El país que nos tocó

detPor: María Fernanda Cruz

Hace varios años, siendo aún más pequeña, recuerdo cómo me quejaba de haber nacido en este país. Pensaba (de forma superficial, claro está), cómo habría sido mi vida de haber nacido en un país “mejor”. Admito que en este momento me avergüenza mucho recordarlo.

Aquello que se encontraba en la mente de una pequeña niña, es lamentablemente lo que muchos piensan en la actualidad; es aquello que escuché en boca de algunos amigos hace un par de semanas. Ahora me doy cuenta de lo confundida que estaba, el país que nos tocó sin duda es un país lleno de enormes problemas. Pero al mismo tiempo es un país riquísimo. No será una potencia, jamás jugará un rol importante en las decisiones políticas mundiales. La riqueza a la que me refiero va más de cualquier forma de poder o una fuerte economía. Pero en un mundo como el nuestro, la diversidad y la cultura no bastan, la belleza de la naturaleza no es suficiente…

Varios de nuestros problemas tienen sus raíces en este tipo mentalidad. En cada guatemalteco que se lamenta haber nacido en esta tierra; en cada guatemalteco que se queja de su país y no hace nada por tratar de mejorarlo, en los funcionarios que representan los intereses de un selecto grupo. Nuestro gran problema es tener una idea negativa sobre nuestra tierra, y tener poca o bien, nula voluntad por cambiar su situación.
Lo importante es despertar, quitarnos las vendas que nos cubren los ojos, pero principalmente la mente. Y darnos cuenta de que no vivimos en un paraíso terrenal, ¿pero es que acaso existen los paraísos?

¿Alguna vez te has puesto a pensar en la concepción que tienen las nuevas generaciones acerca de Guatemala? Si yo era, hace una década, de la opinión de que este país pobre y subdesarrollado nunca será capaz de prosperar, ¿qué opinión merece Guatemala de quienes la están conociendo en estos momentos de crisis? ¿Qué opinión merecerá el país de los que nacen en un lugar en el cual nunca tendrán la oportunidad de acceder a una vida digna? Un país en el que quienes menos se interesan por lograr el bien común son nuestros representantes, y los que sí se preocupan por ello, viven en las sombras, incapaces de lograr cambios significativos debido a la indisposición general y a las consecuencias que sus acciones y opiniones podrían acarrearles.

A mis dieciocho años, no quiero imaginar un país que se encuentre destruido por dentro. No logro concebir la idea de una nación en la que no exista sentido alguno de pertenencia… Con lo anteriormente expuesto, lo que deseo conseguir es que de alguna forma, las nuevas generaciones nos demos cuenta de lo importante que es involucrarnos, participar pero sobretodo mostrar interés por el país que nos tocó. Porque sólo quien se interesa y siente pasión y amor verdadero por su tierra, será capaz de ayudarla a salir adelante, reformarla y ponerla en pie, en la dirección correcta.

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