Se repite la historia

elecciones-guatemala-2Sofía Bermúdez Sandoval.
Después de ocho gobiernos que se han sido electos, no podemos decir que hayamos notado un cambio en la forma en la que se rige Guatemala. Sí, la historia se repite y nosotros, ¿qué hacemos para cambiarlo? Son ocho gobiernos que han pasado con un engaño que apela a la democracia, con el timo del sufragio “universal” y la voluntad popular. Somos más de 15 millones de personas con la esperanza de un cambio. Pero muy pocos y son muy pocas veces que nos cuestionamos por qué razón el sistema de elecciones no funciona. ¿Es un problema del sistema en su contenido teórico o es un problema de aplicación? La democracia se plantea (en su definición pura) como el “predominio del pueblo en el gobierno político del Estado” y el mecanismo para que el pueblo pueda participar, es por medio de elecciones populares. Hay ciertos conceptos que se pueden asociar con esto y uno de los más importantes es la voluntad general.
Esto nos lleva a una pregunta, ¿qué es la voluntad general? O más allá de la definición, ¿realmente se puede medir la voluntad general para lograr el clamado “bien común”?

Cada persona tiene intereses diferentes y la lucha entre las clases sociales es un claro ejemplo. La posición ideológica, sociológica y económica, entre otros factores, dictan el interés personal del individuo al tomar la decisión. ¿Qué es lo que buscamos cuando vamos a ejercer el voto? La respuesta que da nuestro sistema, tiene casi el mismo mecanismo que tendría el censo más cerrado, en el que la respuesta puede ser A o B. Este es el objetivo y límite del sufragio: sumar las voluntades de 15 millones de personas distintas, en distintas condiciones de vida.

¿Quién puede realmente analizar cómo nos podemos acercar a la utopía del “bien común”?

Hay cuestiones en juego cada vez que ejercemos nuestro derecho… ¿Cumplimos nuestro deber solo con el hecho de votar? No, votar a ojos cerrados no es cumplir con nuestro deber. Pocas veces nos detenemos a analizar un discurso o leer un plan de gobierno y más allá de esto, preguntarnos si las propuestas tienen fundamento. No es cuestión de leerlas, sino preguntar su gestión. A su vez, el análisis nos puede llevar a la problemática más grande y es: cuáles sectores se ven beneficiados. Pocas veces pensamos que cada propuesta tiene un propósito y quién se beneficia de él. Hay ignorancia en nuestro país, que nos lleva a no tener la visión futurista que deberíamos y no ver las consecuencias a largo plazo.

La cuestión central es: ¿es un problema del contenido teórico de nuestra “democracia” o un problema de mecanismo? Anteriormente pudimos apreciar que el mecanismo que tenemos los votantes, hace que nuestra democracia sea tergiversada y no sea un gobierno para toda la población, sino para cada individuo. Podemos analizar la relación entre la población de Guatemala, los votantes inscritos y los votos emitidos en las elecciones 2011. En ellas, solo un 32.4 % (en promedio) de la población participó (según datos de INE y TSE 2011). Esto es, porque el 50.1 % no tiene derecho a votar y casi la mitad de los votantes inscritos se abstienen. Con esto, el término de democracia se ve violentado, pues solo se escucha la voz de una parte de la población.

Para que el sistema funcione debe haber un cambio dentro de la sociedad y dentro del sistema. La sociedad debe cambiar la corriente de solo participar en las elecciones, o muchos, empezar por ejercer su derecho y deber de ir a votar. En este período de campañas políticas, candidatos y la máxima expresión del neopopulismo, analizar qué nos puede llevar a todas las clases a tener una vida mejor y esto no pensar en intereses propios de nuestra élite, sino en abrir puertas, mejorar la educación y los sistemas de salud. Aprovechemos para cuestionar el sistema y valorar por qué cada uno de nosotros tiene o no derecho a votar, porque ¿qué nos hace pensar que una persona de 17 años no tiene criterio para escoger un gobernante? Y, por el contrario ¿qué nos hace pensar que una persona a los 18 sí lo tiene? ¿Por qué se nos otorga esa responsabilidad?

Cuestionar el sistema puede hacer que tomemos mejores decisiones en este año electorero. ¿Con qué corazón iremos a votar estas elecciones? ¿Se repetirá la historia?

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