Entre revoluciones y golpes el cambio de época es irrversible

jcvPor Carlos Maldonado* –

Cual es la diferencia entre un golpe de Estado y una Revolución. Pues, un golpe de Estado es para que el grupúsculo que ha sido dueño de un país por mucho tiempo recobre el poder o desplace a otro que se ha hecho de éste con el objetivo de volver a ostentarlo. Ambos pueden pertenecer a la misma clase social o, como ha sucedido mayoritariamente, uno representa a las clases subalternas.
En tanto, la Revolución social es la toma del poder por medios violentos o, cuando las condiciones lo permiten, por medio del voto como sucedió en el Irán de Mosadegh y el Ayatollá Komeini, el Chile de Salvador Allende o la Venezuela de Hugo Chávez para citar algunos, donde un movimiento popular ganó las elecciones y tomó el poder con el objetivo de cumplir un programa que beneficiaran a las mayorías.

En ese aspecto, Hugo Rafael Chávez Frías, probó primero el medio violento a través de un cuartelazo que pretendió derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez y su camarilla para poner a disposición de un nuevo gabinete al convocar a elecciones anticipadas y poder conseguir un respiro para la población que estaba siendo ahogada por la corrupción y el latrocinio de la puesta en marcha de recetas neoliberales que colocaron al país al borde de la guerra civil. Sin embargo, la asonada liderada por Chávez fue derrotada y éste fue a parar a la cárcel. Por factores históricos en la correlación de fuerzas, poco tiempo después fue amnistiado y pudo participar en elecciones respaldado por el Polo Patriótico donde se postuló para presidente, ganando los comicios y llegando al poder que tanto anhelaba para realizar los cambios que había pensado para beneficiar a su pueblo, mayoritariamente pobre.

Fue así que desde ese momento, la derecha recalcitrante a la cual desplazó por medio de los mecanismos del voto, ha jugado al golpe de Estado continuo. Primero en el 2002, secuestrándolo y alejándolo del poder momentáneamente; instaurando a un títere de la oligarquía, Pedro Carmona Stanga en la presidencia, el cual desde la brevedad de su mandato – un día – ordenó la disolución de la Constitución que había promulgado la Asamblea Constituyente convocada por Chávez la cual fue refrendada mayoritariamente. Empero, cuando todo se había consumado, la población no dejó que su presidente fuera secuestrado mucho menos asesinado y junto con mandos medios y bajos del Ejército recuperaron el poder restituyendo al mandatario, al cual no pudo ganarle la oligarquía hasta su muerte. A pesar de ello, su idea y ejemplo que respaldan al nuevo gobierno revolucionario, el de Nicolás Maduro, designado por aquel para que la gente lo eligiera, ha derrotado a los grupúsculos oligarcas que han optado por el golpe de Estado ante su incapacidad de hacerlo por los medios constitucionales.

No obstante, a partir de ello, la llama de la contrarrevolución interna se ha ido extinguiendo y ya son pocos los que realmente son engañados por las mentiras de los golpistas. Ha tenido que entrar al campo su bateador designado, parafraseando al mismo Chávez quien gustaba enormemente de este juego, para enderezar el partido. El mismo gobierno de Estados Unidos a través de su esclavo doméstico, mister Obama, ha tenido que salir al lugar de home cuando el imperialismo y sus adláteres tienen en contra dos out y nadie en base. Una jugada peligrosa que no solo ha evidenciado a los yanquis como los verdaderos instigadores y financistas del golpe continuado contra el gobierno legítimo de Maduro sino ha puesto a la oligarquía en su último intento de retomar el poder. Si pierden, en bloque tendrán que mudarse a Miami la capital del terrorismo internacional y perder todas sus posesiones.

Para las fuerzas revolucionarias, también es un momento crucial, pues si dentro de Venezuela como fuera de ella no logramos conjurar la amenaza latente el continente entero prenderá en llamas. Una guerra de enormes proporciones incendiará la Gran Colombia, como solía llamarse a la región, mientras el todo el hemisferio será sacudido por la intervención armada.

Los gringos lo saben. Si osan cometer esa locura, prenderán automáticamente los fuegos revolucionarios por muchas latitudes, incluso dentro de su propio territorio que es a lo que siempre le han temido. Quizá, en esa visión miope que les proporcionó su Destino Manifiesto plasmada en la Doctrina Monroe, creen que se saldrán con la suya confiados en su poderío armamentista y su fortaleza en el chantaje económico. Lo que denota que nada han aprendido de los reveses de Playa Girón, Bahía Cochinos para ellos; Vietnam, la guerra de Corea y más recientemente, Irak y Afganistán. Incluso Libia donde sus bombarderos golpearon inescrupulosa y frenéticamente a su población, no fueron capaces de controlar para sí su basto territorio que hoy es una región ingobernable.

América Latina, que no desea jamás la guerra, de ahí su acuerdo de denominar a sus diferentes regiones como zonas de paz, ha ido comprendiendo que solo con la integración y la solidaridad sus pueblos podrán salir del largo encierro y esclavitud a que han sido sometidos por siglos de opresión y sufrimiento por parte de las oligarquías nacionales y los imperios, español y más recientemente yanqui. Sin embargo, también, en la experiencia de largas y cruentas luchas, han demostrado que cuando es tiempo de tomar las armas sus hijos han demostrado mucho amor, coraje y arrojo lo cual ha cambiado para siempre el rostro de Nuestra América,

Largos días quedan aún por recorrer. A flujos y reflujos estamos sometidos cada día pero la verdad prevalecerá, la disposición al cambio está muy dentro de los corazones de los pobres y el gigante que por mucho tiempo permaneció dormido ha despertado. La liberación se acerca más rápido de lo que se creía.

En todo ello, esperamos que prevalézcala cordura de gente progresista en el Norte para frenar una escalada que siempre se sabe como empieza pero nunca como terminará.

(*)Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala – Colectivo “La Gotera”

www.albedrio.org.

Te gusto, quieres compartir