¿Dónde está el CACIF en todo este embrollo de la SAT?

Oposicion-CacifPor: Carlos Fernández.

La CICIG ha destapado una cloaca con el tema de la Superintendencia de Administración Tributaria -SAT- y después de todo el ruido que el estallido del escándalo conlleva, empiezan a surgir dudas en cuanto a los vacíos que deja presentar solo la estructura de Gobierno. En ese escándalo de evasión fiscal, así como hubo supuesta actuación de distintos niveles del Ejecutivo, los tuvo que haber del sector empresarial. Es decir, quien dispuesto a pagar la mordida por el ahorro que esto significa. En el caso de la SAT se estima que el ahorro era de un 30%, según lo ya presentado por la CICIG. Un porcentaje que jamás llegó a las arcas del Estado y que nunca se convirtió en gasto social, infraestructura o salarios para el funcionamiento de la cosa publica. Un 30% que no quedó en manos de los corruptos, sino de los que evadieron. Unos cientos de millones de quetzales que se quedaron en bolsillos de particulares.

Uno de los datos que para ningún gobierno ha sido posible publicar, es el listado de evasores. Gobiernos como el de Portillo y Colom en su momento, amenazaron con hacer público los nombres de particulares y empresas. Nunca sucedió. Y más allá de las implicaciones legales que pudiere con llevarles el publicar dicho listado, tal parece que son más bien los pactos no solo de impunidad sino de exenciones. No les bastaba con crear leyes con vacíos para la tributación y que la mayor carga tributaria estuviera sobre las cabezas de asalariados, profesionales independientes, medianas y pequeñas empresas. No. Había toda una red de corrupción que funcionaba para aún “pagando”, fuera menos de lo que correspondía.

Acá lo que hay es un grupo de empresarios que hicieron uso de una estructura de corrupción que les fue cómoda. Así de simple y sin adornos. Estuvieron dispuestos a guardar silencio y no denunciar con tal de tributar menos. Bien haría la CICIG en las “miles de horas de llamadas grabadas que tiene en su poder, el presentar la estructura de empresarios que hacia uso continuo de los servicios del clan delincuencial. Es maravilloso que hayan desnudado la estructura de gobierno, pero va a ser igual de importante que lo hagan con las empresas y personas “corruptoras”.

Guatemala llora sangre y no solo por la violencia diaria, sino por su clase empresarial y política que en todas las esferas es ajena e indolente. Es el momento que la CICIG, que tiene el desamor de Otto Pérez Molina y sus allegados, quienes por cierto la quieren fuera de Guatemala, nos deje destapada la cloaca.

Al final de cuentas, por algún lugar hay que empezar y si en realidad es un ejercicio serio el que han emprendido para el desmantelamiento de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos que operan con total impunidad, es el momento de hacerlo. Guatemala no puede seguir en las manos de una clase política y económica que han sido incapaces de construir patria.

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