lo anterior, debe tomarse en cuenta que a nivel social priva el sentido de que el Estado es un espacio natural de pillaje y que sería absurdo no aprovecharlo. En tanto haya un ethos colectivo que valide las prácticas corruptas (“con que no sean tan descarados es suficiente” o “que roben pero no tanto”), siempre habrá personas dispuestas a prestarse a este juego. De allí que los males no se terminan con la cárcel de los ahora imputados, aunque ello sea un logro.

4. Las formas más operativas y vigorosas de crimen organizado tienen larga data en el perfeccionamiento de sus operaciones. En el caso particular que nos ocupa, se visibilizan miembros de la antigua Red Moreno (década de 1990), la cual a su vez venía al menos de la década de 1970, período durante el cual la camarilla de Arana Osorio asaltó el Estado (como espacio de poder) y dio preponderancia al ala de inteligencia militar, otorgándole poder absoluto incluso entre las filas castrenses. Y debe decirse que ello se hizo con la venia de la oligarquía. Como dicen algunos autores, Arana concibió al Ejército no como un servidor de los ricos, sino como un socio. Y actuó en ese sentido.

5. Las redes criminales, generalmente, son imbricadas; pero dinámicas y flexibles. El personal con que cuentan es imprescindible en cuanto a funciones (siempre se necesita un juez regional aliado), pero estas no tienen nombre y apellido, son fungibles. Así, una red no se desmantela aprisionando personas sino sobre todo conociendo su modus operandi e imposibilitándolas. Lo anterior no garantiza que no se formen nuevas redes, pero sí que ya no operen de la misma forma. Para ello deben asegurarse, como ya se indicó, más controles (y nos referimos no a controles a la población, sino al aparato burocrático).

6. Complejas, como son, las estructuras criminales están en Aduanas… pero también en aeropuertos, en el Igss, hospitales públicos, en los Ministerios, en las Municipalidades y en general en todas las dependencias públicas que tengan las siguientes características: a) manejen presupuesto público; b) administren bienes públicos; c) manejen plazas; d) tengan capacidad de decisión en temas específicos, como autorizar o cancelar licencias, otorgar concesiones y en general autorizar la creación, desarrollar o cerrar de cualquier entidad cuyo fin sea el del lucro.

7. El papel de las Cortes y de la Fiscalía es vital y ello fue la antesala de este caso. Se denunció en 2014 el copamiento del Ministerio Público, de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones por parte de intereses espurios y sin embargo no hubo mayor acción de indignación al respecto; de hecho, la misma Corte de Constitucionalidad selló estos debates. Hablando del tema de controles necesarios, es claro que la independencia judicial es la principal herramienta para garantizarlos. Ahora se podrá ver a quiénes responden los jueces.

8. Aunque la indignación se proyecta hacia los rostros más visibles y hacia los hechos más mediáticos, es inaceptable es que no se exijan cambios fundamentales en las capacidades de control, transparencia y sobre todo publicidad de la administración pública. Ello va dirigido a los partidos políticos, pero también a todas las empresas en el momento específico en que se cruzan con el quehacer público: pago de impuestos, importaciones, exportaciones, respeto a leyes laborales y de policía, etc.

El Partido Patriota ha caído en desgracia en forma estrepitosa. Por lo tanto es más fácil enfocarse en hacerlo leña (lo cual no demerita que no se exija que comparezcan ante la justicia y que se lleven procesos con todas las garantías del caso pero también con plena independencia y objetividad) que en entender que toda coyuntura es una oportunidad para pensar y proponer qué país queremos y cómo debemos construirlo.

http://www.ceppas.org.gt/article/ocho-claves-para-entender-la-corrupcion/

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